Entre dimes y diretes, o montajes te veas.

Él dijo, el otro dijo también, el de más allá contestó y dijo otra cosa que era igual. Al día siguiente otros dijeron más cosas que eran todas iguales.Y así se nos va el tiempo y se ocupan páginas en los periódicos, tiempo de radio y televisión, hypertexto en la Internet de pura palabra hueca. Lo más grave: a la gente se le está acabando la paciencia y tolerancia de que la crean estúpida sin distingo de clase, raza, religión o sexo.

No se eximen de ello ninguno de los dos bandos.
La decencia no entra dentro del vocabulario ni del comportamiento.
Hay muertos que al parecer no se enteraron nunca de que fueron parte de un montaje del gobierno o de la oposición. Torturados cuyas heridas tanto en su cuerpo como en su dignidad fueron producto de maquilladores expertos de cuerpos y almas, miembros clave del equipo del montaje. Videos que fueron “montajes” producidos en vivo y vía satélite y/o microondas. Grabaciones privadas (ajá, ya me van agarrando el ritmo) producto ¿de qué? Pues de un montaje.

Y es que al parecer ya no tenemos políticos en el país sino expertos montadores de espectáculos, tramas, chismes, y triquiñuelas de distinta envergadura y ralea para seguir entrampando al país en el lodo de la falta de dignidad, decencia, honestidad e irrespeto a los demás.

Pareciera que no se tratara de salvar un país de la debacle social y económica a la que se dirige, la cual ya trasciende revoluciones o números de repúblicas que encaramarle encima. El país está arruinándose y punto. La responsabilidad, siento decirlo, es de todos los actores, palabra que cae de perlas a la otra de montaje.

De todos. Todos somos responsables cuando nos empatamos en la histeria y la retrechería y perdemos las perspectivas por arranques emocionales en vez de echarle cabeza al asunto y poner por sobre todas las cosas el sentido de la decencia.

La noticia de los soldados quemados exige la decencia de declarar una investigación exhaustiva y castigar a los culpables sean quienes sean, porque cometieron un delito. Toma apunte gobierno.

La noticia de paramilitares colombianos en el país y su captura exige la decencia de repudiar el hecho y establecer que Venezuela no desea salidas violentas y que repudia el intervencionismo de ciudadanos colombianos en nuestros asuntos internos así el presidente venezolano apoye de hecho o palabra a la guerrilla colombiana. Toma apunte oposición.

Y esa decencia es exigida no de boca para fuera, porque lo que tenemos ya no es un juego de estrategia política sino un circo entre la coordinadora democrática y el gobierno con todos los dimes y diretes acerca de montajes y mentiras.

En el caso de la coordinadora, le hace falta saltar de la fase de coordinación entre las partes a unidad entre todas las partes. Pero qué difícil dejar los egos de lado, los protagonismos. Me pregunto si de verdad hay alguien con verdadera vocación de servicio para el futuro y con la suficiente inteligencia de usar su lenguaje de forma de no insultar rampantemente al presidente y evitarse así darle la excusa para una orden de arresto por terrorista, incitación a la rebelión, etc. ¿Qué utilidad tiene un líder en la cárcel por unos meses o años, a menos que sea un mártir o se ofrezca para hacer el montaje de que en Venezuela se persiguen a los líderes políticos? ¿Ven que fácil es cranearse lo de uno de estos shows?

¿Cómo escoger entre ambos bandos cuando dicen la misma cosa? ¿Qué credibilidad para el ciudadano preocupado por su país ofrecen estos personajes entre gobierno y oposición? ¿Y es que todavía se extrañan de que hayan más ni-ni que otra cosa? Los ni-ni son el tercer axis del escenario político venezolano, son el equilibrio y en donde en realidad se encuentra el poder, no sólo electoral sino el de recuperar al país en el futuro, porque obviamente son más inteligentes y no se creen ni uno solo de los montajes vengan del bando que vengan. Consideran al país su hogar y no una gallera.

No quiero desmerecer los esfuerzos de la coordinadora y los logros alcanzados por ella. Pero la gente está harta de ver a los líderes de partidos y movimientos jugar con la posibilidad del “después de Chavéz me toca a mí”. Líderes que no parecen diferenciarse en nada ideológicamente y los cuales en vez de tener una posición seria, serena e inteligente ante las circunstancias que se van presentando, se les ve engarzándose en discusiones inútiles que los disminuyen.

La muerte de los soldados y demás víctimas de estos dos últimos años no pueden usarse para propaganda o proselitismo. El dolor de la gente es sagrado y sagrado debiera ser el compromiso de esclarecer las cosas y no puede haber en esto distingo de bandos. Asimismo, la integridad de nuestro territorio no puede ser violada, ¿Cómo es eso de que paramilitares colombianos vienen a matarnos al presidente así no nos guste? Y ojo con lo que están pensando porque todo asesinato es un crimen y no repudiarlo nos hace criminales también. En suma dejen de engancharse en el juego del dime y direte del montaje. Porque si es uno de verdad se caerá solo al no haber otra acusación de respuesta sino la solidaridad y el repudio al hecho. La actitud defensiva e histérica despierta dudas.

No a la violencia. Sí, a la salida democrática y civil.
Las dos son a prueba de montajes pero requieren de paciencia, inteligencia y, por encima de todo, escrúpulos dictados por el sentido de decencia humana.

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