Ganó el diablo

No por viejo ni por sabio.

Serán así entonces las cosas. Entraremos en una dictadura completa, y en la pérdida de nuestra identidad para terminar de afiliarnos a un proceso totalmente anacrónico y mal llevado liderado por un personaje al que nunca creí realmente comprometido con la gente ni el país. Tampoco lo creo ahora.

¿Cómo siendo el venezolano rebelde y retrechero ante la coacción de sus libertades y acceso a oportunidades se deja engañar de esta manera? ¿Cómo acepta y refrenda que el presidente insulte a sus compatriotas y a las instituciones del país manejándolas a su conveniencia personal?

¿Será este el principio de un adiós definitivo a lo que se me presenta ahora como una entelequia de país? ¿Será este un final o un principio?

¿Cómo fue que el liderazgo de oposición se haya equivocado de esta manera lanzando a millones de personas a votar para recoger menos cantidad de votos que de firmas para un referendo? ¿Será que erraron en su apreciación y que de verdad para la gente es más importante que le regalen un remedio o una gallina en vez de un futuro? ¿Será cuestión de que le estamos pidiendo demasiado a la miseria, la cual se conforma con la caridad de las misiones? A pesar de todo lo cuestionable en la oposición hay una cosa que creo que no arriesgarían en esta hora y es su credibilidad como aglutinadores de la fe de muchos venezolanos.

Me cuesta creer que no haya habido fraude, pero con la ratificación de los observadores internacionales, se me ha ido la rabia de pensarnos burlados y me queda solo aceptar que la voluntad de la mayoría se impone, o en su defecto, la voluntad del más vivo (me quito el chapó). Y de allí en adelante lo que venga.

O… ¿Será que sí estamos ciegos y que es más fácil pensar que hubo trampa, en vez de aceptar el “reality check” de este proceso electoral?

Entonces sí será amargo tener que convencerme de que pertenezco al país de mi imaginación, a la dimensión desconocida de una nación que creé en mi mente y que nunca fue ni será. A una patria que me duele pero que no tengo ni tuve nunca. Y entonces estaré en la disyuntiva de no saberme de dónde, de no reconocerme en ninguna geografía y de empezar el peor exilio: el de ser extranjera de mí misma.

Y en medio de esa incorporeidad, me quedará solo aspirar a que el presidente gane cierta estatura y ya con este triunfo en sus manos se dedique a hacer un país. A respetar a la gente y a buscar de verdad una reconciliación. Pero al escribir esta nota ya veo el mal comienzo con la muerte de Altamira y sus comentarios. ¿Qué le cuesta aunque sea lamentar la muerte de esa señora y decir que se hará lo posible por encontrar a los culpables?… Como si la cosa no fuera con él. Pero los muertos siempre regresan a cobrarse las deudas, de una u otra forma, más tarde o más temprano. En la vida todo se devuelve.

Este no es el final de la historia sino un episodio más. Quedarán las lecciones aprendidas y les tocará a los líderes administrarlas, dilucidarlas. El reto es mayor ahora. A ver si en vez de coordinarse, la oposición se UNE deslastrándose del pasado y renovándose en la posibilidad del futuro por venir.

Para mí ganó el diablo, la sombra jungueana del país, la rabia, el resentimiento, el retroceso, la falta de conciencia ciudadana y de responsabilidad con la nación y con los otros, la negación… A rezar se ha dicho porque lo que viene es candela.

Publicado en www.elmeollo.net

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