Ranteo del convidado de piedra

Una visita a la prensa digital y se me tuerce el hígado.

No hemos tocado fondo.

En el momento que de verdad lo toquemos se empezarán a enderezar las cosas. No hablo de salir del chavismo o de volver a “como era antes”. Hablo de recuperar la decencia humana, el sentido de civismo, la solidaridad, la honestidad. Hablo de construir sobre esos valores.

A veces pienso que lo mejor es sentarnos a ver como suceden las cosas. Dejar a la revolución sola, que se acomode, que apruebe su ley mordaza, su codigo penal controversial, que colapsen los medios, que colapsen las instituciones, que se institucionalice la norma del “porque lo digo yo y porque sigo siendo el rey” en las decisiones del TSJ, que siga el dólar disparándose para arriba con o sin regulación, que siga el barril de petróleo subiendo y financiando la debacle moral y política del país, para que cuando baje el precio llegue el apocalipsis.

Dejar que pasen las cosas para que se termine de barrer la ética de la viveza y el facilismo, la desmesura de la ambición de poder de los pequeños caciques de cada partido. A ver si surge la ética del servicio, de la conciencia del bien común sobre el personal en el ejercicio político y de la administración pública. Creo que hemos llegado al punto en que no vale la pena salvar nada sino dejar que todo se derrumbe para empezar en tabula rasa. Y para ello no hace falta la oposición, que ya no sabemos si está tratando de salvar nuestra democracia o su parcelita de poder.

Y no. No es eso lo que quiere el chavismo y su revolución. No es la revolución de destruir para inventarse sus nuevas instituciones. A las instituciones meramente les han cambiado los nombres y puesto en papel procedimientos, leyes y reglamentos para su funcionamiento, las cuales irrespetan a la primera oportunidad y lo justifican con el argumento de que la arbitrariedad es consecuensia de que existe una oposición. La revolución de Chávez es la de “ahora me toca a mí” apoyada en una plataforma de acción y discurso populistas. Muchas de los líderes que surgieron con el chavismo no tenían participación política antes. Porque no les interesaba, porque no tenían como obtener un pedacito de protagonismo y oportunidad para satisfacer sus ambiciones de poder personal. Como dice el dicho “dale un carguito y conocerás a Juancito”. Ahí están las “comandantas” apoyando la revolución que le cae a palos a las mujeres.

¿Qué antes era igual en la cuarta? Sí. Totalmente de acuerdo y por eso todos estábamos hartos de ella también. No se veía una salida que no fuera mesiánica, cuando apareció Chávez, y ¡zás! todo el mundo fue a votar como borregos al matadero por el señor. Su gestión ha hecho verdadero el dicho de que todo tiempo pasado fue mejor. La gente está empezando a añorar a la cuarta. No por los gobiernos, sino por la armonía entre la gente, por la solidaridad, por el “ustedceo” que honraba el respeto por el otro.

Los medios. Los mártires y adalides de la oposición. Qué libertad de expresión ni que nada. Libertad de negocio es lo que quieren los grandes medios. En la discusión, la entrada de retruque de la libertad de expresión, es como una ñapa. La discusión de la Ley Mordaza está centrada más en cuestionar los horarios y la producción independiente que en la censura que está implícita en la regulación que realmente perjudicará a los medios pequeños, radios comunitarias, televisoras regionales, productores, escritores y periodistas independientes que apelan a impresos alternativos, libros o medios como internet. Los demás se pondrán su bozal de arepa como lo han hecho siempre.

El fraude. El fraude supuesto o verdadero, ya no se sabe. Hasta el CNE anda confundido con el triunfo chavista. No sabe si inscribir más gente sin domicilio conocido y dejar a los muertos en paz en su lista, porque no tiene idea de si la gente se va a abstener o va a ir a votar. No saben si hacer trampa para ganar o que ganarán gracias a la otra trampa. Y si no la hubo, que ganarán porque la gente cree que si la hubo y que la habrá otra vez y que por eso se abstendrán. Así que si ganan en estas elecciones legalmente de todas formas habrán perdido porque nadie creerá que fue en buena lid. Especialmente si Acosta Carléz gana en Carabobo.

Votar por quién. ¡Ah, that is the question! Parece que no le va a quedar a la gente nadie por quien votar porque todo el mundo está renunciando y encima se nos quitó la opción de expresarnos con un voto nulo escribiendo en la boleta: estamos arrechos porque Cristo no vino.

La pelea con la sombra. Así como los boxeadores que pelean con la sombra, está el gobierno. Peleando solo. No tiene contrincante. Ya no lo tiene. Dedique sus energías, comandante, a hacer gobierno. Olvídese de los tristes trasnochados del decreto que en medio del madrugón y su renuncia anunciada por el trisoleado fueron incautos a firmar. ¿Son de verdad amenaza? ¿No ve que a la sartén ya le salió el mango y que lo tiene en su mano? Mande, haga misiones, viaje, predique, goce un mundo mientras le dure porque no es la oposición la que lo va a tumbar. Ni ningunas elecciones. Será la otra revolución, la que está en gérmen. La que se está gestando dentro de los que estamos asistiendo como convidados de piedra al proceso.

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