Se ven las aguadas que azotan la costa venezolana y no se sabe si sentir rabia o impotencia.
El que algo así haya vuelto a suceder no tiene que ver con que no se esperara que volvieran a haber lluvias fuertes, sino con la absoluta falta de consideración y preocupación por la vida de la gente de Vargas y con la atención centrada por parte del gobierno y la sociedad civil en el divisionismo y la diátriba política.
Todos los días no sólo leemos de reportes sobre los cambios climáticos en el mundo sino que han habido multitud de inundaciones y otros fenómenos atmosféricos de importancia durante los últimos años que demuestran que los patrones de clima están cambiando y en consecuencia deberá cambiar el paisaje y la manera en la que el hombre se relaciona con él.
En ese sentido, no son descabelladas las declaraciones del presidente diciendo que habrá que mover a la gente a otros sitios del país, porque aunque se embaulen quebradas y se reconstruyan casas en sitios más seguros, es bastante probable que se vuelva a repetir el fenómeno en la costa. Que no se hayan tomado mejores previsiones es sencillamente un escándalo y habría que revisar como se usaron esos dineros de la reconstrucción. Que la gente esté sufriendo por negligencia, sería una indignidad, y que la gente de Vargas haya votado de nuevo por el señor, un enigma para mí.
No se puede culpar también solamente a las naciones desarrolladas por el recalentamiento del planeta tal y como declara el presidente… ¿Cuál es entonces la porción de responsabilidad que le toca a las naciones petroleras por producir combustible que genera residuos tóxicos que afectan directamente a la atmósfera en su detrimento? En ese sentido, la orimulsión fue un avance importantísimo de la tecnología nacional porque no genera residuos contaminantes hasta donde tengo entendido. Es amigable ecológicamente. Y sin embargo, bajo criterios argüibles se le quiso/quiere eliminar como producto de exportación nacional. Como país avanzado en producir insumos y productos energéticos tendríamos que destinar recursos al desarrollo de alternativas energéticas preparándonos para un futuro de escasez o de sustitución del petróleo. Pero el inmediatismo prela sobre todo. Y ya no se sabe si es cuestión de ignorancia, ineficiencia, negligencia, o idiosincracia. La incapacidad de tener visión más allá de nuestra propia aldea, circunstancia y tiempo presentes es una paradoja en esta era de globalizaciones y avances tecnológicos.
Lo de Vargas es epítome de lo bueno y malo que somos como país. En contraste con la ineficiencia en la reconstrucción y falta de previsión gubernamentales, la gente común se aboca a colaborar como pueda con sus semejantes sean «chavistas» o «escuálidos» atrapados en la costa por los ríos de lodo y la lluvia pertinaz. [Y me digo hasta cuándo va a seguir la estupidez de llamarnos entre nosotros con los nombrecitos de pacotilla, en horas como esta se evidencia no sólo lo altisonante sino lo completamente fuera de lugar que ha sido desde siempre]
La responsabilidad para con el país y su gente es de todos, por supuesto, pero ese es sólo el detalle que refleja la responsabilidad hacia este planeta que compartimos.
Ojalá que no se repita esta situación en el futuro y que las palabras de desplazamiento de la población no se queden en el olvido como tantas otras promesas. Que no se use esta nueva tragedia que afortunadamente no ha causado víctimas fatales a considerar, para más proselitismo y politiquería, sino que efectivamente se demuestre un interés genuino en el bienestar de la gente.
