Mes: septiembre 2005

Divagación de la memoria y el fuego

Estos días he estado renuente a escribir en el blog. Una renuencia que me viene de las vísceras más que de cualquier razón. Ha sido una sensación física. Anécdotas, temas y comentarios no me faltan. Realmente creo que no hay día que pase que no redacte algo mentalmente en las mañanas o en mitad de la noche cuando me asaltan esas ganas lunáticas de empezar un insomnio, de alentarlo con toda clase de divagaciones, sentimientos que permito aflorar o simplemente reflexiones… saben, de esas facilitas en las que uno se mete con frecuencia, con las típicas preguntas como punto de partida: «quién soy», «adónde voy», «qué he hecho» y «qué quiero hacer», las cuales desde que tengo uso de razón no he cesado de realizar y que indefectiblemente me hacen desembocar por supuesto en noches en vela o alumbrones a las 3 o 4 de la mañana… me despierto y nada que agarro sueño de nuevo mientras veo paulatinamente ir clareando la noche en día. A veces pienso que quizás la edad me está haciendo dormir menos pero no quiero pensar que estoy tan vieja… o quizás el cuerpo se está rebelando ante la falta de tiempo para hacer más cosas… quián sabe… Lo que si sé es que estos días no me he querido sentar a escribir aunque con solo leer la prensa hubiera podido inundar de posts este blog. Pero ante una tragedia natural qué más lamentos y simpatía se pueden agregar o cuánta más crítica hacer a la incompetencia o cuánto más se pueden resaltar las bajezas de la política como si fuera algo nuevo o inesperado. Y desde este país tan pobre y orgulloso, que exhibe una mezcla de culturas y religiones, tan fascinantes como ajenas, el planeta más que nunca se me antoja olvidado de Dios y de los mismos hombres. Un olvido que es absoluto, porque Dios es la creación del hombre y si él olvida entonces es que ya ni siquiera el ser humano se acuerda de sí mismo… No puede haber mayor soledad que el olvido total. La soledad mayor de no saberse porque no hay ni uno ni otro en quién reconocerse. Una soledad que no es ni siquiera sola porque ya no es nada… Y en medio de toda esta divagación más deprimente que otra cosa, leo que una bebé sietemesina se perdió en la Maternidad Concepción Palacios y que la madre es una niña de catorce años, a quién no sé ya si es adecuado llamarla niña. Una adolescente que alumbró una bebita para horas luego recibir la noticia de que su bebé varón murió. Una mujer que en medio de esa angustia encuentra la fortaleza que solo da la maternidad para ir al ministerio público y reclamar la desaparición de su hija y denunciar quien sabe qué cruel malentendido o crimen ha sucedido en este hospital que debiera ser un santuario de milagros, del milagro del nacimiento de un nuevo ser humano a este mundo que se empeña en tratar de ser recordado. Esto es un titular de prensa más importante que cualquier otro. El titular sobre esta bebé tan inadecuado porque un sietemesino no puede desaparecer, puede haber sido presuntamente cambiado o robado pero ¿desaparecer? es casi un acto sobrenatural ante lo natural y extremadamente admirable de la fuerza moral de esta muchacha que fue al ministerio público a poner su denuncia movida por su recién adquirido instinto materno, y aunque la noticia es terrible, me dice que quizás Dios ha sido al que hemos olvidado porque en realidad no es nada útil. Que sólo contamos con nuestro propio fuego interior, que no hay barrera contra el deseo y la voluntad sino la que no depende de nosotros, con la que no podemos… los desastres, una marejada, una ventolera titánicas. Y a ese fuego interior habría que saber pedirle la consideración de no permitirse el olvido refulgiendo sobre la memoria de tantos para que les ilumine la vía y así una madre de catorce años pueda recibir la sonrisa de su bebita. Tenemos que recordar que somos gente, y que no importa si son una persona o miles las que padecen, lo que es importante recordar es que en cada ser que sufre hay una tragedia que no es más ni menos que otra… De repente ví esta historia y no pude sino pensar en la angustia de mamá antes de tiempo, en nuestros fiscales, en el hospital y en todas las miserias humanas que esta niña va a enfrentar y quise decir estas cosas, que se nos pierden de vista y que son el meollo y raíz de nuestros problemas. A veces las decimos y nos drenamos y a veces se deja ver ¿un resquicio para la esperanza?

Evanescencia

Se confunden los mejores sentidos y atravieso el umbral hacia donde las cosas vividas pasan de ser hechos concretos a ser memorias. De repente empiezan a confundirse los juicios, el optimismo, el sentido de pertenencia… ¿Qué es lo que leo? ¿Es eso la realidad?…

De repente la experiencia en Caracas empieza a convertirse en una evanescencia y no me deja de llamar la atención que este sentimiento surge oyendo Evanescence mientras leo las noticias tan desalentadoras… y me pregunto cuál es la diferencia entre desvanecer y evanescer. Porque evanescer me remite a otras cosas tales como aromas percibidos, los cuales algunas veces se quedan aferrados a nuestra nariz en contra de nuestra voluntad, aunque la fuente de los mismos ya no esté presente.

… Y pues la diferencia entre ambas palabras es ninguna. Según el RAE evanescer es desvanecer y desvanecer es:

desvanecer.
  (Del lat. evanescere).
  1. tr. Disgregar o difundir las partículas de un cuerpo en otro. U. por lo común para referirse a un color que se atenúa gradualmente. U. t. c. prnl. El humo se desvanece en el aire.
  2. tr. Deshacer, anular. Desvanecer la duda, la sospecha, el intento. U. t. c. prnl.
  3. tr. Quitar de la mente una idea, un recuerdo, etc.
  4. tr. desus. Inducir a presunción y vanidad. Era u. m. c. prnl.
  5. prnl. Dicho de una cosa: Evaporarse, exhalarse, perderse su parte espiritosa. Desvanecerse el vino.
  6. prnl. Perder el sentido. U. t. c. tr.

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Entonces mis memorias
se disgregan en partículas que de mí van a otra parte,
se atenúan gradualmente,
se anulan
o deshacen,
se van de la mente,
se evaporan,
exhalan
o pierden
(si no su espiritosidad)
¿quizás su espíritu?

por último
pierden el sentido
porque la inducción
a la vanidad
o la presunción
están en desuso.

No podemos ni siquiera presumir ya
de nuestras memorias y recuerdos…

Los recuerdos se evanescen en la memoria… como frase me suena más trascendente y menos destructivo y deprimente el hecho a que se desvanezcan, disgreguen o anulen… Un recuerdo evanescido está para mí como disuelto, integrado, como un aroma o una bruma colgando de algún resquicio olvidado de nuestro cerebro pero no desaparecido… jamás perdido.

Divagaciones en el hiato de un post

A veces no sé si escribir de todas estas cosas políticas tiene sentido. La historia marcha sola sin hacer caso de nuestras pequeñas vidas. Gente sigue muriendo alrededor del mundo y tratar de convertir este planeta en algo mejor y más vivible pareciera una campaña titánica. Huracanes devastan ciudades enteras, el calentamiento global elimina especies y causa hambrunas en el mundo y aún hay que convencer a un hombre, uno sólo de poder efímero, de que firmar un tratado para mejorar la temperatura del mundo es un paso fundamental para garantizar el futuro de la humanidad. Un huracán que obligará a restringir el uso energético por un buen tiempo, porque ese huracán inutilizó plantas, refinerías y puertos petroleros. A causar menos calor obligados. Como dirían algunos amigos del norte: isn’t that ironic or what? Pero no es irónico, es dramático y estúpido. Soberanamente estúpido.

Entretanto en nuestro país un presidente cuestiona al otro porque se iba de vacaciones a la puerta de un huracán cuando él mismo estaba en La Orchila celebrando la noche del deslave del 14 de diciembre de 1999 y habiendo sido advertido previamente de una posible catástrofe por Defensa Civil… Isn’t that ironic or what? No. Es dramático, es estúpido.

¿Tendrán razón quienes se aislan y concentran en sus propias vidas tratando de gozar cada minuto lo más que se pueda? No sabemos si el apocalipsis será mañana. Si un huracán, una ola o una tormenta nos borrarán de la faz de este planeta.

Yo ciertamente no sé hacer sino escribir las cosas que pienso y tratar de ser lo mejor posible en lo que hago y me tienta poder aislarme y parar el mundo y hacer que sólo gire dentro de mi habitación. O dicho de otra forma, que esta habitación sea mi único mundo y que el de los demás se las arregle como sea.

No sé que pasará con mi vida ni mañana ni la semana que viene o en dos meses o un año, y mi nivel de deseos de aventura no se apresta a la falta de planes para el futuro.

Es aterrador. No tener planes y que el planeta esté tibio son como umbrales al suicidio. Una puerta a un abismo negro. Una puerta a un cuarto cerrado sin ventanas y completamente blanco. Ambos sin vuelta atrás. Ambos finales abruptos. Quizás necesito algo a qué prenderle una vela que requiera de espíritu y no de concreción. Una flamita ofrecida al mundo pequeña y frágil sujeta a la brisa involuntaria del aliento. Algo más que optimismo natural y automático. ¿Una buena vibra dirigida?

Quisiera estar fuera de órbita unos días. Me requiero a mí misma. Pero ya hay varios post en la lista de espera, y no hay día al que no lo siga una noche. Por lo que los paréntesis y los corchetes de esta vida que quiere ser propia deberán esperar un ratico o por un golpe de estado íntimo y personalizado.

Estoy en rebelión hoy para mí.
Lo siento. También por hoy, sin comentarios…