Estos dos últimos días han sido dramáticos para Bangladesh. Este mes se tendría que establecer un gobierno temporal mientras se organizan las elecciones y se debería elegir un «caretaker» o «cuidador» de este gobierno neutral que supuestamente garantizaría la transición después de las mismas.
No se ponen de acuerdo ni la primer ministro ni la líder del partido de oposición y a consecuencia, se están enfrentando de a miles en las calles con el resultado de igual número de heridos y unas decenas de muertos. Causadas entre ellos más que todo, no por la policía.
Es un epílogo terrible para el cierre del Ramadán y la celebración del Eid que equivale para los musulmanes en términos espirituales y festivos a nuestra navidad. Es quizás el período más importante del año.
Ayer Dhaka estaba desierta. Los mercados con escasez de productos, la gente encerrada en sus casas o en sus pueblos del interior. Se calcula que cinco millones de personas se fueron de la ciudad en estos días, y sin embargo quedaron suficientes cabezas calientes, carnes de cañon, que se están matando porque dos señoras no se ponen de acuerdo.
Pero la violencia no es una inusual forma de expresión en Bangladesh en lo que se refiere a política. Todos los días hay algún caso de atentado, desde niples, a disparos o cuchilladas y palazos a líderes locales de pueblos y vecindarios por la polarización que respira este país y tomando en cuenta la situación de pobreza que vive la mayoría y la corrupción rampante, en cualquier momento puede suceder una explosión social apocalíptica.
Por supuesto la naturaleza no se entera de los exabruptos de los hombres entre ellos, e incluso en tiempos tan agitados, si uno mira al cielo, puede encontrarse con atardeceres tan hermosos que hacen olvidar, aunque sea por un instante, cualquier tragedia.




