Mi amiga Sonia

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No tengo fotos contigo. Y es difícil describir esta amistad cuando ni andábamos amorochadas ni te visitaba a cada rato. Pero cómo conversábamos cuando nos veíamos. Cómo compartíamos el gusto por lo bello y lo refinado intelectualmente. De nuestras últimas conversaciones me puse a comprar las traducciones de Montaigne que me recomendaste, a reproponerme la lectura del Bhagavad Guita, me dolió un poquito que me criticaras la rendición italiana de Hvorostovsky pero te pareció hermoso de todas maneras y me concilié. Lloramos juntas más de una vez hablando de tu enfermedad, la última vez el jueves pasado. Tú me decías que llorabas por no poderte morir cuando querías, por el hartazgo de la traición de tu cuerpo, por el dolor y yo, porque sufrías y porque soy egoísta y me dolía que no te vería más el día que te fueras. Y hoy lloro por eso. No he parado de llorar desde que recibí la noticia ayer en la mañana. Lloramos juntas luego de la presentación de la web de Estilo, cuando llamaste en lágrimas para dar las gracias por ese resplandor de vida, me dijiste, que te dimos y yo sólo pienso que por ese instante valió la pena todo ese esfuerzo. Recordamos nuestra juventud, nuestra fuerza, nuestros anhelos, afincados todos en nuestro trabajo y creencias.

Veo tus fotos y en una estás con una pereza, y me digo que no sabré tu versión de la historia y la tristeza hinca más su diente. Caigo en cuenta que tu historia para mí son sólo los momentos que tuvimos juntas, los que conversamos y compartimos. Y lo escrito, tus Textos Fríos, nuestra correspondencia a través de los años, los mensajes. Así que esa historia tuya es una historia mía.

Seré siempre tu amiga de Bangladesh, tal y como me presentabas, y tu serás siempre mi amiga Sonia, tal y como siempre me refería a ti. Decir mi amiga a una de las mujeres más inteligentes que he conocido, que siempre me asombró por sus juicios fuera de cualquier predicción y estereotipo. Mi amiga aguda, de humor cáustico pero encantador, de risa franca. Amiga que decía todo y al mismo tiempo sabía que no tenía la menor importancia frente al universo. Así eres para mí. Así serás siempre.

Apenas el martes aún intercambiamos mensajes.
Quedaron muchas conversaciones pendientes y las seguiré teniendo contigo Sonia, asombrándome por tus opiniones descolocadoras y por generarme otras visiones. Seguiré hablándote, seguiremos hablando, querida Sonia, mi amiga Sonia.
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Mi abrazo a Duccio Alfredo D’Ambrosio, Arianna D’Ambrosio Casanova, Diego Alcalde Casanova, Maria Angélica Casanova, Federico Casanova, a su madre y todos sus amigos.

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