Mes: noviembre 2004

Otros premios

Tenía guardado este post para escribir sobre el Premio Octavio Paz a Eugenio Montejo, pero leí este comentario de mamón digital* en referencia al mismo que me pareció pertinente así que no lo voy a hacer. Sin embargo, agregaré que siempre es una buena noticia leer de los reconocimientos y logros que nuestros deportistas, escritores y artistas plásticos reciben dentro y fuera de Venezuela. Me alegró en especial el de Carlos Cruz Diez y su título de Comendador de la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

Los deportistas y artistas venezolanos parecieran pertenecer a la dimensión desconocida de nuestro país. Son ejemplo de voluntades constructivas, creadoras y positivas. Voluntades que no sólo están construyendo un legado para el país sino que se constituyen en sí mismas en ejemplos de lo que es posible lograr individualmente e impactar de forma positiva, con la obra o la hazaña a un colectivo desesperanzado y perdido en la maraña de sociedad en la que vivimos.

Siempre le paramos m’as a las malas noticias de la política nostra, las cuales no tienden a ser constructivas y nos dejamos abrumar con ellas en vez de exaltarnos con las buenas que recibimos.

He aquí un poema de Montejo que nos habla de leer ese mundo que esta allí en toda su belleza contradictoria y que a veces se nos escapa en su interpretación y traducción.

El mundo está afuera para contemplarlo y vivirlo con sensualidad.
Y nos lo perdemos por empeñarnos en seguir los senderos de lo negativo, la autocompasión y detenernos en la superficie traicionera de la rutina.

~/~
Alfabeto del Mundo – Eugenio Montejo

En vano me demoro deletreando
el alfabeto del mundo.
Leo en las piedras un oscuro sollozo,
ecos ahogados en torres y edificios,
indago la tierra por el tacto
llena de ríos, paisajes y colores,
pero al copiarlos siempre me equivoco.
Necesito escribir ciñéndome a una raya
sobre el hilo del horizonte.
Dibujar el milagro de esos días
que flotan envueltos en la luz
y se desprenden en cantos de pájaros.
Cuando en la calle los hombres que deambulan
de su rencor a su fatiga, cavilando,
se me revelan más que nunca inocentes.
Cuando el tahúr, el pícaro, la adúltera,
los mártires del oro o del amor
son sólo signos que no he leído bien,
que aún no logro anotar en mi cuaderno.
Cuánto quisiera, al menos un instante
que esta plana febril de poesía
grabe en su transparencia cada letra:
la o del ladrón, la t del santo
el gótico diptongo del cuerpo y su deseo,
con la misma escritura del mar en las arenas,
la misma cósmica piedad
que la vida despliega ante mis ojos.

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*Desgraciadamente ya el vínculo no existe, ni siquiera lo pude localizar en web archive.

Peor es Nada y Mejor es Algo

Felicitaciones p�blicas y notorias a Miguel por haber ganado lomejorde.com en la categor�a blogs!!! Su blog es http://peoresnada.blogspot.com
Conocemos a Miguel desde hace a�os.
Trabaj� con Lino en Cablevisi�n y a partir de all� constu�mos una amistad que ha aguantado cambios de trabajos, gobiernos y situaciones geogr�ficas.
Compartimos luego proyectos de edici�n cuando ten�a su oficina de dise�o y producci�n gr�fica y luego las angustias de mudarnos fuera de los l�mites del pa�s.
Y como la vocaci�n comunicadora no la pudo aguantar puso su blog.
Bueno Miguel ah� tienes, mejor es algo.

Igual quiero felicitar a los dem�s porque como dec�a en los comentarios de veneblogs, para como est�n las cosas en el mundo tener esp�ritu para acometer proyectos es ya suficiente premio de la vida. Aunque suene cursi es as�. Y aunque esta vez no le lleg� a veneblogs, le llegar� en el futuro, lo importante es seguir y que la comunidad de blogueros aumente!!!
Salud!

Cuando muera quiero ser un diamante

Hace años decidí que cuando muera quiero que me cremen, por razones prácticas y hasta cierto punto existenciales.

Las prácticas obedecen a que me parece absurdo gastar dinero en tener tumbas y someter a los deudos de uno a que las mantengan. Deudos quienes nos recordarán con cariño hasta el nivel de nietos. Después de eso formaremos parte de la memoria familiar, y sólo si llegamos a merecerlo, es decir, si de alguna manera creamos una mitología de nosotros mismos que valga la pena recordar en el futuro. Hagan la prueba y traten de traer a la memoria algún cuento de sus bisabuelos o tatarabuelos a ver cuántos pueden recabar. Ni se hable de tíos abuelos o primos abuelos, etc. Además traten de recordar dónde se encuentran enterrados y con cuanta frecuencia los visitan. Si tienen éxito en obtener recuerdos e información, los felicito. Sin embargo, me atrevo a afirmar que la mayoría no tendrá éxito en esa prueba, fundamentalmente por lo diverso de nuestros orígenes y la extensión de nuestras familias.

Me salí del punto de señalar la impracticidad de una tumba lo cual, en suma, se refiere a dinero, obligación y duración en el tiempo en el recuerdo de nuestras familias y amigos.

Las razones existenciales.
Para mí el cuerpo es una cascarita. Cuando he visitado la tumba de mis familiares nunca he sentido que los he visitado a ellos. Me siento absurda enfrente de una cruz de piedra o una placa en la grama tratando de orar o hablar con ellos cuando la conexión siempre la tengo donde esté … a excepción justamente de sus tumbas. Por supuesto esto es una experiencia muy personal que tiene que ver con mis propias creencias.

Para mí la cascarita debería integrarse de nuevo a la tierra siguiendo el ciclo que la naturaleza dicta, en vez de estar aislada en una caja que se lo impide.

La vanidad también juega un rol en mi adversión a los ataúdes y ser enterrada: la idea de que me pongan algodón en los orificios y me inyecten formol para verme bien en el funeral ¡sencillamente, me crispa! Por lo que aparte de que me cremen lo más rápido posible, no deseo que me muestren tampoco. Más si estoy vieja y chuchumeca.

Pero luego de haber decidido esto hace tiempo, siempre he visitado las opciones de qué hacer con las cenizas y no me he decidido… Echarlas al mar, de repente en Mochima o Los Roques; o en el río Cinaruco donde he pasado tantos buenos ratos, o en el llano o en la cima del Santo Ángel o sembrarlas en la tierra con semillas y parir un árbol, o si sigo en el extranjero que las echen en la costa de Zanzíbar, uno de mis sitios favoritos en el mundo, pero este último puede ser un costoso capricho post-mortem dependiendo de donde me muera.

Ayer me vino todo esto a la mente de nuevo cuando leí en un artículo hace años la explicación de que con ocho onzas de nuestras cenizas y el carbono contenido en ellas se pueden crear diamantes sintéticos. Y esto me pareció genial. Una vez muerta y estropeada ser condensada en algo bello y casi eterno como lo es un diamante. Algo que se puede lucir y en caso de emergencia vender. Así que hasta en la posteridad se pudiera ser útil. Y en vez de ser un gasto, uno se convierte en una inversión. Pudiera parecer insensible o hasta macabro, pero si lo piensan bien es práctico.

Se imaginan por ejemplo si enviudan cargar al marido en el cuello guindando (así te quería ver, pajarito) en tremenda piedra de 1/2 o 1 carat montada en un pendiente de oro o platino. O en el caso viceversa, nosotras en un hermoso alfiler de corbata o anillo para nuestros maridos o hijos. Posiblemente a los precios de hoy cueste casi lo mismo hacer esto que tener una tumba con la ventaja de que se puede lucir y, como ya dije, en caso de emergencia,vender. No hay que hacer mantenimiento ni ir a ninguna parte porque estamos siempre allí brillando en un joyero o en alguno de nuestros seres queridos y eventualmente en descendientes que no conocimos.

Todavía no estoy cien por ciento segura pero creo que cuando me muera quiero ser un diamante. ¿Pero qué hacer con el resto de mis cenizas si solo usamos ocho onzas (pensando en el diamante más chico)? Otra idea que me gusta: mezclar las cenizas con concreto en un bloque y echarlo al mar para promover la formación de corales y micro-ecosistemas marinos. Así evitaría las dos cosas que más me aterran de la muerte, el olvido y no volver a la naturaleza. Porque cómo olvidarse que el diamante ese, es abuelita y que en alguna parte en Morrocoy hay un pequeño arrecife gracias a ella. Eso me da nota. Claro que si me muriera todavía joven, no quisiera estar en el anillo de la futura nueva esposa de mi viudo, o que ella por «accidente» me perdiera o líbreme Dios terminar en el bolsillo de un choro luego de un secuestro express. Pero esas son contingencias que quizás se puedan solventar con un testamento.

Para los que encuentren esto serio y les interese, o les parezca broma y les divierte aquí esté el enlace de la compañía de los diamantes en Estados Unidos con toda la información y acá otra en España. También he leído sobre cenizas en el espacio lanzadas en cohetes o dispersadas con fuegos artificiales en el aire, pero esos métodos para disponer de las cenizas no me cautivaron tanto.

Aunque no me molestaría que enterraran mis cenizas en la Luna… Mmmm.

Ranteo de medianoche

Hay algo que es común a todos los que escribimos por afición, vocación o compulsión. La necesidad de expresarnos. Y a todos los que blogueamos, además, la de entablar comunicación y establecer una de esas conexiones azarosas e inesperadas que nos hacen reconciliarnos con el mundo.

Escribir es un acto íntimo. Y lo es más que el de la conversación. No gozamos de nuestra expresión corporal para apoyarnos por lo que debemos ser más precisos y en mi opinión dejamos ver mucho más de nosotros. De alguna forma ponemos nuestra vulnerabilidad al descubierto y de otra, ello nos hace sólidos. No sé si me explico… pero creo que me entienden.

Escribir también es un acto de liberación. A las aprensiones, a los prejuicios que nos hace limitarnos como seres sensibles y ávidos de contacto. A superar la paradoja del hombre, de ser un animal gregario pero que padece de soledad inmanente, existencial.

En estos días he tenido la epifanía de que en realidad todos estamos conectados, pero que no sabemos ver los finos hilos que nos unen. Hemos como especie, desaprendido a ver la conexión entre nosotros. ¿O quizás nunca lo supimos y estamos aprendiendo apenas? …No sé.

Es posible que nunca superemos la soledad existencial, pero por lo menos podemos asumirla y vivirla acompañados. Unos con más éxito que otros y … en eso estamos.