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Amanecida de 52

El tiempo no se detiene. Una es la detenida en un cuerpo que no perdona, que nos traiciona cada día un poquito más. El espíritu lo es todo y se le cuida. Mucho recorrido y por recorrer aún más, muchísimo más.

Allá iremos, si Dios quiere (espero que quiera, yo sin duda quiero), y el destino lo permite (a seguir trabajando ese destino). Este año, por lo menos un nuevo libro. Lo demás es ñapa dentro de todos los planes.

Bendecida y agradecida por el esposo que tengo, mi mamá, mis hermanas bellas, mis sobrinos maravillosos. Mis amigas hermanas y compañeras, mis amigos de alma. Todos son mi familia, soporte de mis días. No entiendo mi vida sin mi familia.

#52noesnada
#allávamos
#palanteespallá

Ps: Y hoy para más cosa, tembló en Caracas. Me desperté con el temblor y pensé que eran ideas mías. Acabo de confirmarlo por twitter. #manerasdeamanecerdecumpleaños

47 años más un día

Amanecer en Caracas 28/04/2013

Amanecer en Caracas 28/04/2013

Cumplo años los 27 de abril.

27 es un número raro. Compuesto por dos números primos, no sé de quién. No se puede dividir en una mitad sin decimales lo que le agrega incomodidad.

Ayer cumplí 47 que es otro número inadecuado. Tan inadecuado que pasé todos mis 46 pensando que cumpliría 47 mientras restaba día a día. Y ahora que los alcanzo siento el alivio de la llegada a la meta, pero no como el piloto que gana la carrera sino como el montañista que finalmente hace cumbre y llega resoplando a la misma. Pero la vista es satisfactoria y un día después, a pocas horas de ese 47 aniversario, he atestiguado un amanecer impresionista, bienvenido por unas cuantas guacharacas, el frescor típico de la mañana caraqueña y no pude menos que sentir que todo en ese preciso instante estaba bien.

Atesoraré esa sensación hasta que el ensueño pierda lo que tiene de inconsciencia y la realidad me dispare de nuevo.

44 – doble de dos dobles

Ayer cumplí 44 años. Es un número de cumpleaños raro. Dos cuatros. Doble número de dos dobles.

Todavía no sé como me siento con esta edad pero sí sé que este año pasado emprendí otras búsquedas que aún andan en progreso. Unas se me han dado mejor que otras, como participar en talleres literarios y empezar a construir los libros que he tenido disgregados entre cuadernos, hojas sueltas y el blog. He conocido y hecho amistad con gente sensible e inteligente que a pesar de las circunstancias del país, no se siente atrapada y contribuye con su trabajo creador a mover energías mejores para todos.

Creo que cuando uno se sumerge en actividades de creación y se rodea de gente que anda en lo mismo, ya uno está contribuyendo a mejorar el entorno inmediato, el país. No sé si pensar esto es muy ingenuo de mi parte, ya que a pesar de todo hay una sombra que sin duda nos acecha que pudiera ser nefasta, pero no dejo de creer que los buenos cambios afuera vienen de adentro de cada quien.

Hay que mantener el espíritu en alto.

Esta será mi premisa para este año hasta el próximo abril del 2011.

Más transiciones. Tal y como escribí para Mi número 43, aunque sí viajé a España, Dinamarca y Lituania, además de diferentes partes del país, el de los 43 fue un año de transiciones, mudé mi interior de estar fuera a estar aquí, a quedarme aquí.

43 parece ser un número sólido y sin ambiciones de movilidad. Sin ánimos de tránsitos pero sí de transiciones. Eso quizás es lo que es 43, transiciones. Algo así como moverse pero plantado en el mismo sitio.

Efectivamente, aunque me moví quedé en el mismo sitio, estoy moviéndome desde acá. Me he movido por dentro, he mudado de ambiciones, reforzado unas y desechado otras.

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he retornado
a mis confines
la espera
decantó un desenlace

aquí estoy
aquí vivo

las dudas escaparon
al escrutinio de la noche
luminosos presagios
revelaron respuestas

los gestos fueron fragmentados
en el tablero blanquinegro
de los desafíos

aquí estoy
aquí vivo

envuelta por el bosque de mis deseos
testigo de las danzas del sol y de la luna

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Otros de mis números para los curiosos:

Mis 42 yoes… divagaciones de cumpleaños
41 en Kenya
Mis 40
Los 39

Mi número 43

kk_singapurhotel

Cada año, uno tiene un número que le acompaña, hasta que en el día del aniversario le sucede otro. Hay números que se acogen mejor a uno que los demás. Hay unos que nos quedan incómodos. Nos aprietan un poco por allá o nos quedan grandes. A otros hay que amansarlos como si fueran zapatos rígidos, hasta que se ajusten perfecto y sean flexibles. Y otros sencillamente nos causan desconcierto, incertidumbre y no hay manera de que nos acostumbremos a ellos.

Mi número 42, se esfumaba de tanto en tanto dando paso a un 25, otros días a un 30 con picos mayores y menores según el caso. Hoy que el 42 es desplazado por el 43, me pregunto como me quedará. 43 no es un número fácil. No es par. Suena raro, como contar en reversa y que se escapen el 2, 1, 0 dejándonos en el vilo de algún despegue a cielos incógnitos. Hoy que estoy de 43  -soy de 43-, no sé qué hacer con ese número que se me está combinando tan extrañamente con el 27 de mi cumpleaños.

Espero que en retroactivo 42 no se me aparezca sincopadamente, ni 44 y Dios no quiera 45 decida adelantarse a su momento. 43 y yo tenemos que negociar una coexistencia pacífica. Tendrá que aceptar mis preferencias a otros números y retirarse con gracia cuando desee la compañía de otro más jóven y dinámico, pero estar disponible si requiero de consultas o consejos gracias a la experiencia que su número conlleva. Pero hasta allí.

Siempre tuve problemitas con las matemáticas, aunque sé sacar cuentas como mucha gente, los números representan misterios e incógnitas, especialmente cuando los poseo o me poseen. No he tenido problemas con ninguno, pero 43 me da algo de escozor y presiento que será un año de borrasca. O quizás me siento rara porque desde 1999 no recibo uno de mis números en este país. Hay una superstición que dice que si celebras tu cumpleaños de viaje o en otro país seguirás viajando.

He recibido cumpleaños en aviones, sola en sitios exóticos o acompañada de amigos. Este es mi primer número en 10 años acá. Si la superstición es cierta, este será un año sedentario. Hace unas semanas tenía la inquietud del viaje por dentro. Desde hace unos años atrás cada pocos meses he tenido que agarrar un avión. Y no es que me guste el proceso, sólo llegar al destino. Los aviones son autobuses con alas. Uno está incómodo, compartiendo con gente extraña al lado, que hace ruidos mientras está despierta, ronca mientras dormida o en el peor de los casos, es interactiva, decide compartir sus anécdotas, atmósferas, virtuales o reales con uno. La inquietud ya se me esfumó. Tengo el paso un poco más firme aunque nunca me sentí ajena, sólo algo inadecuada.

43 parece ser un número sólido y sin ambiciones de movilidad. Sin ánimos de tránsitos pero si de transiciones. Eso quizás es lo que es 43, transiciones. Algo así como moverse pero plantado en el mismo sitio.

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Otros de mis números para los curiosos:

Mis 42 yoes… divagaciones de cumpleaños
41 en Kenya
Mis 40
Los 39

Mis 42 yoes… divagaciones de cumpleaños

[Foto: Cristóbal Trejo]

El paso de los años es inclemente. Eso lo sabemos todos. Las manos que nos miramos con asombro siendo bebés son quizás el aspecto de nuestro cuerpo que más reconocemos y vemos durante nuestra vida. Son las extensiones de nuestros ojos. Con ellas completamos una gran parte de las percepciones del mundo físico que nos rodea. Así como las manos cambian con nosotros, el rostro acusa nuestras venturas y desventuras. Aquellas que quedan grabadas para siempre. A nuestro rostro preguntamos ante el espejo esas cuestiones que nos impedimos airear en voz alta.

Quizás como crecí al amparo de las historias de papá y de mi abuela paterna, siempre estoy ejercitando la memoria. Esa es la explicación que me doy a ese afán mío de no olvidar. Afán que ejercito sin éxito, porque no es posible recordar cada día de la vida. Como cuando pequeña, a veces aún me sorprendo contemplando, contemplándome… en mí mísma. Teniendo esa certeza terrible de estar viva. Terrible porque es la misma certeza de la muerte segura algún día. Y en un segundo siento llenura y vacío, un vértigo al cotejar, al palpar el hecho de ser consciente de estar viva. Y ese vértigo me disloca. Disocia mi unicidad y de repente me miro las manos y no las reconozco, me miro al espejo y mi rostro me es extraño… ¿Experiencia espiritual o neurosis? No lo sé. En momentos así siempre me digo, no puedo olvidar. Me conmino a recordar todo, a repasar días y pensamientos…

Uno de los recuerdos más tempranos que tengo es de cuando tenía 18 meses… Un viaje a Margarita pasando por Araya donde confundí una montaña de sal con la ballena blanca gigante de la película en televisión, Moby Dick. Cuando le conté a mamá este recuerdo no podía creerlo por la edad que tenía. El recuerdo le impresionó porque en ese entonces y en brazos de papá le pregunté si esa era Moby Dick, a lo que rieron y me explicaron la verdad. Me decepcionó la respuesta en ese momento, aunque igual me maravilló la idea de una montaña enorme de sal… pero también decidí que eso no era cierto, que sí podía ser una ballena. Sólo que ellos no la veían. Tengo la imagen grabada en la mente, mis sensaciones. En medio del azul intenso, una loma blanca en el horizonte. Mi ballena blanca. La cual por muchos años de la niñez creí real, viva y posible al ir a la playa.

Tengo recuerdos también del alunizaje. El cómo me paré de la alfombra en la sala haciendo alguna gracia frente a la tele, papá mándandome a estar quieta y apartarme y al ver a mamá soltar lágrimas preguntarle porqué y ella explicarme que el hombre había llegado a la luna. La luna. A una pequeñuela. Recuerdo mi perplejidad, porque la luna estaba fuera del alcance de mis manos. Y yo creía los cuentos de comiquita de una luna de queso y cohetes que de un brinco le hacían un hueco para que el héroe-ratón-astronauta pudiera darse un banquete. Este es el inicio de los capítulos de mi memoria.

42 años después de mi nacimiento, la sumatoria de recuerdos es fragmentada. Episodios aislados. Escenas a veces sin sentido. Otras con demasiado sentido. Y en ellas los distintos rostros de esta persona que a veces no se reconoce frente a un espejo. Cuando esa arruguita allí o la cana allá no tienen correspondencia con lo que experimenta su consciencia.

***

Soy una coleccionista de memorias, colecciono las imágenes de mi rostro en el espejo, colecciono los diversos yo, distintas facetas de uno solo que afloran una u otra vez en constante mutación y evolución.

Hoy tengo 42 yoes. Cada uno faceteado en 365 o 366 variaciones dependiendo del año. Cada uno con incontables segundos de experiencias imposibles de grabar todas. Con rostros que permutan emociones cada segundo… Y no hablemos de los yoes míos que los otros atesoran en sus memorias. Los otros que no saben o saben de las disociaciones o neurosis, los otros que no saben o saben de lágrimas y tristezas, o de felicidades transcurridas…

Fragmentos…

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Esta consciencia es feliz. Esta sumatoria es exitosa. La memoria trata de ser épica sin toda la eficiencia anhelada pero satisfactoria… Así que cumpleaños feliz a mí… Estoy en Nepal, entre montañas, coleccionando…

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reposand una tarde en Dar es Salam luego de un día de trabajo

40

He llegado. 2 años pensando en el tema.
Tengo ahora unos 10 para pensar en el siguiente tema. El de los cincuenta. [Suspiro]

Hoy tendría ganas de estar así:

reposand una tarde en Dar es Salam luego de un día de trabajo

Tarde en Dar Es Salaam luego de un día de trabajo

Pero no puedo. Bangladesh no tiene mar que se vea como ese de la foto y está bien lejos de Dhaka. Y en general, no es un país, ni Dhaka una ciudad, para lo que llaman “chill out“.

No es un día para pensar tampoco. Tengo bastante trabajo por hacer, “tasks” que debo tachar de la lista. Ni siquiera tiempo para reflexionar en algunas noticias tristes, de gente amiga, familia que ya no está, cuyas vidas terminaron por esas razones que no tienen explicación. La distancia deslava algunos sentimientos o los intensifica. Hoy los míos están como si les hubieran pasado ríos encima. Puede que por el cansancio de estar seis semanas fuera de casa. O unas horas cortas de sueño ayer que los cambios de horas y rutinas ocasionan. No sé.

Anoche hubo una ventolera fuerte y algo de lluvia. Miro hacia la ventana y veo un flamboyán en flor y más atrás una acacia. En Tanzania también estaban en flor, así como gigantescas trinitarias que cubrían en cascadas árboles de más de 10 metros de alto, llenándolos de lila o bermellón, blanco o naranja. Trinitarias centenarias. Supongo que en Venezuela, también estarán floreando.

La sola idea es el primer regalo que recibo hoy.