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Primer rostro de k-minos

10 años de mi blog k-minos

orden insuficienteCelebro este aniversario de la misma manera silenciosa en que he venido trabajando este blog. Digo silenciosa porque los blogs personales de corte literario son un estar. Un estar para la escritura y para los que llegan de visita a leer. Un blog es como una casa abierta. O quizás un alma abierta. Es la manera como los blogs que fungen de eco, de espejo, de cuaderno íntimo, funcionan.

Este blog fue iniciado por tercera vez en el 2004. Luego de que en dos ocasiones hospedajes sospechosamente baratos me lo borraran y desaparecieran. Pero desde ese nuevo inicio un primero de octubre, se ha mantenido vivo.

La primera entrada fue Otra Vez y en ella me refería a la reinauguración del blog y la crónica con la que lo hice: Viendo llover en Dhaka como si fuera Macondo.

Primer rostro de k-minos

Primer rostro de k-minos 2003

Hace 10 años vivía en Bangladesh, y viajé mucho por trabajo. Este blog contiene mis divagaciones y reflexiones de esos años, la actividad que llevaba de escribir artículos de opinión sobre la situación venezolana, la nostalgia que me minaba, la ansiedad por el retorno, y luego una vez acá en el 2008, el choque después de 10 años de ausencia, la adaptación, un nuevo arraigo. Es un retorno que 6 años después aún progresa, ya que no se ha asentado del todo, y no sé si lo haga.

Alrededor del 2004

En todo este tiempo, y en todos esos procesos me ha acompañado el blog y creo que seguirá haciéndolo, forma parte de mi rutina de pensamiento y escritura, y de todo lo que hago. Hay cerca de 600 entradas en él y más de 2 mil comentarios, tiene un promedio de alrededor de mil visitas al mes, que para la frecuencia con que escribo (una o dos veces al mes) y la temática personal es bastante, o por lo menos satisfactoria para mí, aunque hubo una época -hasta el 2008 más o menos- que tenía cerca de 6000 visitas al mes porque escribía con mucha mayor frecuencia y me preocupaba más por el “ranking” y esas cosas (de todas formas en términos de blogueo, eso no es nada). Ya no. Ya nada de eso me preocupa. He entendido que mi relación con esta herramienta es orgánica y no tecnológica, y que debe ser para mí un placer usarla y no una fuente de angustia. Pero igual disfruto y me llama la atención el funcionamiento de las estadísticas del sitio, lo que más lee la gente y a través de cuáles palabras o búsquedas llegaron aquí.

Existen en el archivo, entradas con fechas previas al 2004 y es que aglutinan las entradas de las versiones previas y algunos escritos que por conservar la cronología de mis cuadernos, tienen esas fechas que se remontan al 2000. Como la de mi primer viaje de vuelta a Kampala, en noviembre del 2000 luego de una breve estadía en Caracas de visita, la primera de sólo 5 que hice en 10 años. Fue apoco menos de al año de ocurrir el deslave, se estaba en vías de hacer la constituyente, y aún existía cierta sensación de estado de derecho en el país. Yo tenía casi dos años en Uganda. La entrada se llama Caracas – Londres – Kampala.

En ese texto hay un atisbo del tono que tendrían muchos de los escritos posteriores llamados divagaciones y crónicas, y que aún lo tienen.

K-minos entre el 2004 y 2006

K-minos entre el 2005 como hasta el 2006

En términos de escritura, mucho ha fluido y ocurrido, estoy por sacar mi segunda publicación, un libro de poemas, En medio del blanco bajo el sello de Oscar Todtmann editores que sigue a la plaquette Nuevos Arbitrios. En el tintero hay otros proyectos. Y todos de alguna manera le deben a este blog, ya que parte de ellos se encuentra en sus archivos.

Pero lo mejor de todo este tiempo, ha sido la compañía de los lectores que se convirtieron en amigos, de aquellos que con sus comentarios desde la distancia me aliviaron las nostalgias, de los que aún visitan y leen y me dejan saber que están pendientes, y también los nuevos y ocasionales. Todos dejan su tibieza. Solo tengo mi abrazo para ustedes desde este espacio, que sencillamente por los momentos, continuará.

 

La literatura como experiencia

[Este texto fue leído en el I Encuentro de Literatura y Arte – UNIMET Octubre 2013]

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No soy académica y mi relación con la literatura existe desde que tengo memoria. Mi abuela me leía a Pushkin, me hablaba de Tólstoi y de vez en cuando citaba poemas. Aprendí a leer a los 3 años de la mano de una vieja maestra rusa, Olga, en el hoy desaparecido Colegio San Antonio de Los Chorros. Primero fueron las vocales. Luego me enseña una m, la cual combinada con las letras a, e, i, forma las sílabas ma, me, mi, y con ellas decir en fantástica combinación mi mamá me mima. Miro el sonido de esa frase en un papel donde se encuentran las letras combinadas. Aún hoy siento las letras brincando del silabario a mis ojos enlazándose, gracias a alguna misteriosa alquimia, en palabras.

El silabario fue mi primer libro querido. Mi mamá me mima, mi mamá me ama, mi papá me mima, mi papá me ama, son las frases que leí primero y las cuáles por ese contenido amoroso tan fundamental para una niña, casi un bebé todavía, me encadenaron por siempre a esos garabatos en negro que compendiaban de forma contundente mi universo de entonces. Ese amor contenido en frases tan pequeñas disparó mi romance con el lenguaje.

Las palabras cobraron dimensión para mí. Al leer, liberaba al mundo encapsulado en ellas y así saltaban fuera de las páginas para rodearme y [re]construir lo que ya conocía. Desde ese entonces, leer es una experiencia topográfica, si cabe este término, para definir mi relación con la lectura. Porque esa alquimia de las letras levanta volúmenes, revela curvaturas, recovecos, aristas, abre o cierra espacios que uno explora, con sólo palabras.

Los progresos con el silabario y la revelación de las cosas en derredor me hicieron pasar sin demora a los cuentos infantiles y a la experiencia de ver otros universos crearse ante mis ojos, sólo para mí, en una exclusiva de momentos de prodigio que no cesan de maravillarme. De allí, pasé a los clásicos de la nutrida biblioteca de la casa que se convirtió en una galaxia misteriosa y monumental. Y la exploración de cada tomo no sólo me llevó a reconocer y [re]nombrar al mundo sino que me conminó a la mirada íntima.

Para mí la literatura tiene sentido oracular. Buscamos respuestas y nos trazamos caminos deseados a través de nuestras primeras lecturas fundamentales. Y creo fervientemente que opera de forma subrepticia en nuestra psique instilándonos deseos y aspiraciones. En la familia se escribían muchas cartas y la escritura fue una necesidad natural. Así llegué a poner palabras en una suerte de diario cuando niña. Desde entonces me he tejido y desbaratado una y otra vez escribiendo en cuadernos que guardo en el desorden de mi Babel personal. Cada vez que la pluma rasga la hoja, otorgo esa dimensión volumétrica a pensamientos, emoción o sensaciones que como en una merengada se juntan en el continuo de mi vida. Pero no es un proceso totalizador sino más bien fragmentador, porque lo revelado son destellos fugaces, atisbos de mí jugando a vivir en la ficción y la metáfora de mí misma.

Escribir profesionalmente, es decir ejercer el oficio de la escritura, fue una ambición que trasladé al estudio de periodismo en la Universidad Central de Venezuela. Aunque en algún momento me debatí sobre si estudiar Letras, no lo hice porque me parecían estudios destinados a vivisectar el hecho literario y ya venía de una experiencia similar con los de Biología en la USB que no quería repetir, porque mi relación con la literatura es desde el afecto y no desde el estudio sistemático.  Desde el encuentro y el descubrimiento y no la agenda. Quizás estuve/estoy equivocada, no lo sé. Pero tengo la certeza de que esas tempranas lecturas y el posterior desarrollo de mi desempeño profesional integraron de forma inesperada el imaginario que me había creado a través de tantos viajes leídos en papel para que se materializaran en mi vida posterior en la que tuve oportunidad de vivir en Uganda, Kenya y Botswana en Africa y posteriormente en Bangladesh e Indonesia, en Asia.

Y aquí deseo transcribir una de la divagaciones que publiqué en mi blog hace 7 años atrás que describe ese sentido oracular que mencioné con anterioridad. Lo que las tempranas lecturas nos imprime en la psique.

Kampala Septiembre 7, 2006
Sobre un recuerdo mientras caminaba

Ayer hubo un día bello en Uganda.
El cielo no tenía ni una nube. Salí de un almuerzo de trabajo, a caminar por Kampala Road, una de las principales avenidas de la capital de este país. Es una avenida larga y bulliciosa, llena de tráfico y gente. En uno de sus lados, cerca de la estación central del tren, hay una serie de árboles sembrados que florecen igualito que el apamate rosado. No pude obtener el nombre de la mata. Aquí como me dice un amigo, sólo se conocen los nombres de las plantas que dan de comer. En el tope de una de ellas un marabou stork estaba parado. El marabú es una suerte de cigüeña que come carroña y basura y mide más de metro y medio parada, tiene una bolsa debajo el pico, como un pelícano, y su vuelo es lento y flotante. Es en gran medida responsable de la eliminación de la basura local.

Y en fin, el caso es que caminaba viendo la escena de la carroñera en el tope rosado del árbol en contraste con el azul tremendo del cielo, y no pude evitar preguntarme cómo fue que la vida me trajo hasta acá. En cómo mis sueños concretos de cuando más joven (acoto, por si acaso) no tienen nada que ver con los que tengo ahora ni con la realidad que estoy viviendo.

De repente, me vino de muy dentro un recuerdo. Viajar siempre fue un sueño intrínseco. Secreto. Un anhelo inconfesado. Conminado por Las mil y una noches, las aventuras escritas sobre piratas pendencieros de Salgari, las anécdotas de Tom Sawyer en el mítico sur de los Estados Unidos, los cuentos rusos ambientados en misteriosos bosques con babayagas viviendo en dachas danzarinas, las épicas y romances de Pushkin, las biografías de seres excepcionales para su momento como Solimán el Magnífico, conquistador de tierras lejanas y extrañas, los policiales de Agatha Christie donde todo el mundo tenía algún pasado en las colonias africanas. Toda lectura que caía en mis manos era un viaje a algún paraje lejano de la realidad que vivía. Hasta el Ortiz de Casas Muertas, me reverberó la fascinación del viaje a través de la lectura, cuando por casualidad al ir al pueblo vi las casas muertas de verdad, la iglesia abandonada y en ruinas y un esplendor olvidado en los ecos presentidos de sus paredes desnudas.

Y así, aquí estoy. A veces los sueños menos obvios se hacen realidad. Los que nos apuntalan la voluntad subversivamente. Los que la hacen inquieta y compulsiva. Aquí estoy. Recordando la insinuación de esos sueños entre las páginas de mis lecturas de niña, rememorando las noches encerrada en mi cuarto aprendiendo las mañas del insomnio, mientras camino en una de las avenidas de Kampala, Uganda.
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Esa pregunta sigo haciéndomela con frecuencia “cómo fue que la vida me trajo hasta acá”, porque no hay momento de mi vida que no lo relacione con alguna obra leída en el pasado, o que desee leer, o que sincrónicamente me brinde respuestas a lo que estoy viviendo. Encontrar en la literatura lo que necesito de aliento, de encantamiento con el mundo, es parte de mi experiencia vital.

Ello me ha llevado a tener una relación similar con la escritura. En principio, el juego de crear topografías con las palabras, reminiscente de mis asombros de la infancia. Delante del computador o con el lápiz en mano recreo como con un Lego o los cubos de madera o los creyones de cera “eso” que sólo existe dentro de mí. Cada palabra un cubo con facetas, y a mi voluntad juntarlas con otras para nombrar, decir, contar. Se hace la magia de la creación, de soltar fragmentos, y se apuesta por decir con la escritura.

En mi caso, tuve la suerte de la distancia. Viví en países ajenos y tenía la necesidad perentoria de expresar el producto de esa experiencia de forma directa, de tener un interlocutor, un lector acá. Mi trabajo me dio los conocimientos básicos y en un momento dado abrí un blog con el propósito de ejercitarme, de sacar de los cuadernos lo que se encontraba dormido allí y confrontarlo con el presente. Y el resultado fue obtener esos lectores, que en esos años me acompañaron a veces anónimamente y otras de forma explícita con comentarios a mis crónicas y divagaciones.

Esa experiencia reveló una nueva dimensión a mi cercanía con lo literario y de alguna manera determina mi participación en actividades colectivas como talleres y recitales desde que regresé a Venezuela. Se hace tanto énfasis en el trabajo solitario del creador que olvidamos por completo que compartir ese trabajo puede ser una actividad colectiva o para un colectivo, enriquecedora, deslumbrante y transformadora. Olvidamos que la literatura en sus inicios fue de tradición oral, transmitida ritualmente y que cumplía con cohesionar a los grupos humanos en sus comunidades y sustentar su espíritu de unidad. Estas reuniones para escuchar y compartir historias o poesía, hacen la experiencia literaria parte del afecto y la convierte en un objetivo vital a todos los que la adoptamos de esa manera.

Soy promotora de las nuevas tecnologías para la diseminación de la literatura, para ejercitarla desde la escritura, pero ciertamente no me cabe pontificar sobre la experiencia literaria desde ese punto de vista porque la misma es diferente para cada persona en su inherente libertad. En ese sentido el blog para mí ha sido un vehículo, no una finalidad, y sigo navegando con él porque registra un proceso que vive transformándose en mí.

Sin embargo, considero que la experiencia de la literatura desde la cotidianidad, como parte de la vida, ha sido relegada por análisis más preocupados en la vivisección de las obras que en sus impactos sociales, y en esta era de replanteamiento de las dinámicas del comportamiento humano por la aparición de las nuevas tecnologías quizás deba ocupar un poco más la atención ese rol en malear o influenciar generaciones. Los juegos de computadora son ahora considerados un género de soporte a nuevas narrativas, ¿ y cómo no, si han determinado el acercamiento a lo imaginario de casi dos generaciones o más, que primero jugaron con historias en pantallas y luego se aproximan a los libros de las mismas historias con las que juegan? En muchos casos ni siquiera leen los libros o no existen los libros. Pero existen las historias en estas nuevas maneras de narrar.

La posibilidad directa de compartir el hecho literario, la experiencia de la escritura, con las nuevas herramientas tecnológicas y a través de las menos novedosas pero más efectivas del contacto humano directo con recitales, jamming poéticos y lecturas colectivas es lo que hace a la literatura parte instrumental de la vida y una experiencia del afecto. Es del afecto que nacen las vocaciones.

Literaria Blog – 1er encuentro de blogueros

Literaria Blog:
bloguear, dicen, es bueno para la salud: te expresas, creas, haces bocetos, casi-poemas, casi-ficciones, clasificas. Y si no lo es, como también dicen, no me importa: descreo, demuelo textos, me burlo de los géneros, desclasifico,hago uno propio de las cenizas que quedan

Literaria Blog's Facebook Page

Este martes 16 de junio  a las 7 de la noche y hasta las 10, en la Librería El Buscón de Paseo Las Mercedes, estaremos un grupo de blogueros leyendo nuestros poemas, crónicas y borradores a todos aquellos que deseen acercarse a acompañarnos y tomarse una copita de vino. La invitación es para ponerle rostros a nuestras voces en la red.  Para corporeizar la presencia tácita en las lecturas que nos acompañan en nuestros ratos de búsqueda de la palabra afín.

Luego de una breve introducción al blog que haremos Juliana Boersner, Ricardo Ramírez y yo, realizarán breves lecturas de textos que fueron publicados en los respectivos blogs:

Adriana Villanueva
Mario Morenza
Natasha Tiniacos
Eleonora Requena
Kira Kariakin
Cinzia Ricciuti
Georgina Ramírez
Mitchelle Vidal
María Dolores Torres
Ruth Hernández
Juliana Boersner
Carmen Elena González Salas
La parada poética
Keila Vall
Belkys Arredondo
Ricardo Ramírez Requena

Para los que no puedan venir, trataré de tuitear algunas fotos y comentarios a través de http://www.twitter.com/kirakar con el hashtag #literariablog.

Tenemos una página en facebook en la cual iremos dando a conocer blogs de creación, así como lecturas sobre la relación blog-arte-literatura como nueva forma de dar cabida a la expresión artística. Es un tema del que se está hablando en la red y nosotros, definitivamente, formamos parte de esa conversación.

Alrededor de Orham Pamuk – II

Ya establecí mi fascinación con Pamuk y su manera de ver Estambul, ahora quiero compartir a lo largo de varias entradas, algunos fragmentos de discursos y textos que me revelan su personalidad, su manera de asumir y vivir la escritura.

Como todos ustedes saben la pregunta que más a menudo se nos hace a los escritores, la que más gusta es la siguiente: ¿Por qué escribe? ¡Escribo porque me sale de dentro! Escribo porque soy incapaz de hacer un trabajo normal como los demás. Escribo para que se escriban libros parecidos a los míos y yo pueda leerlos. Escribo porque estoy muy, muy enfadado con todos ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta pasarme el día entero en una habitación escribiendo. Escribo porque solo puedo soportar la realidad si la altero. Escribo para que el mundo entero sepa la vida que hemos llevado y seguimos llevando yo, nosotros, todos, nosotros, en Estambul, en Turquía.  Escribo porque me gusta el olor del papel, de la pluma, de la tinta. Escribo porque más que en cualquier otra cosa creo en la literatura y en la novela.  Escribo porque es una costumbre y una pasión. Escribo porque me da miedo ser olvidado. Escribo porque me gustan la fama y la atención que me ha proporcionado la escritura. Escribo para estar solo. Escribo porque así puede que comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para ver si acabo alguna vez esa novela, ese artículo, esa página que he comenzado. Escribo porque eso es lo que todos esperan de mí. Escribo porque infantilmente creo en la inmortalidad de las bibliotecas y en cómo mis libros están en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo, es increíblemente hermoso y sorprendente. Escribo porque me resulta agradable verter en palabras toda esa belleza y esa riqueza de la vida. Escribo no para contar una historia sino para crear una historia. Escribo para librarme de la sensación de que hay un sitio al que debo ir pero al que no consigo llegar, como en un sueño. Escribo porque no consigo ser feliz. Escribo para ser feliz.

De La maleta de mi padre. Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2006. Extraído del libro La maleta de mi padre. Traducción Rafael Carpintero. Colección Literatura Mondadori. Random House Mondadori. Barcelona, 2007. España. Ps. 39, 40, 41