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Cuando voy a Maracaibo

Cuando voy a Maracaibo… esa canción me resonaba en la cabeza, al tomar el avión con Nadia Goncalves de Espacio Público, rumbo a dar el taller El blog una herramienta para comunicar en la red en La Universidad del Zulia (LUZ), gracias a los afanes organizativos de David Padilla (No te eches el polo) alias @Dawarg y la profesora Margarita Arribas alias @Pimpina el pasado 19 de junio.

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Nadia Goncalves @Nadialegm, David Padilla@Dawarg y Margarita Arribas @Pimpina

Nunca había estado en Maracaibo más que de tránsito hace añales atrás yendo a Medellín con destino a Bogotá en uno de esos vuelos extraños, con miles de paradas, más barato que uno directo. Así que la experiencia no sólo me daba expectativas en referencia al curso en sí, sino en la posibilidad de tener aunque sea una visión fugaz de la capital de ese otro país que parece ser el Edo. Zulia.

El taller superó mis expectativas. Para éste, había planeado incluir Twitter, Facebook, Flickr y Delicious como herramientas complementarias al blog y el tiempo alcanzó perfecto. Los asistentes al taller fueron 12 estudiantes de periodismo y 3 profesores. De los estudiantes 2 sólo eran hombres, y de los profesores 1. Al preguntar habían 4 blogueros y como 3 tuiteros (si no recuerdo mal), nadie tenía delicious, 1 o 2 flickr y todos facebook. La mayoría tenía cuenta de gmail así que no fue difícil abrirles el blog, los que no tenían yahoo la abrieron para el flickr y antes de entrar en la parte práctica de apertura del blog, lo hicimos con twitter que acaparaba mayor expectativa. Luego pasar al blog fue fácil e integrarlo con twitter y flickr un paseo. Facebook y Delicious quedaron para la exploración y gusto de cada quien, considerar si lo integraban o no, pero pudimos sentar la posibilidad. Así que poco a poco la evangelización continúa. Mientras más se diseminen los usos de estas herramientas podremos ejercer aficientemente nuestra libertad de expresión y afianzar recursos para impedir o evadir una mordaza.

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Las féminas del taller

Me encantó conocer a la ultra geek comunicadora y activista Samanta@nerdysinperro, descubrir que tenía amigos comunes con Margarita@pimpina y confirmar que las universidades son de los sitios más maravillososo de Venezuela para revitalizar energías gracias a personas como David@Dawarg. En este periplo de cursos con Espacio Público, las universidades han sido un recordatorio de lo que no parece ser importante para ningún gobierno: un campus con recursos para garantizar su buen mantenimiento amén de otras necesidades que deben ser cubiertas. Lo increíble es que a pesar de todo, profesores y estudiantes le echan pichón a ser mejores, a superar los obstáculos, graduarse e integrarse de la mejor manera a sacar adelante este país.

Y como siempre, la hospitalidad de nuestros anfitriones @Dawarg y @Pimpina fue de primera desde la llegada hasta que partimos a Caracas de vuelta. Encantada y agradecida con ellos. Apenas un día en Maracaibo, pero intenso y de nuevo reconciliante con la Venezuela positiva, que no se ve entre la enmarañada y espinosa política cual cují sobrealimentado, pero que se deja sentir si uno quiere.

Postales de Maracaibo

En Maracaibo aprendí que la comida es sabrosa y particularmente zuliana,

saborzuliano

que hace calor,

caloryac

que las mariposas permanecen en paredes más de veinte años en LUZ según me relata Margarita y van al baño según veo,

mariposaypoceta

que los cujíes dan las mejores sombras,

reddecuji

que se puede andar en “tranvía” desde el Parque La Vereda y darle vuelta a toda la ciudad.

tranviamaracaibo

Y que si estas imágenes, impresiones y sabores los coleccioné de a raticos en un día, no puedo sino prometerme volver a recorrer esta república dentro de la república, así que Cuando vuelva a Maracaibo…

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Enlaces relacionados:

Twitter y Redes sociales en el taller de Weblogs de Maracaibo

Twitter #tallerluz

Mi número 43

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Cada año, uno tiene un número que le acompaña, hasta que en el día del aniversario le sucede otro. Hay números que se acogen mejor a uno que los demás. Hay unos que nos quedan incómodos. Nos aprietan un poco por allá o nos quedan grandes. A otros hay que amansarlos como si fueran zapatos rígidos, hasta que se ajusten perfecto y sean flexibles. Y otros sencillamente nos causan desconcierto, incertidumbre y no hay manera de que nos acostumbremos a ellos.

Mi número 42, se esfumaba de tanto en tanto dando paso a un 25, otros días a un 30 con picos mayores y menores según el caso. Hoy que el 42 es desplazado por el 43, me pregunto como me quedará. 43 no es un número fácil. No es par. Suena raro, como contar en reversa y que se escapen el 2, 1, 0 dejándonos en el vilo de algún despegue a cielos incógnitos. Hoy que estoy de 43  -soy de 43-, no sé qué hacer con ese número que se me está combinando tan extrañamente con el 27 de mi cumpleaños.

Espero que en retroactivo 42 no se me aparezca sincopadamente, ni 44 y Dios no quiera 45 decida adelantarse a su momento. 43 y yo tenemos que negociar una coexistencia pacífica. Tendrá que aceptar mis preferencias a otros números y retirarse con gracia cuando desee la compañía de otro más jóven y dinámico, pero estar disponible si requiero de consultas o consejos gracias a la experiencia que su número conlleva. Pero hasta allí.

Siempre tuve problemitas con las matemáticas, aunque sé sacar cuentas como mucha gente, los números representan misterios e incógnitas, especialmente cuando los poseo o me poseen. No he tenido problemas con ninguno, pero 43 me da algo de escozor y presiento que será un año de borrasca. O quizás me siento rara porque desde 1999 no recibo uno de mis números en este país. Hay una superstición que dice que si celebras tu cumpleaños de viaje o en otro país seguirás viajando.

He recibido cumpleaños en aviones, sola en sitios exóticos o acompañada de amigos. Este es mi primer número en 10 años acá. Si la superstición es cierta, este será un año sedentario. Hace unas semanas tenía la inquietud del viaje por dentro. Desde hace unos años atrás cada pocos meses he tenido que agarrar un avión. Y no es que me guste el proceso, sólo llegar al destino. Los aviones son autobuses con alas. Uno está incómodo, compartiendo con gente extraña al lado, que hace ruidos mientras está despierta, ronca mientras dormida o en el peor de los casos, es interactiva, decide compartir sus anécdotas, atmósferas, virtuales o reales con uno. La inquietud ya se me esfumó. Tengo el paso un poco más firme aunque nunca me sentí ajena, sólo algo inadecuada.

43 parece ser un número sólido y sin ambiciones de movilidad. Sin ánimos de tránsitos pero si de transiciones. Eso quizás es lo que es 43, transiciones. Algo así como moverse pero plantado en el mismo sitio.

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Otros de mis números para los curiosos:

Mis 42 yoes… divagaciones de cumpleaños
41 en Kenya
Mis 40
Los 39

En la carretera del Llano en Apure, Venezuela

Nostalgia y reencuentro – divagación partiendo para el Llano

En la carretera del Llano en Apure, Venezuela

En la carretera del Llano en Apure, Venezuela

Me voy para el Llano hoy. En contraste con mi gusto por lo urbano está mi gusto por los viajes a entornos naturales y mientras menos gente en ellos mejor. Desde pequeña papá nos llevaba al Llano a la hacienda de un coronel amigo suyo, personaje que podría superar la ficción de cualquier novela latinoamericana de los 60, amigo de Simón Díaz y en donde, según éste, Simón compuso los primeros acordes de Caballo Viejo. Esto nunca lo comprobamos y papá nunca tuvo la suerte de coincidir con Simón Díaz en ninguno de los viajes.

En fin esta entrada se produce porque hoy me encuentro sumamente nostálgica de los años que pasamos en Uganda, Lino y yo, y especialmente de los viajes, safaris, que pudimos realizar y en los que cada vez no podíamos sino rememorar nuestros paisajes como el de los Llanos apureños cuando en la sabana del Mara o de los guariqueños mientras en Tsavo.

Tuve la misma experiencia en Botswana, durante el viaje que hice al Okavango. Puede sonar descabellado pero hasta el olor durante el amanecer, el sonido de los pájaros me era un recordatorio de esa parte de nuestro país.Por supuesto la melodía de las tonadas de Simón me asaltaban una y otra vez. El día que me fui de ese campamento tenía ganas de llorar porque me sentía en casa.

Entonces salimos hoy para un viaje de cinco días por el llano apureño. Sólo 4 personas de campamento. Cero internet, TV u otra distracción. Una buena ocasión para escuchar en exclusividad la voz interior. Contemplar por contemplar el paisaje y olvidarse del caos que los humanos nos imponemos por pura neurosis. Mientras pienso en esto, estoy escuchando a Brenda Fassie, la superestrella de los ochenta de Suráfrica fallecida en 2004 por una sobredosis de cocaína a sus 39 años. Su éxito Vulindlela en zulu, es un clásico y lo cantan en bares y demás. Lo mismo que su sentida canción a Mandela, My President.

Una querida amiga sudafricana, Karen,  me introdujo a Brenda Fassie y su vida, trágica y veloz, me han cautivado. Me recuerdan los últimos meses que pasamos en Kenya con nuestros mejores amigos, nuestros perritos, Laika y Flash, que tuvimos que dejar allá con ellos y la magia, lo terrible y hermoso de esas tierras africanas.

Hoy se inicia otro reencuentro fundamental para mí. A ver la sabana mañana, pasar por los esteros de Camaguán, cruzar el Arauca, pasar San Fernando y sencillamente estar en la Venezuela que se nos escapa entre el asfalto de la ciudad y el egocentrismo caraqueño.

Les dejo el video de la canción a Mandela.

Y Vulindlela. El audio es terrible pero ella me parece de una energía increíble… Mandela sale también.

Aquí el video original de Vulindlela. Y la letra en zulu para los curiosos.

Divagación del viaje y las preguntas

[Atardecer en uno de los canales del Delta del Okavango – Botswana]

Uno viaja y de repente se encuentra en un sitio inimaginable. Inimaginable porque uno nunca previó el portento que ejercería sobre uno. El portento de preguntarse, por ejemplo, cómo es posible la maravilla de una luna en el atardecer naranja y rosa de este delta y que pueda atestiguarlo. Sí, el portento de las preguntas que afloran del asombro ante el encanto del mundo, ante la belleza al alcance de la mano que tantas veces nos empeñamos en ignorar.

Esta brisa en el Okavango pudiera ser la que viene todos los días a golpe de 5 y media de la tarde por el corredor de viento desde el Este atravesando Caracas. La brisa que se lleva la contaminación del aire todos los días. La que me trae los recuerdos de niñez en el jardín de casa de mamá en Los Dos Caminos.

Pienso en el olor a monte fresco al amanecer que no es otro sino el olor del llano húmedo despertando con el ulular de las palomas y la algarabía de los demás pájaros que se aprestan a iniciar el día. El llano de otras tantas memorias.

En las preguntas consigo la ubicuidad y la epifanía. Las respuestas son redundantes del asombro que quisiera eterno.

[El ocaso ya muriendo – Delta del Okavango, Botswana]

Me encuentro donde me encuentro.
No pierdo el horizonte.
Viene a mí con cada amanecer
y se queda impreso en el ocaso.
La noche es la misma siempre,
sin latitud ni longitud.
En ella habito.
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Botswana

Ahora sé un poco más sobre el país. Botswana tiene poco más de un millón ochocientos mil habitantes y 581.730,00 kilómetros cuadrados. Vive de la explotación de diamantes, la exportación de carne y el turismo. La mayoría de la población se concentra hacia el este del país, el cual no tiene salida al mar y limita con Zambia al norte, Zimbabwe al este, Namibia al norte y oeste, y Suráfrica al sur.

Se hizo independiente en 1966, cuando era considerado uno de los países más pobres del mundo. En 1967 se descubrieron los depósitos de diamantes que lo convirtieron en uno de los países más ricos de África y que le permitieron desarrollar otra de las dos industrias que le generan ingresos, el turismo y la carne bovina. Botswana es el mayor productor de diamantes generando unos 15 millones de carats al año. Esta riqueza le ha permitido construir una buena infraestructura en caminos, electricidad, edificaciones modernas para el gobierno. Las avenidas y autopistas son impecables así como semáforos, etc.

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La gente en su mayoría es de la cultura Batswana (50%), cuyo idioma, el setswana es el otro idioma legal del país junto con el inglés. A los nacionales se les llama Batswana en plural y en singular Motswana. Las otras culturas existentes son la Bakalanga, Bakgalagadi, Bayei, Hambukushu, Herero, Basubiya, San, Khoi y Banoka. Los San y Khoi provienen del mismo grupo étnico, son los famosos bushmen que hablan con chasquidos y clicks en su lenguaje y son los mejores rastreadores de presa del mundo. Poseen un conocimiento único en supervivencia en las praderas semiáridas de Botswana y Namibia. Son considerados como los primeros habitantes del sur de África, su presencia en el continente se ha estimado en más de 25 mil años pero por desgracia su cultura se considera en peligro de desaparición. Quedan unos 100 mil entre los dos países.

El idioma setswana es bastante amable al oído, y la pronunciación de algunas palabras me recuerda a la española de España con la jota bien arrastrada y gutural. Gaborone el nombre de la capital y se pronuncia Jjaborrone (con la j y la r enfatizadas). Dumela es el saludo, ña es no, a las señoras se les dice Mma y a los señores Rra. Pero al contrario de los países que he conocido en Africa del Este, el idioma local no se entromete mucho en el inglés o viceversa.

No pude ver gran cosa de la naturaleza porque la única reserva cercana no tenía cupo en ninguno de los planes. Sin embargo, el paisaje que rodea a la ciudad se impone y este paisaje es semiárido. Pero como alternativa importante a la naturaleza, me fui al museo y a caminar alrededor del centro de la ciudad. El centro se recorre en cosa de 10 minutos a través del bulevar comercial que lo engloba.

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En el museo nacional hay una muestra permanente sobre la historia de Botswana. Está bien montada, es pequeña e informativa. Es laberíntica y a veces oscura para dramatizar los efectos. La foto del pueblo de Mochudi tomada en 1909 me llamó la atención. Muestra una estructura urbanística que se mantiene hoy día. Las antiguas viviendas han sido sustituidas por nuevas. Pero la de hace cien años impresiona por lo compleja y armónica con el entorno.

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También hay montajes de los ambientes naturales de Botswana. Explicaciones sobre el desierto de Kalahari y el Delta del Okavango, el segundo delta interior más grande del mundo. Se me eriza la piel cuando veo la de los animales. Demasiado reales, como queriendo huir de la muerte seca que los aprisiona.

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Hay dos muestras de arte en la galería. País que respeta su arte es país que se respeta. Tres artistas plásticos en una sala, y en la otra de dos niveles, una muestra de la artesanía nacional destacándose para mí la de los San y la de las cestas de los pueblos de Eshta y Gumare.

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La cestería es exquisita en diseño y manufactura, y carísima. Los precios son proporcionales al nivel de complejidad y diseño de cada cesta variando desde 15 hasta 200 dólares. Me apertreché de varios objetos para enriquecer mi pequeña colección de peroles de todas partes.

Terminé la estadía encantada con este país y su gente y anticipando la siguiente visita donde pasaré más tiempo y podré recorrerlo en safari por sus paisajes.

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Las fotos del viaje están en flickr, en el set Gaborone – Botswana

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Nota lateral:

Buensancho es distinguido con el Blog Thinking Award y me incluye en sus premiados junto a excelentes blogs. ¡Muchas gracias por la distinción! Mis premiados están acá.

Postales desde Botswana

Botswana tiene un cielo prístino. Es un país seco y las nubes son bienvenidas como la cosa más auspiciosa, porque significa que caerá el agua anhelada. Pula, el nombre de la moneda, significa lluvia en setswana, la lengua local.

Hacia la puesta de sol, la ciudad es envuelta en una atmósfera púrpurea degradándose desde el azul intenso que tiene por techo.

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Gaborone, la capital, es chiquitica. 150 mil habitantes.

El domingo la ciudad está desierta. Camino por ella en plena tarde y es como estar en una ciudad abandonada, pero nueva.

Disfruto de la luz al mismo tiempo suave e intensa. Los colores son inesperados. Antiguos. Veo varias iglesias. En días pasados me topé con una mezquita. La fe en estos parajes no falta. Cómo no tenerla con esta luz.solsobreiglesia.jpg

Luz que depara epifanías en el atardecer.

Me enamoro del árbol acá.

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De como luce el ocaso más allá, en la línea del horizonte de la ciudad.

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