Finalmente me he deslastrado de ese pequeño tormento de saber que tengo cuarenta años.
No me siento de cuarenta años.
Ni me veo de cuarenta años.
Saber que los tengo me causaba angustia.
Pero como me acerco a los cuarenta y uno, ya me da igual.
Con estas edades una se pone más proclive a recordar cuando era jovencita en edad cronológica, porque de alguna manera una se sigue sintiendo así de jovencita de edad mental. El tiempo ha pasado fugaz y nos ha capturado comenzando la segunda mitad de nuestras vidas. Y ¿cómo?, si nos seguimos sintiendo igual. Resabiadas, pero sintiendo igual.
Y pensando en estas cosas me topo con una canción, la cual otrora, en mi pasado lejano pero vívido, alguien -a quien pude haber querido mucho, pero no dejó que así fuera- me dijo que yo le recordaba.
Muchas cosas pueden pasar y cambiar, pero no los sentimientos que se mantienen dormidos y afloran vivos con cualquier evocación.
Pareciera hoy, que tengo 17 años.
