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Cansancio

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Estación de tren de Amberes

Este retorno es un cansancio que socava.
Inaprehensible, elusivo.

Cansancio de los afectos desbordados,
interminables decepciones,
cansancio del paisaje que se burla desde todas sus máscaras
y me erosiona subversivo.

Cansancio de volver, porque volver es un cansancio,
de la nostalgia terminal de lo que creíamos verdad y era mentira,
de lo que ahora es peor que una mentira, pero es verdad.

Cansancio de las rutinas irrelevantes pero imprescindibles,
de la vida que enervada se escapa.
de la mirada contenida en algún lugar seguro.

Cansancios que me clavan la cabeza en una almohada
y mi voluntad desahuciada sobrelleva.

La feria de mis anhelos

insomnio

En el insomnio siento la urgencia,
la urgencia de todo.

De más horas,
de más noche,
de más vigilia.
De más lectura,
de más recuerdos,
de más tiempo,
de más conocimientos.
De soliloquio,
de soledad.
De amor,
de desamor,
de menos felicidad
o más.

El insomio es la feria de mis anhelos.

Se dan cita todos.
Bailan dionisíacos sus ritos secretos,
alucinan sus excesos,
desbordan sus pudores
y se exhiben sin razón.

Me gritan sus deseos,
atormentan con sus reclamos,
hasta que el ruido cesa
al clarear la noche
cuando salgo del ensueño de mi vigilia.

Mis anhelos duermen con la luz,
me dejan en paz
hasta otra nueva noche o igual,
pasada la hora media
en que las urgencias deciden por el insomnio
como si fuera una casa de citas desvergonzadas
o una fiesta patronal.

Y así,
así,
de insomnio en insomnio
se me va la vida.

Cosa Sacra

El libro es un objeto sagrado.

Una invitación a la profanación como toda cosa sacra.
A la manipulación, a la lectura, a la relectura, al subrayado y las anotaciones en los márgenes.
En estos actos lo leído se hace real, participa del cosmos individual, lo evidencia.

Es como el amor. Impoluto primero, objeto de reverencia.
Luego reconocido en cada rincón del cuerpo amante. Concreto en la mutua posesión.
Leído y releído con los sentidos, subrayado y con anotaciones hechas al tacto… con las manos o con la boca o con la lengua.

Sólo se profana lo sacro.

Microbio galáctico

No quiero dormir
Quiero estar despierta
Alumbrada

Me había olvidado de la muerte,
de la mía,
de la obscuridad

[La tragedia de este mundo hace que Dios se pierda de vista, los dogmas religiosos se hacen cliché y la expresión ¡Dios mío! la dejamos de usar porque no hay ninguno y menos que sea de nosotros.]

No quiero que pare la máquina…
El mundo debiera ser infinito,
la vida debiera ser infinita
y cada uno de nosotros dioses imperecederos
soberbios,
eternos,
presentes
siempre
tanto en génesis
como en cataclismos
potentes y supremos.

¿Por qué ceder al sueño,
por qué dormir y despertar
encerrados en una pequeña humanidad
apoyada sobre un colchón de calidad dudosa
en medio de ningún sitio
dispuestos a salir todos los días
de nuestro escondrijo,
recién bañados y vestidos,
a ubicarnos en el engranaje de una rutina
sin objetivo cósmico
para luego un día desaparecer
sin haber afectado para nada el orden del universo?

Porque somos una ficción
una anomalía matemática
grandilocuente
un paramecio galáctico
y nada más

Me rebelo sin éxito contra lo inevitable
y entonces soy insomne
Un microbio herético y sin sueño,
en medio de la Vía Láctea

Tierra

Quisiera comer tierra.
Tomarla con la mano desnuda
y sin preámbulos
ni contemplaciones
meterla en mi boca.
Sentir los granos,
la textura de piedra molida,
el sabor a cosa húmeda
entre mis dientes y la lengua.
Mezclar sus minerales
con mi saliva
y luego hacerla entrar
vitalmente en mí.

Materia de todo génesis,
Asidero para la raíz,
Carne de este planeta.
Policromática como las pieles
soporte de caminos y encrucijadas,
vertedero de lágrimas,
último destino.

Insomnio X

Rasguño la hoja en la madrugada.
En medio de mi insomnio voluntario,
la tenue luz que me acompaña hace la vigilia menos mezquina
Al lado tengo la presencia rítmica y pausada de quien hace, al final, estos insomnios más amables.
Estas tormentas nocturnas culminan en paz con su mirada, siempre primera, en la luz del día.

Tormentas en paz…
Estoy celada por la malla para los mosquitos y en vez de sentirme al borde de una enfermedad tropical intento hacerme a la idea de vivir mil y una noches de encanto rodeada de tules y otras telas nobles.

Las cortinas también están echadas.
En un par de horas el muesín llamará con su canto a la oración.

Yo adivino la luna
fuera
lejos
porque el papel me alumbra
y me llama
y me retiene