… ¿Qué significa viajar, y para qué sirve? Cualquier ocaso es el ocaso; no es necesario ir a verlo a Constantinopla. ¿La sensación de liberación que nace de los viajes? … Continúa leyendo Viajar según Pessoa
… ¿Qué significa viajar, y para qué sirve? Cualquier ocaso es el ocaso; no es necesario ir a verlo a Constantinopla. ¿La sensación de liberación que nace de los viajes? … Continúa leyendo Viajar según Pessoa
El alma pregunta: ¿quién soy?, ¿quién es esta multitud que hierve en mí, como la espuma de un pozo intransitable? Y el silencio la cubre, con la humedad de las hojas caídas.
Le nacen barcas y se pierden en los garfios del espacio, galas y retoños se mueren sin saber de dónde llegaron; sujeta un sentimiento y se le escapa a otro cuerpo, coge una idea tal cual la sardina apresa el oro de la luna, y emprende un viaje al mundo. Cuanto contempla se aleja sin lograr detenerlo.
Se devana en buscar su origen y mientras está más sumergida, encuentra que cuanto la cubre es un gobelino zurcido que la fecunda.
Podría decir. Soy una multitud. Se me adhieren las ideas, los fervores y cuanto existe, sin poseer un centro único y mío. Cada pájaro, hoja, página que me ronda es un lago ignorado que marcha a la vida o se consume dentro de mí. El yo no es mío, se me disuelve al encontrarme sujeta por la belleza, la humildad, las aves y los deseos que me cercan.
Si alguien grita: Soy, desconoce que ese ser es una multiplicidad aprisionada en busca de salida.
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Elizabeth Schön. Antología poética. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela. 1999 (?). p. 30.
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Leer más en:
La Granja Bella de la Casa por Yolanda Pantin.
Antología Poética de Elizabeth Schön. Analítica.
Entrevista con Elizabeth Schön en El Nacional.
Caracas atrapada en el tiempo de Elizabeth Schön por Elizabeth Araujo (página hospedada en Viejasfotosactuales.org sitio web administrado y editado por Ernesto León).
Morelliana.
¿Por qué escribo esto? No tengo ideas claras, ni siquiera tengo ideas. Hay jirones, impulsos, bloques, y todo busca una forma, entonces entra en juego el ritmo y yo escribo dentro de este ritmo, escribo por él, movido por él y no por eso que llaman el pensamiento y que hace la prosa literaria u otra. Hay primero una situación confusa, que sólo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto, y si lo que quiero decir (si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie, lo ilumina todo, conjuga esa materia confusa y el que la padece en una tercera instancia clara y como fatal: la frase, el párrafo, la página, el capítulo, el libro. Ese balanceo, ese swing en el que se va informando la materia confusa, es para mí la única certidumbre de su necesidad, porque apenas cesa comprendo que no tengo ya nada que decir. Y también es la única recompensa de mi trabajo: sentir que lo que he escrito es como un lomo de gato bajo la caricia, con chispas y un arquearse cadencioso. Así por la escritura bajo el volcán, me acerco a las Madres, me conecto con el Centro -sea lo que sea. Escribir es dibujar mi mandala y a la vez recorrerlo, inventar la purificación purificándose; tarea de pobre shamán blanco con calzoncillos de nylon.
(-99)
Rayuela. Julio Cortázar. Capítulo 82. Ps. 512, 513.
Suma de Letras S. L. , 2001.
© Julio Cortázar y herederos de Julio Cortázar. Primera edición, 1963.
«La voz auténtica quizás no sea aquella que tu quieres oír. Todo arte verdadero es subversivo en algún nivel u otro, pero no subvierte clichés literarios o convenciones sociales simplemente; también subvierte los clichés y convenciones en los que a ti te gustaría creer. Como los sueños, habla por partes de ti de las que tú no estás completamente consciente y puede que no te gusten mucho. A veces va en contra de tus principios diurnos, no obstante si intentas limpiar tu acto matarás la vida que hay en lo que tienes que decir.»
Al Alvarez, The Writer’s Voice. Bloomsbury, London 2005, p. 29.
Así como esta cita que me llamó la atención, he subrayado otras varias de este libro. En él, Al Alvarez explora el cómo encuentran su propia voz los escritores, paseando por la vida y obra de Sylvia Plath, Jean Rhys, Shakespeare, John Donne, Yeats, Coleridge, Eliot, entre otros, a través de 3 ensayos titulados Encontrando la Voz, Escuchando y, El Culto a la Personalidad y el Mito del Artista. Cuando encontré este libro de Alvarez en una de las librerías de Dhaka no dudé en comprarlo porque sabía que tendría una lectura amena y documentada no un tratado de erudición inextricable.
Hace varios años, nocturnámbula como soy, leí de este mismo autor y editado por Norma, La Noche, traducido del título en inglés Night: An exploration of Night Life, Night Language, Sleep and Dreams, que me hizo apreciar mejor mi romance con el horario nocturno. Como cosa curiosa me llamó la atención el nombre de Alvarez, tan español de origen en un escritor tan británico en disciplina literaria, quien además toda su vida ha vivido de ser escritor habiendo explorado los géneros de la poesía, el ensayo, la novela y la crítica literaria con bastante éxito. Pero no he podido averiguar su vínculo con el apellido tan castizo.
Alvarez fue durante años editor de poesía en The Observer, el periódico dominical del británico The Guardian, donde vieran publicados por primera vez sus poemas gente como Jean Rhys, Sylvia Plath y Ted Hughes, entre otros. Con estos dos le unió la amistad, y fue testigo de los últimos meses en la vida de Plath, antes de su suicidio. En el artículo (en inglés), Ted, Sylvia and Me relata lo peculiar que le resultó ver el retrato de dicha relación en la película protagonizada por Gwyneth Paltrow personificando a la poetisa así como señala las faltas del guión y otros detalles.
En el género de ensayo ha escrito sobre temas tan disímiles como el suicidio, el montañismo de escalada, y el juego de azar (es un consumado jugador de póker), aparte del oficio de escribir y la noche.
Si consiguen alguno de sus libros de ensayo, no lo dejen pasar.