Categoría: Literatura

Literatura y Libertad [fragmento] – Susan Sontag


Una de las tareas de la literatura es formular preguntas y elaborar afirmaciones contrarias a las beaterías reinantes. E incluso cuando el arte no es contestatario, las artes tienden a la oposición. La literatura es diálogo, respuesta. La literatura puede definirse como la historia de la respuesta humana a lo que está vivo o moribundo a medida que las culturas se desarrollan y relacionan unas con otras. Los escritores algo pueden hacer para combatir esos lugares comunes de nuestra alteridad, nuestra diferencia, pues los escritores son hacedores, no sólo transmisores, de mitos. La literatura no sólo ofrece mitos, sino contramitos, al igual que la vida ofrece contraexperiencias: experiencias que confunden lo que creías creer, sentir o pensar.

Un escritor es alguien que presta atención al mundo. Eso significa que intentamos comprender, asimilar, relacionarnos con la maldad de la cual son capaces los seres humanos, sin corrompernos -volviéndonos cínicos o superficiales- al comprenderlo.

La literatura nos puede contar cómo es el mundo. La literatura puede ofrecer modelos y legar profundos conocimientos encarnados en el lenguaje, en la narrativa. La literatura puede adiestrar y ejercitar nuestra capacidad para llorar a los que no somos nosotros o no son los nuestros.

¿Qué seríamos si no pudiéramos sentir simpatía por quienes no somos nosotros o no son los nuestros? ¿Quiénes seríamos si no pudiéramos olvidarnos de nosotros mismos, al menos un rato? ¿Qué seríamos si no pudiéramos aprender, perdonar, volvernos algo diferente de lo que somos?

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Texto completo en http://www.saladeprensa.org/art579.htm

A veces los dioses – Jorge Sayegh

PEROGRULLO: la única certeza es la muerte.

A veces los dioses son condescendientes contigo y acceden por un momento a que te enchinchorres en la sonrisa de la vida. Puede parecer divertido para uno, pero, cuando comienza a aburrirles tu felicidad, juegan con tus sentimientos como niñito malcriado con su peluche más desafortunado.

A veces tienes la suerte de encontrar el mayor tesoro de esta vida: alguien que te ama. Ojo que no estoy diciendo alguien a quien amar, eso depende de nuestra decisión. La mayoría podría merecer nuestro amor, porque como humanos, si queremos ser más felices, debemos ofrecer lo mejor. Filtrar esa maraña de sentimientos encontrados que llevamos dentro del pecho y que, una vez depurada, sólo puede llamarse amor. Así, a veces, con la gracia de un hechizo lanzado al azar, alguien decide amarte por sobre todos los demás. No olvides entonces agradecerle cada día a los dioses, pues se ofenderán si desprecias su condescendencia contigo.

A veces tienes la suerte de esforzarte en hacer algo que te gusta. A veces lo haces bien, incluso tan bien hecho que te sientes parte especial del universo infinito y que tu labor de hormiguita en el engranaje celestial es mucho más importante que las estupideces que hacen los demás. ¿Mucho más importante que qué?… ¿que quién? No importa. Pero tu vanidad crece como globito colorado de fiesta infantil con leyenda ridícula. Si tienes suerte, tarde o temprano los dioses te pincharán con la agudeza de su divina creatividad para que explotes. Si no, te soltarán el nudito y se carcajearán mientras vuelas sonando a ventosidad, sin poder elegir dónde realizarás el aterrizaje forzoso.

A veces encuentras en los ojos de un niño nuevo, recién salido de fábrica, la alegría olvidada de un amanecer dominguero en la playa, cuando el futuro no era algo que ibas a construir, sino una promesa que te favorecía. Entonces sólo puedes dar lo mejor de ti, porque de lo contrario ese angelito cariñoso se convertirá en un monstruo egoísta, envidioso, cobarde y manipulador. Y en eso los dioses no tendrán la más mínima responsabilidad.

A veces tienes la suerte de que dos guacamayas decidan pasear una muestra gratis de la historia de su amor eterno volando sobre tu cabeza mientras se cuentan los chismes del final de la tarde. Chismes que sólo los dioses entienden.

A veces los dioses te regalan a alguien que piensa en ti y te solicita. Y tú lo pospones y te ocupas de otros y pones en espera a ese que siempre te recuerda con esperanza. Y pasa el tiempo. Y entonces lo olvidas. Lo olvidas hasta que los dioses te arrean a su recuerdo, como al ganado hasta el lugar donde sólo queda experimentar la inevitable realidad del matadero. Y cuando quieres enmendar es demasiado tarde.

A veces todo se te va en un abrazo. En un último beso. En un último suspiro.

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[Leí esto en El Universal donde Sayegh es columnista, hace un par de días y quería compartirlo con ustedes porque me gustó mucho. También quería conservarlo aquí para que no se me pierda en el océano de bookmarks de mi browser. Espero que lo disfruten.]

A propósito de “soldados” civiles…

Civil y soldado – fragmento

Espero encontrarme algún día
de nuevo con tu espectro en la trinchera,
anunciando «Soy un soldado». Entonces no habrá titubeos
y te habré de disparar certero y justo
con la carne y el pan y la vasija de vino.
Un racimo de pechos en cada brazo y aquella
solitaria pregunta, ¿sabes, amigo, incluso ahora,
el porqué de todo esto?

Wole Soyinka Idanre y otros poemas

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Leído en este excelente blog Contrabandos adonde llegué por Caja Virtual.
No aguanté la tentación y lo copió en vez de referirlo.

Arte Poética – Jorge E. Eielson

Lo que quiero decir
Es que no tengo nada que decir
Que todo lo que digo
Lo digo solamente
Solamente lo digo
Sin decir nada
Que mis palabras son fragmentos
Balbuceos de una frase oscura
Migajas de una vieja historia
Repleta de personajes
De señores y señoras que pasean
Bajo grandes cielos mudos
Sin saber que su sonrisa
Sus vestidos y sus huesos
Paseaban tranquilamente
Hace millares de años
Y seguirán paseando todavía
Millares de años mas. Fragmentos
De una catástrofe celeste
De un insondable estornudo
Tan parecido al amor
Y hasta a la misma muerte
Que no distingue la arcilla
De la nada y nos sorprende cada día
Amarrados a una cama o una silla
Bajo la misma luz miserable
El mismo desolado torbellino
Como el balbuceo de una frase oscura
Y sin embargo centelleante
Que todo lo dice claramente
Sin decir nunca nada.