Los poetas, los artistas, nos desempolvan la belleza cuando sentimos que la vida nos la esconde. Gracias a Montejo llegué a Pessoa. Y gracias a Pessoa redescubrí a Montejo.
Con Montejo la nostalgia por mi país cobró otra dimensión… la sentía acompañada por la voz contundente de un hombre universal que me develó la posibilidad de extrañar a mi tierra como experiencia íntima, sin las constricciones que todos los símbolos que la significan hoy en día infligen en ella, reduciéndola a una caricatura de nacionalismos superficiales y de mal gusto.
La nostalgia por la nostalgia, la imperecedera sensación de estar extrañando lo que nos falta y que no sabemos qué es. La búsqueda de la belleza en la palabra, en el verso, en el poema. La precisión del lenguaje, enaltecido y dignificado en esta era de vilezas que nos ahoga. Remanso para quienes sentimos el agobio de la vulgarización contaminante de todo quehacer. Eso y mucho más ha representado la poesía de Montejo para mí.
Ahora nos someteremos a la memoria, luchar contra el olvido. Recordaremos a Montejo, y el recuerdo nos dirá de los poemas que no llegaron, los que añoraremos haber querido leer pero que el tiempo y la enfermedad escamotearon a su vida, poniéndole punto final a todas sus nostalgias.
Verdaderas muestras de afecto y admiración en la red ha provocado la muerte de Eugenio Montejo. Su poesía, gracias a la película 21 gramos, fue proyectada de formas insospechadas a nivel internacional, pero para nada debe a este hecho su lugar en las letras hispanas. Conmueven los testimonios y los homenajes, incluso los pocos anti-homenajes que con todo y el cinismo que destilan no pueden sino reconocer la trascendencia e importancia del arte de este poeta. La poesía siempre establecerá esa relación íntima y misteriosa con el lector. No hacía falta haber conversado con Montejo en persona, para sentir que se había conversado con él luego de la lectura de sus textos y sentir, pués, afecto, pertenencia. Esa magia es la que destila el homenaje que en la red ha suscitado esta partida.
[Atardecer en uno de los canales del Delta del Okavango – Botswana]
Uno viaja y de repente se encuentra en un sitio inimaginable. Inimaginable porque uno nunca previó el portento que ejercería sobre uno. El portento de preguntarse, por ejemplo, cómo es posible la maravilla de una luna en el atardecer naranja y rosa de este delta y que pueda atestiguarlo. Sí, el portento de las preguntas que afloran del asombro ante el encanto del mundo, ante la belleza al alcance de la mano que tantas veces nos empeñamos en ignorar.
Esta brisa en el Okavango pudiera ser la que viene todos los días a golpe de 5 y media de la tarde por el corredor de viento desde el Este atravesando Caracas. La brisa que se lleva la contaminación del aire todos los días. La que me trae los recuerdos de niñez en el jardín de casa de mamá en Los Dos Caminos.
Pienso en el olor a monte fresco al amanecer que no es otro sino el olor del llano húmedo despertando con el ulular de las palomas y la algarabía de los demás pájaros que se aprestan a iniciar el día. El llano de otras tantas memorias.
En las preguntas consigo la ubicuidad y la epifanía. Las respuestas son redundantes del asombro que quisiera eterno.
[El ocaso ya muriendo – Delta del Okavango, Botswana]
Me encuentro donde me encuentro.
No pierdo el horizonte.
Viene a mí con cada amanecer
y se queda impreso en el ocaso.
La noche es la misma siempre,
sin latitud ni longitud.
En ella habito.
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[Retrato de Anna Ajmátova por Nathan Altman, 1914]
Casi para un álbum
Al escuchar un trueno, me recordarás pensando: ella añoraba las tormentas… En el cielo la franja será escarlata ardiente y abrasará el corazón, como antes. Eso ocurrirá un día en Moscú cuando abandone la ciudad para siempre y retorne al anhelado hogar dejando entre ustedes sólo mi sombra.
Tal vez muchas cosas quieran aún ser cantadas por mi voz: lo que retumba en el silencio, o lo que emana de la roca en la oscuridad profunda de la tierra, o tal vez lo que en el humo se revela. Todavía no he aclarado mis cuentas con el fuego, ni con el viento, ni con el agua… Pero muy pronto este sopor me abrirá las puertas de par en par llevándome tras una estrella matutina.
Nuestro oficio sagrado existe hace miles de años… y sólo con su luz le basta al mundo. Pero ningún poeta ha dicho aún que no existe la sabiduría, ni la vejez, y puede ser que no exista la muerte.
Qué nos importa al fin y al cabo que todo se convierta en ceniza, en cuantos precipicios canté y en cuantos espejos viví. Que no sea yo sueño ni consuelo y mucho menos paraíso. Pero puede ser que con frecuencia tengas que recordar el rumor de las líneas sosegadas y el ojo que oculta en el fondo aquella corona de flores, punzante y oxidada, en su tranquilo silencio.
Tú me has inventado. No existe en el mundo alguien así. No podría existir. Ni los médicos curan ni los poetas alivian, la sombra de un fantasma te perturba día y noche. Nos encontramos en un año monstruoso, cuando las fuerzas del mundo se habían agotado, todo estaba marchito y enlutado por la desgracia, y solo las tumbas eran frescas. El talud del Neva, sin faroles, era negro azabache. La noche sorda se erguía alrededor, como un muro. ¡Entonces mi voz te llamó! ¡Qué hice! Yo misma aún no lo entiendo. Y tú llegaste a mí como una estrella conocida, huyendo del trágico otoño, hacia aquella casa desolada para siempre, de donde salió una bandada de poemas incinerados.
Cuando aguardo su llegada por las noches, pareciera que la vida pende de un cabello. ¿Qué son los honores, la juventud, la libertad, ante la dulce huésped con su flauta en la mano?
Y entra, me mira fijamente y me quita la manta. Le digo: «¿Fuiste tú la que le dictó a Dante las páginas del Infierno?» Y responde: «Yo»
1924
Indagando para la escritura del post encontré este audio rarísimo de la Ajmátova recitando en ruso este poema. Para los rusos, la declamación de poesía es un arte que debe ser dominado por todo poeta. Generalmente, la declamación tiene un tono muy dramático. Este audio es una rareza sobre todo porque Ajmátova pasó una buena cantidad de su vida impedida de escribir y publicar poesía por el estado, por lo que no está bien documentada audiovisualmente. La poesía de Ajmátova es una crónica de su vida y como tal era considerada de ningún uso para la Revolución. Una poesía ajena al realismo social impuesto como género en todas las artes, pero de crónica de los sufrimientos de las persecusiones desde un óptica íntima.
Durante los últimos años de su vida fue rehabilitada por el régimen aunque aún su conjunto de poemas más famoso Réquiem siguió siendo censurado hasta mucho después de su muerte en 1966. Réquiem fue publicado legalmente y por primera vez en Rusia en 1987, aunque ya había sido ampliamente diseminado en el exterior gracias al contrabando de los samisdat, ediciones hechas a mano que circulaban de forma subrepticia al margen de las autoridades responsables de aprobar toda publicación. Se especula que Stalin no se atrevió a eliminar a Ajmátova, tal y como hizo con otros poetas, por su extrema popularidad entre la gente.
La grabación es de 1963 y fue tomada de un documental llamado The Anna Akhmatova File. A mí siempre me impresiona oír poemas en la voz de sus autores. Me gusta oír en sus voces la resonancia de lo que los inspiró.
Anna Ajmátova. Soy Vuestra Voz. Antología. Selección, prólogo y traducción del ruso Belén Ojeda. Edición Bilingüe. Ediciones Hiperión, 2005. Madrid, España.
Sobre la traducción: Belén Ojeda es venezolana. Músico y poeta, y quizás autora de las mejores traducciones de la Ajmátova que he leído. Teniendo la suerte de leer algo de ruso puedo decir que es de las más fieles. Mientras otras traducciones intentan reproducir la rima de los poemas de Ajmátova, Ojeda se afinca en la traducción más literal pero más fiel al sentido y contundencia de las palabras de la poeta. He coleccionado por años versiones de las traducciones de Ajmátova, se consiguen algunos poemas de las más difundidas de María Teresa León y Rafael Alberti, creo que versionadas del francés. No se comparan con ésta. Y olvídense de las del inglés. El castellano se adapta mejor a ciertas metáforas, sentido de las palabras y gramática rusas.
Bangladesh-India connection: Ajmátova tradujo 8 tomos de las obras completas de Rabindranath Tagore del inglés al ruso. Mucha de la obra de Tagore, la tradujo él mismo al inglés del bengalí. Y ella tradujo del inglés.
Anna Ajmátova es una de mis poetas favoritas. Me proporciona un vínculo, imágenes con las que me puedo relacionar, a las vidas de mi bisabuela y mi abuela por lado paterno. Me gusta pensar que quizás se cruzaron alguna vez en San Petersburgo o que quizás mi bisabuela fue a alguno de sus recitales. Qué iba a pensar esa bisabuela mía, que más nunca vió a su hija luego de la Revolución de 1917, que terminaría teniendo una bisnieta venezolana viviendo en un país como Bangladesh. La globalización no sólo la han producido la economía y la tecnología, sino también las guerras.