el pecho cerrado
la voz sofocada
las letras difusas atomizadas
situaciones que no convergen por coincidencia
El poema
yace
atado
en el fondo
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el pecho cerrado
la voz sofocada
las letras difusas atomizadas
situaciones que no convergen por coincidencia
El poema
yace
atado
en el fondo
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De las cosas buenas que me han pasado en este año en Venezuela, está el grupo de Literaria Blog. El grupo se reunió como si fuera una conjunción galáctica. No sé si hubo planetas alineados o qué, pero sin más gente que se conocía en persona y otras como yo que sólo sabía de todos por sus blogs o las notas de facebook, nos tomamos un café y en diez días se generó la primera experiencia de Literaria blog, donde leímos nuestras entradas en el blog proyectadas en video a una pantalla mientras la gente se tomaba un vinito… El evento fue largo, y alguna gente se fue, pero los que participamos salimos caminando en el aire.
Mañana la experiencia será algo diferente porque experimentaremos cómo nos leemos entre nosotros. Es decir, cuál es la preferencia de textos que tienen nuestros pares en el grupo, así que será una velada de sorpresas. Luego para la siguiente sesión en unas semanas, estaremos proponiendo lecturas de otros blogueros a quienes no conocemos en persona pero que leemos asiduamente.
Reproduzco la invitación de facebook:
Literaria Blog se complace en invitarlos a una lectura de blogs. Leeremos los blogs de otros, compartiremos impresiones, opiniones, e impacto sobre cada uno de nosotros de la escritura de los demás en la Red.
Contaremos con la lectura de los blogs de: Keila Vall, Kira Kariakin, Cinzia Riciutti, Georgina Ramírez, Eleonora Requena, Ricardo Ramírez Requena, Mario Morenza y Ruth Hernandez Boscán.
¿Por qué soy seguidora de éste blog?, ¿qué me lleva a leerlo consecuentemente?, ¿soy una lectora espía o una lectora abierta?
Sobre éstos y tantos temas conversaremos y leeremos en un final de tarde, comienzo de noche acompañado de vino.
Los esperamos. La cita es en la librería El Buscón , en el Paseo Las Mercedes a partir de las 7pm como hasta las 10pm entre lecturas y conversa.

Mirar la ventana. Por la ventana. Contemplar el exterior raramente inamovible. Observar sólo el transcurrir del tiempo.
A la ventana. Por la ventana. Como un espejo dañado que no refleja sino que se roba la imagen y la dispara haciendo que se pierda en la atmósfera, atomizándola ahora invisible en alguna nada estéril, sin posibilidad ni siquiera de miedo.
Mirar la ventana. Poder apreciarme en la contemplación del lado de acá. Sin disturbios en mi entorno que impidan la visión introspectiva, el acceso al cosmos real e ignoto, a la prisión invertida del infinito interior. Único mapa por dibujar, con fronteras que demarcan hacia dentro pero impiden hacia afuera.
Estoy en la habitación mirando a la ventana. Por la ventana.
Todo ocurre tras los ojos que miran durante la conciencia que se revela.
El 22 de agosto cumplí un año de haber dejado Bangladesh, el sábado mi sobrina cumplió añitos dejando ya de ser una bebé de 5, para convertirse en una niña de 6 y hoy, si mi abuela Ludmila viviera estaría cumpliendo 110 años.
El hecho de que ya haya pasado un año de mi partida de Bangladesh me impresiona sobremanera porque aún siento en mí la sensación de llegada. Aún hay cosas por acomodar en mi casa, cosas en cajas que por falta de espacio no puedo poner, como cuadros y adornos. Cosas que añoro como libros que dejé y recién me percato de ello al extrañarlos o querer releer algún párrafo o capítulo. Extraño la vida social que tenía allá, llena de compromisos instantáneos para un café, una cena o sencillamente vernos todos a los que nos unía la particularidad de estar residenciados en un país tan ajeno a nosotros. Tengo un poquito de nostalgia, sí. Pero también se me quita con ver El Ávila, exhibiendo sus diversas tonalidades, los atardeceres de Caracas, a los que hay que cazar con la vista a través de la selva de edificios que invaden el valle, ya sea transitando por la autopista o si por suerte se está en algún lugar alto.

Atardecer en Caracas desde la autopista
Se me consolida el júbilo de estar acá cuando alguien me dice «mi reina» en la calle o me echa un piropito. Aquí la gente se queja de ese exceso de confianza que se agarra la gente. Para mí es maravilloso que exista, porque me refuerza el sentido de querer vivir en democracia. Aquí nadie es más que nadie.
Pero esa sensación de llegada no se me quita. Aún estoy familiarizándome con los abismos que parecen separarnos y las insólitas referencias culturales, que sobreviviendo cualquier circunstancia, nos aglutinan bajo una misma bandera como lo puede ser una Miss Universo.
País de paradojas, paroxismos y parodias.
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Y así como reparo en esta nostalgia extraña de estar afuera, también me afianzo en la solidez de los afectos familiares como las sobrinas con las que por fin comparto algo más que una visita azarosa y breve, y el recordar hoy, en un aniversario más de su nacimiento, a mi abuela paterna, Ludmila. Fue una sobreviviente de revoluciones, guerras y migraciones asumidas como vinieron, sin darle mayores vueltas. Agradezco su vida y la extraño mucho. Nació en 1899 y nos dejó en 1992.
Hace unos 3 años escribí algo pensando en ella,… pensando también en las casas que he tenido, las memorias, las amistades dejadas en otras geografías.
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Las llaves de mi abuela
Mi abuela tenía las llaves de todas sus casas
La llave de su casa en San Petersburgo
La llave de su casa en Constantinopla
La llave de su casa en Hamburgo
La llave de su casa en Varsovia
La llave de su casa en Salzburgo
La llave de su casa en Coro
La llave de su casa en Valera
La llave de su casa en Caracas
La primera era enjoyada y exquisita
Las otras de hierro forjado, diseños curvilíneos e interesantes
Las tres últimas modernas, sencillas y familiares
Mi abuela tenía todas sus llaves en un manojo
El manojo está extraviado,
oculto en alguna parte
que no logro encontrar
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…. Espero de alguna manera conservar el mío y pasarlo de mano… que nadie lo añore durante un aniversario o en medio de una rememoración llena de nostalgia y algo de tristeza.
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