Mojé el dedito

Más por la experiencia de votar en este gobierno de maquinitas, que ha organizado unas 10 experiencias electorales, que por la convicción de hacerlo en estas elecciones de concejales y juntas parroquiales en Venezuela es que acudí al centro de votación que me tocaba.

Fui la primera vez a la una y pico de la tarde para encontrarme con una cola de unas 9 personas y la noticia dada por un viejito sentado allí desde las 8 de la mañana de que apenas acababan de llegar los aparatos para ser instalados y que debíamos esperar a que habilitaran tanto las caza huellas como las máquinas de votación.

Decidí irme a casa a darle chance al CNE de cumplir con su trabajo que debió haber hecho el día anterior o temprano en la mañana. Tomé una siesta después de almorzar, y a las 5 disponiéndome a darme una ducha antes de salir de nuevo, oigo una voz de altoparlante desde un vehículo circulando por estas calles diciendo ¡Vayan a votar! ¡Ese es su derecho, salgan de sus casas y vayan a votar!

Mamá andaba pegada a Globovisión y saltando constantemente a VTV a comparar las transmisiones de información y escucho que han prorrogado la votación hasta las seis, así que ya bañada y fresca me enrumbo a mi centro de votación caminando como a las cinco y veinte de la tarde. En la vía me cruzo con camionetas de CANTV que se dirigen a recoger (supongo) los aparatos. Llego al centro y está íngrimo. Me toman las huellas en el aparatico, y me voy para mi mesa. No hay nadie votando en ninguna de las tres mesas y algunos miembros están recostados con los brazos cruzados echando un guindecito o cotorreando con los guardias nacionales. En la página del cuaderno electoral donde estoy listada sólo hay una sola firma de alguien que como yo decidió votar. Cuando buscan mi nombre al pasar las páginas, veo que hay muy pocas firmas en todo el cuaderno.

Amablemente me preguntan si sé como votar y les digo que ya voy a averiguarlo. La cosa me recuerda a esos jueguitos donde apretábamos un botón en un tablero electrónico y se prendía una lucecita si dábamos con la respuesta correcta. Esos del cuerpo humano o la estructura del ojo. Una vez que les digo que ya sé cómo es la cosa activan la máquina y voto.

Salgo, meto el papelito de la constancia en la caja y me piden que moje el dedo meñique en un potecito con un líquido tráslucido y no sé porqué me da por meter el pulgar para quitarme la tinta de la huella estampada en el cuaderno de votación. Todo el mundo se ríe y el hombre me moja el dedo meñique y me dice que lo meta en el pote con la tinta violeta hasta el fondo, mientras las mujeres de la mesa le dicen que sí es malo por mancharme medio dedo. Como si la cosa me fuera a dañar o «rayar». Y yo les digo no pero si está bien yo pienso que sí hay que votar. Y es verdad que lo pienso pero también que a los que no les parece están en lo correcto y en su derecho desde su punto de vista.

Me voy limpiándome el exceso de tinta con una servilleta. Paso por enfrente del centro de acopio del Comando Maisanta donde han estado de parrilla y música desde el mediodía como pude constatar en mi primer intento de votación. La cosa sigue y pude ver por el portón abierto a una «compañera» en chaqueta kaki revolucionaria reclamándole con el dedo índice acusador a otro «compañero» que lo único que andaba haciendo era echarse tragos o algo nada revolucionario por el estilo. No sé si estaban celebrando algo en esta sede del comando o si es la actividad de los domingos degustar una parrillita para recompensar los esfuerzos combativos de la semana.

A una cuadra de un centro de votación vacío a las cinco y media de la tarde y que no había empezado a operar sino después de pasada la una, yo con el dedito violeta aún mojado y escuchando al pasar las querellas nimias de un comando electoral en actividades recreativas en pleno día de elecciones, me preguntaba adonde nos llevará el constante ejercicio del absurdo y la indolencia. Donde votar se resume a escanear, estampar huellas o enchumbar deditos en tinta, porque lo de apretar botones virtuales en tableros y pantallas no sabemos si tenga algún tipo de significado o impacto.

De todo esto lo único concreto y real que queda es un dedito meñique de color violeta.

Desaparecida

He estado desaparecida de por acá, pero es que no he parado de ver gente y andar de familia. Llegué ayer del Parque Nacional Morrocoy (para los no nativos son cayos o isletas con playas de aguas cristalinas y arrecife de coral) donde la pasé rico luego de una sucesión interminable de cenas y almuerzos los días previos. Ya me quedan sólo dos semanas de vacaciones en Venezuela y espero ver a todos aquellos a quienes quería ver.

Por lo menos, llegué a conocer a unos pocos blogueros vía cortesía organizacional de Topocho y compartir un poquito y constatar lo que se ve y lee en línea que es que son gente muy especial. Me faltan otros blogueros que ya contactaré personalmente. También me faltan amigos y alguna familia por ver.

Entretanto, me estrenaré en las maquinitas de votos este domingo y empezaré la preparación mental de tener que desprenderme de nuevo de lo único mío que es la familia, los amigos, esta ciudad de Caracas que nos marca para bien o mal, este país donde la palabra tragicomedia adquiere realidad.

No he tenido tiempo de ver prensa y he querido más bien empaparme de lo que veo alrededor y escucho de la gente. Ya escribiré de ello en algún momento, quizás cuando esté en Bangladesh viendo las palmas de coco desde la ventana tratando de recrear en la memoria el mar tibio de nuestras costas y el no sé qué de alegría, viveza, picardía, sinvergüenzura, y amabilidad confianzuda que caracterizan a nuestra gente para nuestro deleite o embarazo dependiendo de si lo vemos como cualidad o defecto. Que bien sea uno u otro, es siempre nuestro y no se encuentra en otra parte.

¡Espero veros blogueros!

Bueno por supuesto que ya me metí mis arepitas, chicha, cocada, asquerositos, etc pero luego de salir de ver al chorro de primos, cuñados, etc este fin de semana me encantaría cuadrar un día en algún lugar donde sea fácil llegar para conocer a aquellos con quienes nos hemos estado leyendo-comentando-posteando en estos meses. Es que no me puedo ir de aquí sin conoceros, ¡jolín!

Así que no sé como podemos organizar la cosa ya que sé que muchos estarán de vacaciones o por irse pero de verdad que me gustaría conocerlos en persona. De repente un viernes al final del día o un sabado, en fin no sé. Oigo sugerencias en cuanto a sitios, días, etc porque ando desactualizada de dónde nos podríamos reunir que sea chévere y económico. Si quieren hablar conmigo solo mándenme a gmail un correo a nombre de kirakar con su número e igual les mando mi teléfono y cuadramos.

En Caracas

Me preguntan si estoy en mutis. Y sí pero por las circunstancias. Es que aterricé en Caracas el 13 de julio. Luego de muchos deseos por venir, que se veían frustrados por cuestiones de trabajo, disponibilidad de dinero, etc. con mucha brega Lino y yo terminamos de resolver la venida con una breve estancia en Barcelona con la rusa joropera, mi hermana, para luego aterrizar aquí.

Todavía andamos en fase de encuentros con amigos y familia, y aunque he estado deseosa de postear he estado limitada por el dinosaurio de computadora de mi mamá que no tiene puertos usb y se maneja con windows 98, mientras consigo un adaptador de enchufe de viajes que de capocha no compré de venida para usar mi laptop posteando fotos y pues cómoda para escribir.

La gente con la que nos encontramos nos pregunta que cómo encontramos esto o si ya superamos el shock. La verdad es que estamos felices de estar aquí, y nuestro patrón de comparación es diferente porque no venimos ni de Europa ni de Estados Unidos. Así que para nosotros esto es una maravilla y de paso es nuestra maravilla. El Avila sigue cuidando a Caracas y la picardía, sentido del humor y amabilidad de mi gente es con lo que me he topado hasta ahora. Estoy en casa.