Luego de semanas de extremo calor en las cuales la temperatura fluctuó entre 33 y 40 grados centígrados. Hoy, luego de someternos a la incertidumbre de si el 14 de junio sería de verdad la fecha del inicio del monzón -como tradicionalmente es-, ha reventado una lluvia con truenos y relámpagos que ya tiene cayendo dos horas y media ininterrumpidas y que no pareciera tener intenciones de amainar.
La incertidumbre se nos presentó en la forma de un cielo encapotado y pesado durante los tres últimos días. A veces unas gotas de segundos amenazaban con dejar libre al cielo, pero nada. Nos sentimos por esos tres días como si viéramos oscilar una bombita de agua monstruosamente a reventar sobre la punta de un alfiler. Esperando que el peso del agua solucionara el agobio del calor dakhaíta.
Algunos llegaron a pensar que en realidad sí estaba lloviendo esos días pero que el agua se evaporaba antes de llegar al suelo, contribuyendo a la espesa humedad que nos estaba empapando el alma de bochorno. Pero no era sino una de esas alucinaciones (con el perdón de los alucinados) que estos climas tropicales producen sobreimponióndose a toda razón.
