Microbio galáctico

No quiero dormir
Quiero estar despierta
Alumbrada

Me había olvidado de la muerte,
de la mía,
de la obscuridad

[La tragedia de este mundo hace que Dios se pierda de vista, los dogmas religiosos se hacen cliché y la expresión ¡Dios mío! la dejamos de usar porque no hay ninguno y menos que sea de nosotros.]

No quiero que pare la máquina…
El mundo debiera ser infinito,
la vida debiera ser infinita
y cada uno de nosotros dioses imperecederos
soberbios,
eternos,
presentes
siempre
tanto en génesis
como en cataclismos
potentes y supremos.

¿Por qué ceder al sueño,
por qué dormir y despertar
encerrados en una pequeña humanidad
apoyada sobre un colchón de calidad dudosa
en medio de ningún sitio
dispuestos a salir todos los días
de nuestro escondrijo,
recién bañados y vestidos,
a ubicarnos en el engranaje de una rutina
sin objetivo cósmico
para luego un día desaparecer
sin haber afectado para nada el orden del universo?

Porque somos una ficción
una anomalía matemática
grandilocuente
un paramecio galáctico
y nada más

Me rebelo sin éxito contra lo inevitable
y entonces soy insomne
Un microbio herético y sin sueño,
en medio de la Vía Láctea

Tierra

Quisiera comer tierra.
Tomarla con la mano desnuda
y sin preámbulos
ni contemplaciones
meterla en mi boca.
Sentir los granos,
la textura de piedra molida,
el sabor a cosa húmeda
entre mis dientes y la lengua.
Mezclar sus minerales
con mi saliva
y luego hacerla entrar
vitalmente en mí.

Materia de todo génesis,
Asidero para la raíz,
Carne de este planeta.
Policromática como las pieles
soporte de caminos y encrucijadas,
vertedero de lágrimas,
último destino.