No quiero dormir
Quiero estar despierta
Alumbrada
Me había olvidado de la muerte,
de la mía,
de la obscuridad
[La tragedia de este mundo hace que Dios se pierda de vista, los dogmas religiosos se hacen cliché y la expresión ¡Dios mío! la dejamos de usar porque no hay ninguno y menos que sea de nosotros.]
No quiero que pare la máquina…
El mundo debiera ser infinito,
la vida debiera ser infinita
y cada uno de nosotros dioses imperecederos
soberbios,
eternos,
presentes
siempre
tanto en génesis
como en cataclismos
potentes y supremos.
¿Por qué ceder al sueño,
por qué dormir y despertar
encerrados en una pequeña humanidad
apoyada sobre un colchón de calidad dudosa
en medio de ningún sitio
dispuestos a salir todos los días
de nuestro escondrijo,
recién bañados y vestidos,
a ubicarnos en el engranaje de una rutina
sin objetivo cósmico
para luego un día desaparecer
sin haber afectado para nada el orden del universo?
Porque somos una ficción
una anomalía matemática
grandilocuente
un paramecio galáctico
y nada más
Me rebelo sin éxito contra lo inevitable
y entonces soy insomne
Un microbio herético y sin sueño,
en medio de la Vía Láctea
