Rasguño la hoja en la madrugada.
En medio de mi insomnio voluntario,
la tenue luz que me acompaña hace la vigilia menos mezquina
Al lado tengo la presencia rítmica y pausada de quien hace, al final, estos insomnios más amables.
Estas tormentas nocturnas culminan en paz con su mirada, siempre primera, en la luz del día.
Tormentas en paz…
Estoy celada por la malla para los mosquitos y en vez de sentirme al borde de una enfermedad tropical intento hacerme a la idea de vivir mil y una noches de encanto rodeada de tules y otras telas nobles.
Las cortinas también están echadas.
En un par de horas el muesín llamará con su canto a la oración.
Yo adivino la luna
fuera
lejos
porque el papel me alumbra
y me llama
y me retiene