Mes: mayo 2005

Por fin… Flickr

Bueno finalmente me decidí y abrí mi cuenta de flickr. http://www.flickr.com/photos/k-minos

Tenía el rollo de que quería poner las fotos en el sitio por mí mísma (photohosp, html, etc.) pero editar el asunto manualmente me daba de todo.

En esto días mudaré las fotos de Nepal allá y pondré más, así como las que he ido prometiendo de Egipto, Bangladesh, y los viajes por Africa del Este.

Las de Malasia no están tan buenas como quisiera porque me quedé sin cámara digital y estoy escaneando los negativos que es bastante barato aquí, pero lo hacen a las patadas. Las fotos en papel quedaron bastante bien pero el revelado tergiversó un tanto el color. Están bajas de magenta.

Espero tener una nueva cámara pronto porque Lino va a Tailandia y esa es una de sus tareas o si salgo otra vez, a sacarme la visa en unos diez días. La cosa es que sacarse la visa aquí cuesta casi que tanto como viajar y calarse el trámite de la embajada con estadía incluída en uno de los países aledaños. Es mejor darse el gustico a regalarle la plata a algún funcionario… Hacer el trámite legalmente es casi imposible sin contar el riesgo de que se pierda el pasaporte. Con 140 millones de habitantes sin identificación no les quiero contar como son las oficinas de extranjería.

Encontrarán las mejorcitas fotos de Malasia en flickr y ya viene el relato de KL. Lamento que los haya hecho esperar tanto pero es que de verdad me ha costado sentarme y concentrarme en ello.

Ranteo por un amor eterno

Estoy grabando rancheras de Juan Gabriel para la fiesta mexicana de esta noche en el club americano de Dhaka, y me acuerdo de tantas noches en Caracas donde alguien se aparecía con los mariachis de Las Mercedes a dar el serenatazo, cómo todos cantábamos a gaznate desnudo «Querida», o cómo nos poníamos a llorar con Rocío Durcal cantando «Amor eterno» en recuerdo de su hijo muerto viendo Sábado Sensacional. Sí, lo confieso, yo me viví intensamente el pop-culture nacional.

Redescubrí con toda su intensidad a Simón Díaz en Uganda, a quien Lino y yo escuchábamos con la más acérrima de las nostalgias por el Llano, destilada al son de una tonada bajo la luna africana. Y así con Simón, a Gualberto Ibarreto, a la Serenata Guayanesa, y otros. Una delicia apreciar las cadencias de nuestra música luego de estar bombardeado por los falsetes de la música India o el exceso del ritmo africano. Cuando confesé a algunos panas en Caracas nuestros despechos nacionalísticos, todos andaban, pero y bueno, ¿Simón Díaz? Pues sí, no es gratuito que tipos como Gaetano Veloso canten sus canciones. Realmente es uno de los poetas de la esencia de nuestros llanos. Lo digo sin embagues. Quien no haya estado metido en un monte del Llano por, como mínimo una semana, íngrimo sin ver a nadie en días con la única compañía de la sabana y un río quizás no lo pueda entender. Y lo mismo digo de oír un polo o un toque de tambor a San Juan proveniente de nuestras costas o un calipso guayanés. Quizás es ese esnobismo seudoniuyorquino que invade a cierta «élite» (entre soberanas comillas) caraqueña que le parece de lo last y le eriza los pelos del cuerpo cualquier expresión sincera de amor al país de uno, la cuál no sé porqué para ella es como una suerte del summum del kitsch. Qué vaina.

Oigo a Juanga decir a cada rato en la grabación de su concierto en el Palacio de Bellas Artes, ¡Qué viva México! y me pregunto qué será lo que nos impide decir ¡Qué viva Venezuela! siempre y a pesar de cualquier historia, porque ese es un amor que debiera ser eterno y sacarnos lágrimas con hipo como con cualquier canción de Juan Gabriel y mucho más.

Sobre la maldad, rebanadas de queso y otras democratizaciones

No podemos seguir democratizando la estupidez.
Tascón persigue a Tascón . Alberto Barrera Tyszka. 24.04.2005. El Nacional

Esta frase la traigo a colación porque últimamente lo que se lee en los diarios venezolanos no hace sino reflejar cierta inclinación a hacerse los “gafos” que presentan tanto líderes chavistas como de oposición y la tendencia a querer “mediocrizar” todos lo niveles de la vida social y productiva igualando por lo bajo como expresión de una práctica heredada del pasado. Se lee acusaciones a universidades por exigir la excelencia entre el alumnado que ingresa o a instituciones y empresas por otorgar puestos de trabajo o ascensos en virtud de los méritos de los empleados. Regaños y reconciliaciones como si presenciáramos el ensayo de una telenovela en vez de una acción de gobierno. Esto hace preguntarme qué es lo que realmente quiere el gobierno y por extensión la Venezuela que lo ha elegido y la que ha aceptado la voluntad de la mayoría.

Lo de que las universidades sean elitescas porque no aceptan pobres es una distorsión de lo que realmente ocurre. Nadie es discriminado por pobre en los procesos de admisión, lo que filtra son las notas y el desempeño en el examen. La educación media deficiente es lo que causa esto. Admitir a gente sin adecuada preparación académica sólo provocará su fallo en la universidad.

Recuerdo que estudiando periodismo en el cuarto semestre nos tocó de compañera de estudios una señora que era empleada de limpieza. Su ingreso se produjo gracias a acuerdos gremiales. Leyendo una de sus prácticas me desconcertó comprobar que la señora no sabía escribir (tenía capacidad de redacción de pre-escolar) y posiblemente tampoco leer muy bien. Cómo llegó a ese nivel de la carrera en esas condiciones, todavía no lo sé. Es obvio que la señora quería superarse porque si no, para qué calarse clases de noche después de pasar el día coleteando. La falla estuvo en no preparar a esta señora para estar al nivel de lo que se exigiría luego de ella. La universidad podría tener para quienes ingresan con estos acuerdos, así como para estudiantes de menos ingresos y que asisten a colegios y liceos públicos cursos de nivelación pre-universitaria, previos a los exámenes de admisión. Porque tampoco pueden las universidades lavarse así como así las manos del problema si pretenden formar parte activa de nuestra sociedad.

La crítica a la “meritocracia” todavía no la entiendo porque hasta en partidos políticos los que hacen méritos son los que ascienden. En una sociedad competitiva se hace imperativo ganar méritos. Tener mejores estudios y/o mejor experiencia de trabajo, mejores actividades extracurriculares, mejores modales, más idiomas, etc. hacen diferencia en lo que se le puede aportar a la empresa, institución o gobierno en donde se trabaje. Creo que esto es una realidad de perogrullo. A menos que queramos eliminar el concepto de competitividad de nuestra dinámica social.

Pero la superación no sólo tendría que venir por el lado educativo y profesional sino social y económico. El presidente afirmó en estos días que ser rico es malo ¿Cómo es eso? Qué tiene de bueno vivir la pobreza venezolana sometida a los desmanes de los delincuentes del vecindario, la policía, la falta de justicia, la falta de educación y tener que conformarse con unos médicos cubanos sin recursos en vez de contar con el mejor servicio hospitalario gratuito en el mundo que pudiera tener este país gracias al dinero petrolero y a profesionales locales de primera línea. La pobreza venezolana solo está recibiendo migajas de la riqueza que tiene el país a través de las misiones. Y no hay otro responsable de esas migas sino el Estado porque el dinero es de él y de nadie más. No sé de qué oligarcas disfrutando del dinero petrolero venezolano hablan los socialistas franceses de salón si no hay ni ha habido oligarca con manos en el petróleo aparte del Estado.

Si partimos de la premisa de: ser rico es malo, entonces Venezuela es mala porque es rica. Somos un país malo con todo lo que ello implica para lo que contiene el universo de un gentilicio. ¿Y cómo es el responsable de administrar esa riqueza entonces? ¿Y si Venezuela es mala, somos malos los venezolanos? Pero no, porque la transitividad, una de estas leyes matemáticas que enseñan en quinto grado de primaria no me da hasta acá. Porque Venezuela es rica pero los venezolanos no somos ricos, por tanto no somos malos, si sigo la lógica presidencial.

Y si la sigo, para ser Venezuela buena, ¿tendrá que ser pobre toda ella? Será esa democratización la que se busca, la de la bondad inherente a la pobreza. La de dilapidar los recursos en medidas efectistas, la de gastar en vendajes en vez de hospitales. Hay países ricos y socialistas como los escandinavos y se ven buenos, a pesar del frío. Y en caso de que en realidad sean malos… Entonces creo que lo que quiero es ser mala, maluquísima y le deseo a todo el mundo la misma maldad.

Y así pudiera seguir por siempre jamás en juicios «faci-listos» como las rebanadas de queso, empacadas y listas para comer como si el mundo fuera solo blanco y negro y no lleno de matices. Como si la democracia fuera «faci-lista» y «merecida» como un premio, y no un derecho al cual respetar, ejercer y cuidar.

Los pobres no necesitan segur siendo pobres, las universidades deberían asumir responsabilidad en colaborar para solucionar la situación de exclusión debida a un sistema de educación público deficiente y a nuestros políticos bien les valdría aclarar unos cuantos conceptos, y quizás hasta tomar algún cursito de nivelación en el contenido de nuestra Constitución, en Biblia y otros textos esenciales que usualmente citan.

Y así estamos, oyendo que los pobres deben ir a la universidad porque son buenos, para luego seguir siendo buenos, porque ni de broma con un título a duras penas sacado y esos criterios de igualación por lo bajo llegarán jamás a ser malos, aunque sea un poquito, en una Venezuela mala, maluquísima.

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Publicado en www.analítica.com el 06.05.2005