Divagación de la animación suspendida

Hoy me desperté a las 4:40 am. Justo a la hora en que los cantos de muesín resuenan sobre toda Dhaka para llamar a la primera oración del día. No sé porqué mis insomnios se sincronizan con estos lamentos a Dios. Suenan así, dolorosos y melancólicos, como un sollozo gritado al aire pero sin destino al que llegar. Nadie que lo escuche.

Ya el clima está cambiando afuera. Una calina breve cubre la ciudad, los cuervos graznan. Jamás se oye un gallo a pesar de que hay ventas ambulantes de pollos dentro de grandes cestas por todas partes. En estos días me topé con una de estas cestas en el mercado, de algo menos de un metro de diámetro, como una bandeja, cubierta de pollos de plumaje brillante e iridiscente, entre negros, marrones, grises y blancos moteados con los puntos rojos y amarillos de la cresta y los picos. Había más de veinte apiñados con sus patas atadas, que me miraron con una ignorancia aburrida frente al futuro inminente de quién sabe cuántos calderos con curry.

Es curioso ver el tránsito de las estaciones por la ventana. En sucesión ininterrumpida veo amaneceres y tardes sentada en el mismo sitio, convertida sin quererlo en una suerte de cámara fija que testifica y hace constancia del paso del tiempo.

El tiempo que no para aunque uno se tome sus pausas.
El que a veces ofrece tardes de rojo mercúreo y añejo y amaneceres que no conocen tregua en sus grises lechosos y espesos.

Pasamos el Ramadán. Constituye una temporada de oración y ayuno bastante extenuante para los musulmanes ya que se ora y come antes de las 4 y media de la mañana y no se puede beber ni agua sino hasta las 5 y media de la tarde, luego de orar varias veces durante el día. La meta es haber recitado todos los versos del Corán al final del Ramadán. Termina con el Eid-ul-Fitr, 3 días más festivos, por la alegría de la consecución de bendiciones, exoneración de pecados y los obsequios que se realizan entre familiares y amigos. Los mendigos migran a la parte de la ciudad donde hay más dinero y actividad comercial y en cada semáforo te pueden caer más de 10. La residencias conocidas de los ricos reciben el día con grupos de ellos en sus portales pidiendo la tradicional limosna que la creencia islámica obliga para los desposeídos, el backshish.

Pero muchas casas están cerradas y la ciudad de 14 millones de habitantes de repente los pierde, unos que se van a celebrar al interior, otros se recogen en sus casas, pero nadie circula y nada está abierto en los días del Eid.

Y así estuvimos nosotros. Con la santamaría abajo, conectados al mundo a través del módem de Internet y el decodificador del cable. Con noticias frescas del mundo pero sin saber qué era de Dhaka, más allá del canto exonerador de pecados, y el pasar de la sucesión de tardes y amaneceres por la ventana, que intermitentemente cambia los tonos del paisaje.

El apartamento se convirtió en la cápsula del tiempo. Suspendidos sobre esta ciudad caótica súbitamente fantasmal, estacionados en una burbuja de concreto, con vista a un patio de cocoteros y eucaliptos, estuvimos encerrados por casi una semana. Vaciando el refrigerador, agotando series de televisión y películas en DVD, navegando en Internet, a ratos pintando o leyendo, teléfonos desconectados, mentes desconectadas. Afuera el tiempo y el mundo pasaron como en un reloj de arena infinita…

Hoy desperté al amanecer y sin dudas pensé que era ayer.

2 comentarios en “Divagación de la animación suspendida

  1. da v�rtigo y a veces grima ver como el tiempo se pasa tan r�pido a veces que se nos va una semana sin darnos cuenta, sentimos que ni siquiera hemos empezado a vivirla aunque ya se haya ido… es…

    imagino un sitio donde no avance el tiempo y ese sitio para m� ser�a el para�so…

    me acordaste del libro “un b�rbaro en asia” me lo termin� de leer ayer. es de henri michaux. gran escritor. narra desde su punto de vista y de forma poetica, si se quiere, las culturas desde los hindues hasta los malayos, pasando por chinos, japoneses. es buen libro.

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