
No me puedo quejar, he pasado unas navidades tranquilitas como deseaba. Con mi hermana Sofía y su esposo, mi cuñado Alonso y amigos nuevos. No faltaron hallacas, ni ensaladita de gallina y pan de jamón. Hubo conversación inteligente, agradable y divertida. El piecito queda pendiente para hoy.
En estos días me he regodeado en el paisaje barcelonés, en comer tapas, en ver tele, en caminar, ver la gente en la calle, en leer en español. Faltan las llamadas a algunos amigos de por acá. La realidad me tocará cuando regrese a Dhaka el 20 de enero pero es temprano aún para pensar en eso y el año aún no acaba. Ha sido uno extraño, de muchos viajes y transiciones. De andar sin ancla y al garete. Veremos si hallo puerto. Por los momentos, me refresco. Ando en el reseteo del cúmulo de imágenes coleccionadas en el 2006.
Terminé La Enfermedad de Alberto Barrera. Buena novela. Precisa en estructura y lenguaje. Parece, casi, una novela testimonial. Quienes hemos sufrido el padecimiento de un padre nos podemos identificar y reflexionar sobre el proceso. Quienes no, tienen una referencia en este trabajo. Barrera explora la inasibilidad de los afectos. El cómo a pesar de todo el amor que nos une con nuestra familia a veces no nos permite ver a las personas que son. El cómo sus vidas al final se nos escapan por desconocidas, por no pertenecernos. El que la soledad terminante no es sólo sino silencio y que la simplicidad de una conversación, de que nos hablen, la puede auyentar. Cómo la muerte o su cercanía le quita calidad de gente al enfermo, y lo somete a sentimientos de hastío, miedo, angustia, condescendencia por parte de los demás, en un proceso que nadie entiende sino hasta que le toca vivirlo, porque uno anda solo con la muerte que le toca, más si es lenta y progresiva. Es una novela de melancolía irremediable. Real. Y me gustó por eso.
Anteayer, nos reunimos 4 blogueros de Barcelona. El lobo hombre, la rusa joropera, HLP de rayas y palabras y yo. Demasiado buena la reunión. HLP ha preparado el sumario de la «convención» y viene un meme y todo. Durante la misma el pobre hlp y el vecino de nuestra mesa quedaron rociados de la sangría que yo tenía embuchada al no poder soportar la risa por culpa de nuestros balbuceos etílicos, pero todo se superó sin mayores traumas. Ni el teclado portátil de HLP ni su PDA quedaron afectados sin remedio, pero sí con un salpicón de recuerdo.
Entretanto les deseo lo mejor para este año que viene y que aunque las circunstancias a veces nos sean adversas tengamos la fuerza y la paz de espíritu necesarias para seguir adelante. La vida está allí, no podemos dejar que nos pase de largo. ¡Un abrazo!

