Ars poética Que cada palabra lleve lo que dice. Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido. No he de proferir adornada falsedad ni … Continúa leyendo 2 Poemas – Rafael Cadenas
Ars poética Que cada palabra lleve lo que dice. Que sea como el temblor que la sostiene. Que se mantenga como un latido. No he de proferir adornada falsedad ni … Continúa leyendo 2 Poemas – Rafael Cadenas

La muerte se ha llevado gente querida por mí en estos días pasados. También algunas celebridades han muerto haciendo entrar en shock al mundo del espectáculo… al mundo y punto debiera decir ya que han acaparado más tiempo en prensa que los usuales muertos de guerras y desastres naturales que nos deparan las noticias de todos los días. Las guerras que de tan comunes ya nos parecen una catástrofe natural. Luego los accidentes aéreos que han proliferado últimamente nos impactan por esa terrible metáfora que significa tomar un avión para no llegar a ningún destino, pero efectivamente haber partido. Los muertos de fin de semana en Caracas son un número que se «canta» cada lunes como si fuera una lotería, que Dios mediante, al saberlo uno agradece no ser parte de ese número pero se muerde los labios cuando aparece cada siete días como una amenaza latente.
La muerte está siempre al lado nuestro. Camina al lado nuestro porque es una posibilidad diaria. Uno no la piensa, uno no está consciente de que la vida es un proceso hacia la muerte. La muerte no es un suceso súbito e inesperado. Es lo que queremos creer, pero es hacia esa meta hacia la que avanzamos en la vida. Los budistas tibetanos pasan el tiempo preparándose para ese momento porque es la gran oportunidad de mejorar el karma para la otra vida o de alcanzar el nirvana. Dentro de nuestra cultura occidental, algo más materialista y pragmática, la vida se hace corta para alcanzar todos los sueños porque la muerte nos los trunca, incluso si llegamos a avanzada edad. Cómo quiera verse la muerte está con nosotros siempre. Y siempre es evadida, y siempre tenemos esa noción de que es sorpresiva, de que no habría que esperarla. De que quizás la podamos burlar.
Y he aquí que me topo con este poema de Guillermo Sucre sobre ella y me da cierto sosiego, dentro del ánimo algo fúnebre que me envuelve estos últimos días. El poema es del libro La vastedad. México. Edit. Vuelta, 1988. P 23-24. Se puede encontrar en la Biblioteca Central de la UCV, bajo la cota PQ8860S94V3. Agotado en librerías hace tiempo.
El poema fue publicado-rescatado por la Revista El Salmón, revista de poesía, en su segundo número que toma de este libro, el nombre para esta edición. El artículo Conciencia de los sentidos de Roberto Martínez Bachrich reflexiona sobre esta obra de Sucre.
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and to die is different from what anyone supposed
W.W
Sólo la muerte tiene sentido
todo recobra su justa rotación como el pensamiento
cuando morimos
el cuerpo merece entonces ese esplendor y también
esa lenta respiración del mundo
en el verano
por primera vez vemos la vastedad
por primera vez el alba nos despierta con la arenisca
de la infancia
el vacío hace ahora el espacio de la casa y le devuelve
la profundidad de lo frágil
un muchacho recorre con sus manos las pulidas espirales
de la mecedora al mediodía
se mece en el sopor que nos hace más lúcidos
los helechos la humedad humeante del patio
y allá lejos el cotoperís espaciosamente mudo
la parra tramando la soleada caligrafía
de la soledad
qué no nos pertenece ya que pueda desposeernos de lo
que nos posee
somos la fijeza el último brillo donde empieza
la larga intemperie
ese lenguaje que todos hablamos
sin reconocerlo
morir no es un vértigo un abismo una incandescencia
sino el reconciliado orgullo
caen las máscaras y ya no hay rostro o el rostro
es la máscara que no cae
el mil veces expuesto signo que nadie
descifra
ni este mundo ni el otro ni éste ni el otro
espejo
ni memoria ni olvido
morir es la sola solitaria fresca posesión de la piel
que fuimos desollando
la memoria que el olvido recuerda
a Efraín, a Gonzalo
Guillermo Sucre
Esto serán probablemente los textos que leeré esta noche en el encuentro de blogueros en El Buscón a partir de las 7pm. Literaria blog.
Actualización: Fueron estos los que leí.
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Divagación del Ocaso – Marzo 14, 2007

¿Cuánto tiempo iba a poder aguantar?
Traté infructuosa de prohibirme venir y bloguear porque “otras cosas demandaban mi atención inmediata”. Y así me sumergí en la marea de escritos de los demás, en el constante vagar por la música que palabras, oraciones y párrafos construyen dando a conocer al “otro”. Un “otro” escondido en algún perfil sumario y breve, críptico o demasiado explícito, pero que aún permite la interrogante del misterio luego de la lectura.
Se busca el espejo o, quizás deba decir, ¿se busca el espejo?… Los signos de interrogación a veces nos dejan sin respuestas.
Pasan muchas cosas todos los días. Esto es una frase de perogrullo. Pero ¿qué cosas pasan por nosotros? ¿Cuáles son las que nos animan a escribir y darle al botoncito de “publicar” desde la pantalla de una computadora?
Bangladesh sigue conmocionada por arrestos de políticos, funcionarios y miembros de partidos, todos corruptísimos. Cada día en la prensa hay un banquete diario de noticias con los hallazgos de zoológicos privados, costosos automóviles, numerosas cuentas bancarias en el exterior, y demás objetos de lujo y ostentación. En el mundo se han conmemorado fechas, y presidentes de imperios y naciones se han embarcado en giras como si fueran estrellas de rock. Pero ¿me provoca escribir de eso en estos días? No mucho realmente.
Veo el atardecer todos los días por la ventana. Al sol dhakaíta ocultarse ominosamente rojo. De ese color rojo, de mercurio cromo, del que nos echaban en los raspones de codos y rodillas y nos hacía desear de niños, a veces, no ser tan traviesos. Ese sol se oculta como el regaño velado, la mirada de reprobación y lástima que papás y abuelos tenían en el rostro cuando nos empezaba a arder la herida. Pero sin el soplo refrescante sobre ella. El soplo que nos decía que de todas formas el amor supera cualquier plato roto o el jalón de pelo a la hermana.
¿Qué puedo hacer con ese sol que me regaña despacito en el ocaso? Salgo y le tomo fotos a ver si lo atrapo. Pero se escapa siempre, en la línea oscura que palmeras, árboles y edificios me trazan en el horizonte de Dhaka. Un sol que me deja con la noche abierta adelante para el insomnio, la duda, las certezas y el otro vagar, por los nudos, las rutas confundidas, los libros que saltan de la estantería a mis ojos, a ver… A ver si se convierten en oráculos los fragmentos leídos al azar, los poemas insospechados.
Son pocas las veces que el día despuntando me logra saludar. Me refugio en la cama momentos antes para preservar el estado de iluminación que sólo la noche otorga, y que el día, cruel, nos arrebata.
Y es de esto último, de lo que me provoca escribir.
De como el ocaso, ilumina.
Enlace original: http://www.k-minos.com/2007/03/divagacion-del-ocaso/
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Crónica íntima – Octubre 20, 2005
En estos días he acomodado mi cuarto y de alguna manera he paliado la pequeña crisis en la que me encuentro. Su origen todavía lo desconozco con precisión, pero tengo algunas pistas.
Ahora veo de frente a la ventana, mis pinturas tienen su sitio en un rincón y en otra pared se encuentra la pequeña biblioteca que me puedo permitir en esta vida de gitana. Ya encargué el sofacito para echarme a leer y sustituir la colchoneta en el suelo, y pronto vestiré a la ventana con alguna tela colorida de por estas partes.
Sin embargo, la ventana la tengo que tener abierta. Necesito ver las palmeras bañadas de sol o lavadas por la lluvia como hoy. El graznar de los cuervos me hace compañía y de tanto en tanto les dejo una chuchería en el balcón. Para mí no son agoreros, sino un recordatorio. En estos días también me visitan otra clase de pájaros pequeños y marroncitos que gozan bañándose en la tierrilla de las macetas. He saltado de lectura en lectura buscando palabras que me toquen. Y una que otra me hace alguna cosquilla pero nada de contundencia.
Está lloviendo y ando inquieta.
El centro lo tengo descolocado. Y mientras halla su lugar no puedo sino dejarme llevar por la corriente de los días, cepillarme los dientes, tomar la ducha, vestirme y alistarme para el trabajo, reunirme con las amistades instantáneas que esta vida de trashumante ofrece como un regalo o a veces una lotería. Reír aquí y allá, tomarme un trago, comer rico, regresar a casa y acurrucarme en la seguridad y el amor. Luego más tardecito, entrar de nuevo en mi cuarto, ver hacia el atardecer o la noche según el caso, contemplar las palmeras, dar unos brochazos o teclear algunas palabras… o no.
O no, sencillamente entrar en el cuarto y aposentarme allí en la lucidez del insomnio.
Y esperar.
Esperar
Ver el tiempo
Verlo.
Pasar
Correr
A tu lado
A través tuyo
Dejarte atrás
Esperar
Por recordarte
Por encontrarte
Por adivinarte
O quizás por nada
sólo por esperar
por estar
por ver el reloj
por querer una palabra
aún sin inventar
un sentimiento
que no sea antiguo
un conocimiento
que no sea el de siempre
tibio y acostumbrado
El centro está descolocado…
¿Y si sigue en su moldura
seguro y eterno?
A lo mejor, entonces,
son mis periferias las que no encuentran
el dibujo de sus límites
la precisión de una atmósfera
la certeza de una cartografía…
Enlace original: http://www.k-minos.com/2005/10/cronica-intima/
Ya establecí mi fascinación con Pamuk y su manera de ver Estambul, ahora quiero compartir a lo largo de varias entradas, algunos fragmentos de discursos y textos que me revelan su personalidad, su manera de asumir y vivir la escritura.
…
Como todos ustedes saben la pregunta que más a menudo se nos hace a los escritores, la que más gusta es la siguiente: ¿Por qué escribe? ¡Escribo porque me sale de dentro! Escribo porque soy incapaz de hacer un trabajo normal como los demás. Escribo para que se escriban libros parecidos a los míos y yo pueda leerlos. Escribo porque estoy muy, muy enfadado con todos ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta pasarme el día entero en una habitación escribiendo. Escribo porque solo puedo soportar la realidad si la altero. Escribo para que el mundo entero sepa la vida que hemos llevado y seguimos llevando yo, nosotros, todos, nosotros, en Estambul, en Turquía. Escribo porque me gusta el olor del papel, de la pluma, de la tinta. Escribo porque más que en cualquier otra cosa creo en la literatura y en la novela. Escribo porque es una costumbre y una pasión. Escribo porque me da miedo ser olvidado. Escribo porque me gustan la fama y la atención que me ha proporcionado la escritura. Escribo para estar solo. Escribo porque así puede que comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para ver si acabo alguna vez esa novela, ese artículo, esa página que he comenzado. Escribo porque eso es lo que todos esperan de mí. Escribo porque infantilmente creo en la inmortalidad de las bibliotecas y en cómo mis libros están en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo, es increíblemente hermoso y sorprendente. Escribo porque me resulta agradable verter en palabras toda esa belleza y esa riqueza de la vida. Escribo no para contar una historia sino para crear una historia. Escribo para librarme de la sensación de que hay un sitio al que debo ir pero al que no consigo llegar, como en un sueño. Escribo porque no consigo ser feliz. Escribo para ser feliz.
…
De La maleta de mi padre. Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2006. Extraído del libro La maleta de mi padre. Traducción Rafael Carpintero. Colección Literatura Mondadori. Random House Mondadori. Barcelona, 2007. España. Ps. 39, 40, 41