
[Iglesia en Barcelona, España]
Es difícil dejarse las confusiones de lado.
Difícil sobre todo si de alguna manera uno disfruta estando confundido. No saber qué hacer. Qué decir.
La televisión es entonces la mejor manera de pasar el día. El cerebro se lobotomiza solito. Se atraganta con todo lo que recibe. Se empacha y sin darnos cuenta ya llegó la noche y a pasarse el suiche para dormir. Porque las noches de televisión no son noches de insomnio.
Uno crea sus propias atmósferas, burbujas, peceras, contenedores de lo que uno quisiera creer que es la vida. La vida que uno posee y no la que lo posee a uno. ¿Hasta dónde somos prisioneros de la circunstancias? ¿Será una ilusión que podemos domarlas y someterlas a nuestra voluntad? ¿Será la verdad que estrellas y planetas tienen nuestro destino ya escrito?, o ¿que dioses y seres superiores se manifiestan a través de nosotros y que no somos sino meros vehículos de sus mandatos? ¿Dónde estará el punto medio entre la voluntad y las circunstancias que nos modelan, si es que dicho punto medio existe?
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Visito el blog y lo veo como si no me perteneciera más. Y escribo mentalmente en él casi todos los días, pero una vez pongo los dedos en el teclado y consigo el impulso, no me sale otra cosa que estos lamentos pendencieros de mi misma. De mis dudas reiterativas, aburridas, que resisten cualquier consejo. Mi vida fuera del contenedor está llena de cosas vivas, de itinerarios, contacto humano, imágenes y contemplaciones. Pero dentro pareciera que sólo encuentro solaz en repasar el tema una y otra vez. El tema de la duda. De las dudas. De la pregunta constante por todo. Descargar en los cuadernos no me termina de dar solaz y pareciera que debo aullar con palabras un desespero que en apariencia ni siquiera padezco.
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La del blog es una intimidad rara. Porque se escribe para el lector que uno espera. El ideal. El que «sabe» de lo que estás hablando. Y esto es tan falaz. Porque lo que uno escribe desde lo más adentro sólo lo entiende uno. Los demás sólo reciben destellos.
Esto es más que una plataforma de publicación, que un «medio».
Es la caída en picada o el ascenso vertiginoso. De uno mismo dentro de sí.
Entre otras cosas más o menos, halagadoras.