Categoría: Divagaciones

La voz del escritor – Al Alvarez [Cita]

«La voz auténtica quizás no sea aquella que tu quieres oír. Todo arte verdadero es subversivo en algún nivel u otro, pero no subvierte clichés literarios o convenciones sociales simplemente; también subvierte los clichés y convenciones en los que a ti te gustaría creer. Como los sueños, habla por partes de ti de las que tú no estás completamente consciente y puede que no te gusten mucho. A veces va en contra de tus principios diurnos, no obstante si intentas limpiar tu acto matarás la vida que hay en lo que tienes que decir.»

Al Alvarez, The Writer’s Voice. Bloomsbury, London 2005, p. 29.

Así como esta cita que me llamó la atención, he subrayado otras varias de este libro. En él, Al Alvarez explora el cómo encuentran su propia voz los escritores, paseando por la vida y obra de Sylvia Plath, Jean Rhys, Shakespeare, John Donne, Yeats, Coleridge, Eliot, entre otros, a través de 3 ensayos titulados Encontrando la Voz, Escuchando y, El Culto a la Personalidad y el Mito del Artista. Cuando encontré este libro de Alvarez en una de las librerías de Dhaka no dudé en comprarlo porque sabía que tendría una lectura amena y documentada no un tratado de erudición inextricable.

Hace varios años, nocturnámbula como soy, leí de este mismo autor y editado por Norma, La Noche, traducido del título en inglés Night: An exploration of Night Life, Night Language, Sleep and Dreams, que me hizo apreciar mejor mi romance con el horario nocturno. Como cosa curiosa me llamó la atención el nombre de Alvarez, tan español de origen en un escritor tan británico en disciplina literaria, quien además toda su vida ha vivido de ser escritor habiendo explorado los géneros de la poesía, el ensayo, la novela y la crítica literaria con bastante éxito. Pero no he podido averiguar su vínculo con el apellido tan castizo.

Alvarez fue durante años editor de poesía en The Observer, el periódico dominical del británico The Guardian, donde vieran publicados por primera vez sus poemas gente como Jean Rhys, Sylvia Plath y Ted Hughes, entre otros. Con estos dos le unió la amistad, y fue testigo de los últimos meses en la vida de Plath, antes de su suicidio. En el artículo (en inglés), Ted, Sylvia and Me relata lo peculiar que le resultó ver el retrato de dicha relación en la película protagonizada por Gwyneth Paltrow personificando a la poetisa así como señala las faltas del guión y otros detalles.

En el género de ensayo ha escrito sobre temas tan disímiles como el suicidio, el montañismo de escalada, y el juego de azar (es un consumado jugador de póker), aparte del oficio de escribir y la noche.

Si consiguen alguno de sus libros de ensayo, no lo dejen pasar.

Divagación alrededor de la idiosincracia

El post anterior lo escribí ayer en la madrugada un poco inquieta por esta vida de pecera que a veces uno siente que lleva en un país culturalmente tan ajeno a uno pero cuyos eventos pueden afectarle la vida de forma dramática.

En los comentarios a ese post me piden fotos, pero este no es un blog periodístico. Creo en la herramienta como instrumento periodístico pero no es hacer periodismo el propósito del mío. Sólo comento lo que me pasa y cómo me afecta, en un proceso que yo sólo entiendo especialmente por las omisiones y no por lo que escribo. También expreso mis opiniones y hago mis análisis. Hay gente que se identifica o le interesa y viene acá a leerme. A otra no le interesa y no me lee, y a otra de repente le fastidia y se va. Pero quiero dejar claro que lo que escribo pasa por el filtro de mi visión de las cosas y que para nada tengo aspiraciones de ser una agencia de prensa.

Es verdad. A veces siento que hay paralelismos de lo que se vive aquí con lo que pasa en Venezuela, pero es un espejismo. Bangladesh tiene otra historia, mucho más reciente y sangrienta que la venezolana. También otra cultura en donde se entremezcla lo asiático del subcontinente con el islamismo y las influencias de la cultura occidental. Cuando reflejo lo que pasa acá en mis entradas al blog, sin querer hago referencia a lo que podríamos llegar si como sociedad asumiéramos las cosas de forma diferente en Venezuela. Los abismos de intolerancia que podríamos alcanzar. Creo importante no llegar a ese punto en nuestra historia como país.

Bangladesh y Venezuela no son los únicos países con crisis en sus democracias. Casi todos los países del mundo (los democráticos) tienen las suyas en crisis, porque la gente ahora no se conforma sólo con dejar las decisiones en manos de pocos dándoles implícitamente poder de decisión a su discreción. La gente ahora entiende más que los gobernantes están allí para administrar las aspiraciones y deseos de todos y que deben embarcarse en acciones que mejoren la vida en sociedad. En otras palabras, el voto ya no es un «cheque en blanco» y de allí protestas, revoluciones, cambios radicales en gobiernos como el de Estados Unidos (con un giro hacia el otro partido en el poder legislativo), y fracasos en la imposición de sistemas democráticos por vías violentas en sociedades que no han aprendido a serlo por sí mismas como la de Iraq.

La situación de Venezuela es única porque se combinan demasiadas contradicciones en ella. Un país obscenamente rico pero pobre. Donde la retórica izquierdista revolucionaria se acomoda en el confort supraburgués y la ignorancia activa. Con una clase profesional preparada y culta que choca con toda la vulgaridad del gobierno y su efectismo populista. Unos ricos que no se inmutan en el fondo porque ricos quedarán igual con cualquier gobierno, unos pobres que a pesar de sus más caras ilusiones y esperanzas pareciera que nunca saldrán de su pobreza.

Quizás sean nuestros defectos como sociedad los que impidan lo que todos los apocalípticos (entre quienes me incluyo de tanto en tanto) predicen para nuestro futuro en el país. El gusto por el licor de 18 años, la cocina de restaurant, los carros de lujo, la marca en la ropa, perfumes, etc. Gustos superfluos y aparentemente inocuos pero muy arraigados en todos los estratos sociales sin excepción. Nos gusta diferenciarnos, resaltar, aparentar y tener hasta el extremo. Gusto obtenido de la costumbre nueva rica del petróleo y que sin querer inscribe eso de los derechos humanos sutílmente en el inconsciente de la gente, mucho más que los muertos, los periodistas «perseguidos» y todos los caídos por la criminalidad rampante.

Sería paradójico e irónico que todo lo que menos nos gusta de nosotros sea lo que conspire contra la «revolución», la envicie y nos siga mostrando esa cara de lo que no nos gusta, pero que al mismo tiempo nos salva y nos integra.

Crisis en Bangladesh

Bangladesh está convulsionado.

Ayer, unos policías mataron a rolazos a dos manifestantes.

Hay un paro en protesta que lleva 3 días. La coalición de 14 partidos de oposición dice que las autoridades electorales simpatizan con el gobierno y que no son imparciales. Que están truqueando las listas electorales. Este es el motivo del paro. Tampoco aprueban el gobierno «cuidador» de transición hasta después de las elecciones. Ello ha costado dos vidas ayer y varios cientos de heridos, aparte de daños materiales.

A la pregunta de si le preocupa la situación de crisis del país, el Jefe de la Comisión Electoral responde que porqué debería preocuparle.

Ya hay dos muertos. Ya hay dos razones. Unas muertes que serán olvidadas pronto. Unas vidas perdidas en vano.

Los puertos no han logrado descargar o cargar mercancía desde hace semanas debido a estos paros esporádicos que desde el domingo son un paro permanente. El comercio y la industria textil están colapsando. La industria textil depende de los envíos de sus producciones al exterior. Es la industria que proporciona los mayores ingresos a este país.

No se nos recomienda pasar con el carro más allá de estas zonas, donde vivimos extranjeros y diplomáticos. La mayoría se queda en su casa.

Hoy en la redoma de la avenida principal, a unas cuadras de aquí, había cerca de cuarenta policías en traje de antimotines, así como a todo lo largo de la avenida regados en pequeños grupos cada par de esquinas. No me quiero imaginar la cantidad para más hacia el centro, donde transcurren las protestas en la calle que son multitudinarias.

El poder es una trampa. Quienes lo alcanzan, terminan siendo tragados por él. Es una adicción que hace perder principios y escrúpulos. No parece haber hoy ningún líder en el mundo inmune a él. No parece haber manera de «razonar» al mundo para entenderlo. No parece haber manera de encontrar rectitud y dignidad en los gobiernos. Lo único cierto es que la gente siempre paga el precio.

Veremos qué pasa mañana.