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Para esta noche, dos crónicas-poema-posts

Esto serán probablemente los textos que leeré esta noche en el encuentro de blogueros en El Buscón a  partir de las 7pm. Literaria blog.

Actualización: Fueron estos los que leí.

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Divagación del Ocaso – Marzo 14, 2007

¿Cuánto tiempo iba a poder aguantar?

Traté infructuosa de prohibirme venir y bloguear porque “otras cosas demandaban mi atención inmediata”. Y así me sumergí en la marea de escritos de los demás, en el constante vagar por la música que palabras, oraciones y párrafos construyen dando a conocer al “otro”. Un “otro” escondido en algún perfil sumario y breve, críptico o demasiado explícito, pero que aún permite la interrogante del misterio luego de la lectura.

Se busca el espejo o, quizás deba decir, ¿se busca el espejo?… Los signos de interrogación a veces nos dejan sin respuestas.

Pasan muchas cosas todos los días. Esto es una frase de perogrullo. Pero ¿qué cosas pasan por nosotros? ¿Cuáles son las que nos animan a escribir y darle al botoncito de “publicar” desde la pantalla de una computadora?

Bangladesh sigue conmocionada por arrestos de políticos, funcionarios y miembros de partidos, todos corruptísimos. Cada día en la prensa hay un banquete diario de noticias con los hallazgos de zoológicos privados, costosos automóviles, numerosas cuentas bancarias en el exterior, y demás objetos de lujo y ostentación. En el mundo se han conmemorado fechas, y presidentes de imperios y naciones se han embarcado en giras como si fueran estrellas de rock. Pero ¿me provoca escribir de eso en estos días? No mucho realmente.

Veo el atardecer todos los días por la ventana. Al sol dhakaíta ocultarse ominosamente rojo. De ese color rojo, de mercurio cromo, del que nos echaban en los raspones de codos y rodillas y nos hacía desear de niños, a veces, no ser tan traviesos. Ese sol se oculta como el regaño velado, la mirada de reprobación y lástima que papás y abuelos tenían en el rostro cuando nos empezaba a arder la herida. Pero sin el soplo refrescante sobre ella. El soplo que nos decía que de todas formas el amor supera cualquier plato roto o el jalón de pelo a la hermana.

¿Qué puedo hacer con ese sol que me regaña despacito en el ocaso? Salgo y le tomo fotos a ver si lo atrapo. Pero se escapa siempre, en la línea oscura que palmeras, árboles y edificios me trazan en el horizonte de Dhaka. Un sol que me deja con la noche abierta adelante para el insomnio, la duda, las certezas y el otro vagar, por los nudos, las rutas confundidas, los libros que saltan de la estantería a mis ojos, a ver… A ver si se convierten en oráculos los fragmentos leídos al azar, los poemas insospechados.

Son pocas las veces que el día despuntando me logra saludar. Me refugio en la cama momentos antes para preservar el estado de iluminación que sólo la noche otorga, y que el día, cruel, nos arrebata.

Y es de esto último, de lo que me provoca escribir.

De como el ocaso, ilumina.

Enlace original: http://www.k-minos.com/2007/03/divagacion-del-ocaso/

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Crónica íntima – Octubre 20, 2005

En estos días he acomodado mi cuarto y de alguna manera he paliado la pequeña crisis en la que me encuentro. Su origen todavía lo desconozco con precisión, pero tengo algunas pistas.

Ahora veo de frente a la ventana, mis pinturas tienen su sitio en un rincón y en otra pared se encuentra la pequeña biblioteca que me puedo permitir en esta vida de gitana. Ya encargué el sofacito para echarme a leer y sustituir la colchoneta en el suelo, y pronto vestiré a la ventana con alguna tela colorida de por estas partes.

Sin embargo, la ventana la tengo que tener abierta. Necesito ver las palmeras bañadas de sol o lavadas por la lluvia como hoy. El graznar de los cuervos me hace compañía y de tanto en tanto les dejo una chuchería en el balcón. Para mí no son agoreros, sino un recordatorio. En estos días también me visitan otra clase de pájaros pequeños y marroncitos que gozan bañándose en la tierrilla de las macetas. He saltado de lectura en lectura buscando palabras que me toquen. Y una que otra me hace alguna cosquilla pero nada de contundencia.

Está lloviendo y ando inquieta.

El centro lo tengo descolocado. Y mientras halla su lugar no puedo sino dejarme llevar por la corriente de los días, cepillarme los dientes, tomar la ducha, vestirme y alistarme para el trabajo, reunirme con las amistades instantáneas que esta vida de trashumante ofrece como un regalo o a veces una lotería. Reír aquí y allá, tomarme un trago, comer rico, regresar a casa y acurrucarme en la seguridad y el amor. Luego más tardecito, entrar de nuevo en mi cuarto, ver hacia el atardecer o la noche según el caso, contemplar las palmeras, dar unos brochazos o teclear algunas palabras… o no.

O no, sencillamente entrar en el cuarto y aposentarme allí en la lucidez del insomnio.
Y esperar.

Esperar
Ver el tiempo
Verlo.
Pasar
Correr
A tu lado
A través tuyo
Dejarte atrás
Esperar
Por recordarte
Por encontrarte
Por adivinarte
O quizás por nada
sólo por esperar
por estar
por ver el reloj
por querer una palabra
aún sin inventar
un sentimiento
que no sea antiguo

un conocimiento
que no sea el de siempre
tibio y acostumbrado

El centro está descolocado…
¿Y si sigue en su moldura
seguro y eterno?
A lo mejor, entonces,
son mis periferias las que no encuentran
el dibujo de sus límites
la precisión de una atmósfera
la certeza de una cartografía…

Enlace original: http://www.k-minos.com/2005/10/cronica-intima/

Tears leaving Bangladesh and Nari Jibon – post in progress

I had tears. They were unexpected as I wasn’t conscious of my sadness of leaving Bangladesh. But I was. I am. I wonder, only 2 weeks later, how are the friends I left behind, asking myself if I ever will go back or see them again. Almost 5 years are not a small bit of life. I spent those years in an out of Bangladesh and always trying to figure how a country so full of people and so small can get going. I tried to connect to Bangladesh with partial success. I loved the art, the poetry, the bright colors of the women’s dresses on the street in contrast with the greyness of buildings and very often the sky, I loved the crafts, the kindness of the people, their candor by nature. I kept some detachment just to maintain the longing for my country while waiting to return. I figured that now. I didn’t realize then. But in overall the decision of leaving didn’t make so much weight on me until I started to go to Nari Jibon. And the tears came out first there.

Taken by surprise, Nari Jibon somehow created in me a sense of belonging and caring in a particular way. I care for all those women that with expectation and generosity accepted me among them to share the little I could bring for them. I am grateful for that. It is a precious gift that Bangladesh gave me. Precious memories. I am not sure if my presence and assistance made any significant difference, but I am certain that had made a definitive difference in me.

….

The last days I could go to Nari Jibon, I was in awe every single time. These women shyly and cautious approached me under the gentle demand of Taslima (teacher and mentor of them) to get some help in opening their blogs. Suddenly, just a couple of weeks later were actively helping their friends to open blogs when I got stuck by the language barrier. Jannat, Zannat, Jesmin, were taking over the task and sat with friends bringing help.

A week later we could read a full graphic chronicle of Zannat of her excursion in the Lalbagh Fort. Others like Jainub and Sufi, so reluctant at the beginning, became active writers in difficult issues, revealing a combative and thoughtful spirit, or a lyric and poetic soul. Every time, a wonderful surprise.

From doubt and uncertainty with the camera, they became powerful photoshooters. We – Kathy, Taslima and I – made a small session the following week on how to take digital pictures, little basis on composition and some technical tips. Immediately after the room became like a swarm of euphoric bees buzzing around snapping shots between them.

The daughters of Jainub were playful models and I couldn’t help but to think that this 2 girls were already at a tender age getting empowered by the digital media.

My last time, I got a beautiful farewell. I hate to say good bye. When I leave a country I try to not give so much relevance to goodbyes because that way I feel that I will come back anytime, in any given moment. But also I hate to say goodbye because I have tears with independent will. They just flow without warning when I feel a bit emotional about something. And of course seeing this forty something women sitting in front of me, giving me a beautiful gift with all their love and care, my tears came out turmoiling my feelings of wanting to go with this recent wish of staying to somehow support all the spirit I can sense in them. Then when I saw that I was ruining the occasion I calmed down, enjoyed the cake, pose with all of them for pictures and later on, had a chat with the group I was working with.

I asked how they were feeling now that they were blogging, and one, Zannat, said in a definitive tone “I feel proud” . Wow. Again… awe. How powerful that statement.

I thought about how the fact of being able to express ourselves, to have the tools for that is taken for granted so often by most of us. How can transform us, once we start doing it. How affirmative is on ourselves. Specially if we are women. I had never deeply grasped the fact that as a woman in this world, I am privileged of having the opportunity of an education, to work and to travel, and being able to decide over my life. Nari Jibon has made me feel more responsible about it, to value it in another way and I am grateful for that.

Now it will be the challenge to overcome the distance. To keep in touch and keep giving the support I can. Part of the challenge will be starting to write in english on this blog sharing space with the posts in spanish, as now my longing will rotate towards the other side of the world while in Venezuela.

I feel the need to publish this post now dedicating it to my friends of Nari Jibon… it may happen that I will change bits of it, correct my english, post the link of photos in flickr that I need to upload yet and during a while wonder if I’ll translate or not this post to spanish…

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Divagación del retorno I

Vista desde el escritorio en Dhaka.

Vista desde el escritorio en Dhaka.

Hoy la lluvia atacó el calor de Dhaka y los apagones se hicieron más llevaderos porque al pararse los aires acondicionados la temperatura no se hace tan intolerable.

Tengo demasiados días que no me asomo a escribir por acá. Me acerco y me voy porque estoy complicada mentalmente. En 11 días me voy de Bangladesh. Definitivo. Luego de hablar en mi trabajo, Lino y yo tomamos la decisión de regresar a Venezuela. Lo de mi trabajo era primordial porque no quiero perderlo. Es un trabajo que hago en línea y desde cualquier parte a menos que por los proyectos en los que esté involucrada se requiera viajar. Al final mi oficina es la laptop conectada a internet.

Así que ahí vamos de vuelta a Venezuela no sabemos exactamente por cuánto tiempo. Estuve en diciembre en Caracas y aunque durante muchos días, semanas me sentí “inadecuada” al entorno exagerado de colágenos, botox y silicona y la eterna superficialidad que caracteriza a tanto caraqueño del Este, no pude sino suspirar con el mismo asombro de antes al ver el Ávila cambiando de colores con la hora del día, y disfrutar de la brisa de 5 de la tarde en Los Dos Caminos y reconocerme en los modismos cálidos, la informalidad del trato, y esa absoluta ausencia del sentido de las jerarquías que caracteriza al venezolano para quien todo el mundo es “mi amor”, “mi rey” o “mi reina”. Terminé convencida de que me hacía falta terminar de cerrar este ciclo de andanzas por tan lejos e intentar asentarme. No sé si lo logre. Siempre me debato en la necesidad de estar anclada para luego en un impulso y como con angustia soltar amarras. Pero no lo sabré si no me devuelvo.

Esta travesía de casi 10 años entre Uganda y Bangladesh y los países por donde he tenido la suerte de pasar, me consolidaron en mi venezolanidad. Tengo un nombre difícil. La gente no sabe discernir su origen y comúnmente me preguntan si es armenio. Que no lo es. Es ruso. En Venezuela muchos amigos me llamaban rusa para dirigirse a mí y de alguna forma yo me sentía algo extranjera, cosas de la crianza, de la nostalgia de papá y de mi babuña. Pero al pisar Uganda y luego de experimentar lo que es estar en una cultura con otros valores diferentes a la tuya, no puedes sino reforzar tu identidad. Ese fue, por lo menos, mi caso. Y así más que ciudadana del mundo me siento ciudadana de Venezuela y perteneciente a la cultura occidental. Y no digo esto en desmedro de las culturas asiática y africana. Para nada, sencillamente son diferentes y están encontrando su camino e identidad en medio del bombardeo cultural que Occidente impone a través de medios, avances tecnológicos, economía y política. En nuestro continente americano vivimos una situación similar de bombardeo constante, pero la síntesis ya está allí. Tenemos una mezcla racial y cultural que no ha sufrido ningún otro continente en la misma magnitud, pero los valores que manejan nuestras sociedades son netamente occidentales. Bueno, por lo menos esa es mi percepción y lo que he vivido.

Y para mezcla, pues soy uno de los botones de la muestra. En Uganda una vez me preguntaron que qué era yo, luego de que expliqué el cómo tenía sangre aborigen, africana, europea y quién sabe si algo de asiática por el lado ruso. El tono de la pregunta fue muy despectivo. Tengo que decir que me impactó y asombró al estar recién llegada a Uganda enterarme de los reinos del país, las 30 y pico de tribus (nadie allá habla de grupos étnicos sino tribus) y lenguas y el orgullo de la pureza de los clanes y los problemas de matrimonios intertribales tolerados solo entre la gente “educada” – eufemismo para decir más occidentalizada. Cada quien reconociéndose en la contextura física, el grado de oscuridad de la piel, los grupos raciales originarios de cada una: bantú, nilóticos u otros.

Por ello al principio de este viaje cuán grande es mi sorpresa cuando me entero de que se empieza a hacer énfasis en las diferencias raciales en el país, y a llamar a gente como yo -descendiente de inmigrantes- extranjeras o venezolanos del mundo… luego de venir de un verdadero crisol de mezcla de razas como Venezuela y de que se nos inculcara como valor dicha mezcla de chiquitos en la escuela. No es que no hubiera racismo y clasismo, que claro que los había y quizás hoy los hay aún más, pero era algo que jamás me pasó por la cabeza considerar de ninguna vigencia o relevancia en el país sino como cosas de minorías clasistas y racistas que nunca faltan en ninguna sociedad.

Quizás hacía falta llamar la atención al respecto, no lo sé. Sé que nuestro folclore es rico en su sincretismo, nuestra cocina, nuestra literatura, nuestro arte, nuestra fantástica y particular música atestiguan una cultura de matices sólo posibles por esa mezcla. De la cual estoy sumamente orgullosa y con el mismo orgullo pero desconcertada respondí al que me preguntó que yo era un ser humano y venezolana. Cosa que me resonó absolutamente insólita decírsela cuando los africanos negros han sido y siguen siendo en el mundo el epítome de las víctimas de la discriminación racial.

Estas son cosas que te pasan que no esperas. Lo “políticamente correcto” no existe en muchas partes. Eso es un comportamiento muy occidental. Pero son pequeñas anécdotas como esta las que te van ubicando y haciendo descubrir cómo eres y cómo no. A veces los descubrimientos son agradables, otras no tanto.

Pues sí, luego de un “reality check” sobre mí misma de casi un decenio en medio de culturas interesantes y diferentes entre sí, y que incluyera muchas más cosas aparte de la reafirmación de mi gentilicio e identidad, regreso a confrontar la nostalgia de todo este tiempo. A encontrar mi centro, tal y como las pistas íntimas y personales me apuntan a revivir esta geografía nuestra. Hasta ahora todo ha fluido sin obstáculos para que ello ocurra así.

La vida es un ir y venir todo el tiempo. ¿Lo dijo alguien? No sé. Digo yo con 42 abriles encima, y esperando sumar otros 42 como mínimo. A ver si los hados me conceden ese deseo y puedo comprobar que retornar es una constante. Que siempre terminamos volviendo a lo que nos hace únicos, nos define, nos construye.

Sonrisa escrita – divagación

Smiles at Nari Jibon

Sonrisas en Nari Jibon

Este viernes pasado estuve de nuevo en Nari Jibon. Voy cada viernes.

Ando de voluntaria por un par de meses ayudando a las alumnas a crear sus blogs, subir fotos y a despejar un poco la intimidación que internet genera en quien es nuevo con las computadoras. Este viernes entendí mejor porqué les ha sido difícil a muchas de las mujeres de Nari Jibon a proceder con su blog personal. Tomándoles de nuevo algunas fotos para sus blogs, me costaba hacer que sonrieran. Una, Jannar, comentó por mi insistencia que en Bangladesh se esperaba de las mujeres cultivar la timidez, la modestia. Yo respondí que se podía ser tímida y modesta pero sonreír también. No hay nada que embellezca más un rostro que una sonrisa. No hay nada que abra más puertas y conmine al otro a la amabilidad que una sonrisa. Pero es cierto, luego de su comentario, concienticé que las mujeres en Bangladesh sonríen poco, la sonrisa es siempre a medias, acompañada de la evasión de la mirada o el gesto de taparse la boca. Y quizás por ello una recibe una impresión casi física de que están doblegadas (aunque no sea el caso), de que sus personalidades están ocultas, pero no por el hiyab, la abaya, la dupata o el sari, sino por el lenguaje del cuerpo, el rostro de timidez imbuido en la costumbre social, la cultura. Aún después de casi cinco años descubro razones que se escapaban de mi compresión. La modestia no es solo un actitud religiosa, tiene una raigambre ancestral. Y entonces así como es con la sonrisa es con la escritura… Es interesante experimentar que una vez que expresamos lo que pensamos, sentimos, sin cortapisas y sin importar si gusta o no, no es fácil dar marcha atrás. Aprender que la libertad puede ser modesta también y una sonrisa, decorosa. Las sazones de la libertad de expresión son sabrosas. La historia demuestra que las culturas se adaptan, se amoldan a nuevos usos y, con suerte, evolucionan sin perder sus valores más preciados.

Similar era en los tiempos de las abuelas de una. Que tenían que ser modestas y sólo saber lo necesario. Agradezco a esas abuelas que se esmeraron con sacrificio y visión a mostrarles el camino de la independencia a sus hijas, y por supuesto a nuestras mamás por darnos el ejemplo de que es posible ser madres, esposas, profesionales y seres humanos productivos e integrales más allá de todo estereotipo. Sin perder integridad cuando más se temía que ello podía suceder. Por enseñarnos que la sonrisa puede ser generosa, abierta sin ser indiscreta, y que si lo es no importa tanto, porque lo que cuenta es ser dueñas de la misma. Lo que cuenta es saber adónde se va, qué se es y qué no.

Me gusta creer que estas sonrisas simientes mostrarán un camino menos arduo a las futuras hijas y nietas de Bangladesh, que la voz no se callará, que la modestia por la cultura se combinará con la fuerza intrínseca femenina  y seguirá íntegra, que la sonrisa escrita se escurrirá en la red y llegará a muchos puertos seguros y amables.

Breve del monzón

El monzón trae la melancolía a Dhaka. Es inevitable. La lluvia que como película gris nubla la vista de la ventana, la canción insípida y triste del agua cayendo, no hacen sino convocar suspiro tras suspiro. Añorar un adónde ir, un café o un tecito con amigos del alma, una conversación inteligente y honesta. Pero sólo es posible una visita razonable a los medios digitales. Y para nada, para seguir suspiro tras suspiro pensando en los olvidos de Dios para con este mundo que vive mordiéndose la cola como un perro tonto y confundido.

El cielo retumba y vibra ajeno a este pensamiento microscópico. No puedo sino pensar cuán extranjeros somos todos a este planeta. La realidad verdadera es el cielo reverberante, la lluvia que cae, el gris que emploma el ánimo, no las noticias. Las noticias son de fabricación humana, sus consecuencias nuestra responsabilidad. Pero qué cansancio con esta idea. La lluvia debiera lavar todo.

Hay tantas cosas pendientes, y este clima, este desasosiego me sabotean las ganas de terminarlas, pero es un sentimiento temporal, de hoy, de este momento, como tantos otros donde me dejo abrumar por las circunstancias y sucumbo a la tentación de la dejadez. Pero ya. Nada de qué preocuparse. Es sólo un momento que excusan estas líneas, que me acompañan, pero no definen sino este minuto regodeado en el tedio del monzón y sus susurros a los sentidos.

La excusa de la Eurocopa

Dhaka está calurosa y con cielo triste. Las noticias en la prensa son también bastante tristes. La rutina en Bangladesh está un poco intolerable. Demasiado rutinaria. Lo único que alegra el panorama es la final de la Eurocopa de fútbol de hoy. Me maravilla como el concierto del deporte une y hace olvidar. Luego del juego de esta noche, el resto de la semana volcaremos nuestra atención al tenis de Wimbledon. Y luego vendrán otros eventos del deporte con que distraer nuestra pereza y resignación del día a día. Darnos excusas para reunirnos y alegrarnos con la adrenalina de unas horas de competencia amistosa y gallarda. Y uno agradece estos breves momentos para el  olvido.

La foto es de Luis Rodríguez