Recital Ventanas Abiertas en Alejandría I

Este sábado 14 de agosto, a las 4:00 pm estaremos Ruth Hernández-Boscán, María Gabrielas Rosas, Georgina Ramírez, Cinzia Ricciuti y yo en la Librería Alejandría I del Centro Comercial Las Mercedes (donde el antiguo CADA Las Mercedes), compartiendo nuestros poemas acompañadas de la música del guitarrista y también poeta Leonardo González Alcalá. La Parada Poética y la Librería Alejandría I son los organizadores y anfitriones del evento.

Ventanas abiertas se titula el recital como declaración, como invitación a compartir un espacio de remanso y retiro del agobio cotidiano de esta ciudad. De tardecita y con vinito, les esperamos.

Kali país – divagación

A veces reviso las entradas viejas de este blog y me digo, y ¿dónde está el cuento de tal o cual viaje? y ¿por qué no puse tal o cual foto?. Este blog tendría que ser no sólo cuaderno de notas y borradores sino bitácora y muchas entradas se me han quedado en el tintero. Quiero ponerlas acá. Como ejercicio de mi memoria. O como ejercicio y punto. Pero, bueno, el blog es tantas cosas…

Es una mañana de sábado, escucho música mientras veo por la ventana el cielo nublado que cubre a Caracas.

Me he echado en el sofá rojo oscuro de mi sala, acurrucada en todos esos cojines forrados de telas de Bangladesh, confortada con mi taza danesa de té ahumado, calentado por la llamita bajo mi tetera de hierro japonesa… No, no es un alarde de transhumancia, sino el retrato de cosas queridas que me hacen sentir en casa y propietaria de mi espacio. Bajo la cobija, tecleando en la computadora esta entrada, no quiero sino regodearme en este sosiego momentáneo. Me recupero de una cirugía. Me recupero también de noticias leídas que aniquilan y poemas escuchados la noche anterior, exultantes de vida y creación.

En Venezuela, uno se debate en los extremos de la euforia y la depresión. Lo de bipolar, a esta república, le sienta como anillo al dedo. Pero luego del rush del sube y baja, por fortuna viene ese cierto sosiego. O quizás yo me lo procuro para la sobrevivencia… Sobre – vivencia… En Venezuela se sobre-vive, es decir, la vivencia es excesiva, no en balde hay escasez de calmantes y demás fármacos que atenúan la extra experiencia.

De alguna manera, agradezco la alarma sobre la vida, así no nos puede pasar de largo. Siempre se está de urgencia para ella. En la necesidad de amigos, de contacto, o de aislamiento para la introspección o para crear o incluso, destruir. Venezuela es una suerte de Kali rediviva. Es energía en movimiento, en destrucción y construcción simultáneos. Y uno no es sino reflejo de ello, y quizás ella no es sino reflejo de todos.

Kali - Nepal

[Santuario de Kali en Nepal]

Y al hablar de Kali, recuerdo la visita que hicimos a un santuario en Nepal en abril del 2008, dedicado a la diosa. Uno de los más antiguos que existen, el cual, si la memoria no me falla (revisaré el dato), se remonta al siglo13. Ubicado a horas de Katmandú, entre montañas, el peregrinaje es de centenares de personas, quienes portan un cabrito o un gallo mientras hacen fila para entrar y ofrendar. Al llegar el turno de cada quien, el animal es sacrificado y su sangre se usa para bañar y alimentar la efigie de Kali, una pequeña escultura negra protegida por una capilla, al fondo de la hondonada, cuidada con celo por sus oficiantes. Para el rito se la desviste de todos sus adornos de plata, y así, desnuda es bañada de rojo.

Santuario de Kali - la diosa desvestida

[Santuario de Kali en Nepal]

Mirar al cielo – en alto

Mirar al cielo

Cielo del 23062010 sobre Caracas

Ayer el cielo nos regaló una imagen rara de ver: la luna brillante en el crepúsculo acompañada de un arcoiris. En momentos de desasosiego uno debe permitirse ver el cielo. No es que haya respuestas en él, pero sí hay sosiego. No sé si es la profundidad de la altura que se pierde de vista. Si es el azul o los naranjas de atardeceres y despuntes del sol. Si son las nubes que como elefantes etéreos lentamente siguen una marcha sin destino final. Mirar al cielo es una plegaria aunque uno no crea tener fe. Me recuerda que hay todo un universo fuera y del cual somos sólo partículas. Partículas infinitesimales. Mirar al cielo sirve para guardarme, cuidarme de lo pequeño, de lo mezquino y también para agradecer todo lo bueno, desear en alto.

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En alto

me procuro un tiempo de artificios
en ausencia de las formas amables
de nuestros hábitos

el Apocalipsis nos ronda
nos acecha silencioso
tras la basura

es una bestia incansable
es la rabia en espera

temblarán las bases carentes de sólida raigambre
todo se derrumbará                 leve en la irrealidad

me guardo tras el cerco

de lo deseado

en alto

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En día de pausa

Hoy es un día de pausa. Reflexiono con la ventana abierta al día que me escamotea al sol de tanto en tanto.

Desde hace meses siento que fluyen demasiadas cosas en mí: preocupaciones, trabajo, amistades nuevas, amistades viejas, libros leídos y por leer. He tenido satisfacciones plenas como participar en un recital poético, el primero; de un taller de poesía con Armando Rojas Guardia, y gozar de la continuidad de Literaria Blog actividad a la que me he visto más comprometida de lo que esperaba, pero feliz con ese compromiso (sabroso sólo reunirse para escuchar a autores leerse). También me he visto expuesta a algunas mezquindades, pequeñas aunque molestas, que han irritado mi temperamento, porque, realmente, hubiera querido que mi proceso de retorno a Venezuela se hubiera visto libre de ellas.

Quizás me he acostumbrado demasiado a la ermita que me construí viviendo fuera. Una ermita personal. En esa ermita hablaba, leía y escribía en español. Fuera de ella sucedían los países extraños, las historias inusitadas de amigos y conocidos de esos lares, que pasaban en otras lenguas o en otras variaciones del español. Siempre fui forastera a pesar de saber adaptarme a las circunstancias, habilidad que no sabía que tenía hasta que me fui de Venezuela hace 11 años. Y he aquí que retorné y me adapté, pero aún soy forastera y aún me cobija la ermita, porque fuera sucede un país extraño, mis amigos viven historias inusitadas y absurdas, incluso a veces hablan otra lengua, diferente a la que conocí.

Y siento ganas de huir, pero adónde. La ermita no me abandonará. Ni la sensación de extrañeza.

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