Mirar la ventana. Por la ventana. Contemplar el exterior raramente inamovible. Observar sólo el transcurrir del tiempo.
A la ventana. Por la ventana. Como un espejo dañado que no refleja sino que se roba la imagen y la dispara haciendo que se pierda en la atmósfera, atomizándola ahora invisible en alguna nada estéril, sin posibilidad ni siquiera de miedo.
Mirar la ventana. Poder apreciarme en la contemplación del lado de acá. Sin disturbios en mi entorno que impidan la visión introspectiva, el acceso al cosmos real e ignoto, a la prisión invertida del infinito interior. Único mapa por dibujar, con fronteras que demarcan hacia dentro pero impiden hacia afuera.
Estoy en la habitación mirando a la ventana. Por la ventana.
Todo ocurre tras los ojos que miran durante la conciencia que se revela.
El 1ro de octubre este blog cumplió 5 años ininterrumpidos. Tuvo dos vidas previas, algo solitarias en el 2002 y en el 2003-04, truncadas por servicios de hospedaje absurdamente baratos y creo que fraudulentos porque luego de borrarlo no pidieron disculpas ni hicieron caso de los correos que envié bastante molesta, para pedir que los restauraran. La última vez lo borraron a principios del 2004, justo llegando a Bangladesh y no fue sino hasta que ya estaba algo establecida que lo volví a empezar en octubre de ese año. Lo instalé en blogger usando la modalidad de posteo por ftp a mi servidor, hasta que éste bloqueó a blogger y decidí adoptar WordPress, ya que mis experiencias anteriores con MovableType habían sido algo traumáticas. WordPress me parece bastante bueno y estoy contenta con él.
El k-minos del 2003 – pantalla recuperada de los archivos de la web
La «exposición de motivos» por los cuales empecé este blog se encuentra en por qué k-minos, pero me quedo corta. La pregunta de porqué escribimos es difícil de contestar, porque no es sólo para expresarnos y comunicarnos con otros, es algo más visceral que eso. Y siempre es más complicado explicar una compulsión que combina lo físico con lo emocional e intelectual. Ciertamente me sentía bastante sola en Uganda, y luego en Bangladesh. Sola por no tener afinidades con mucha de la gente que conocía y que quiero como familia, pero que no se conectaba conmigo en cuestiones como lecturas, gusto por el arte o sencillamente conversar algo más allá que del día a día. Por supuesto, hubo excepciones pero eran… excepciones. Luego, la nostalgia. Las ganas de acercarme a Venezuela, de atarme a ella de alguna manera, de que no se me escapara. Le debo al blog el haberme mantenido conectada al país, y a gente maravillosa que puedo decir que son mis amigos hipervirtuales, a los cuales poco a poco les voy otorgando realidad con encuentros fuera de línea.
Encuentro 2.0 y feistufeis -parafraseado a Raisa- o un todo en uno
Uno de estos amigos fabulosos es Álvaro Ramírez Ospina del blog Ojo al texto y responsable del proyecto Hiperbarrio, respaldado por Rising Voices. Álvaro compartió con mucha blogósfera venezolana, sobre todo la de los principios de Veneblogs y se nos hizo pana a lo largo de estos 5 años. Y es gracias a la conjunción y conexiones de energía que la web 2.0 potencia entre la gente, que Álvaro pudo visitarnos en Venezuela alEncuentro Web 2.0. Ideas que conectan. Este encuentro fue organizado por Espacio Público y realizado el 2 y 3 de octubre en el Foro Siglo XXI del Centro Letonia de La Castellana en Caracas. Fue una oportunidad también para compartir con los amigos Raisa Uribarri, Luis Carlos Díaz, Naky Soto, David Padilla, Nadia Goncalves, Erika Rosales, Carlos Correa, Mabel Calderín, Iria Puyosa, entre muchos otros y conocer al fotógrafo rebelde de toda rebeldía, Álvaro Hernández Angola -quien en amorochamiento con el otro Álvaro se hicieron llamar los Álvaro 2.0-, y la periodista argentina Mariana Isasi de la organización Periodismo Social.
Alvaros 2.0: Álvaro Hernández Angola y Álvaro Ramírez Ospina en los jardínes de la UCV
Lugar: Centro Cultural Chacao, Av. Tamanaco, El Rosal / Hora: 7:00 pm
Actualización de ficción y panfleto:
Un pedacito del diálogo de esta noche en video… Angel Alayón, Roger Michelena, yo, Héctor Torres y Daniel Pratt… Leo Felipe no pudo venir y José Antonio Parra suicheó con Roger… Muy grata la conversa y enriquecedora. Gracias por la invitación a Héctor y Daniel. No sólo emprendedores sino generosos.
El 22 de agosto cumplí un año de haber dejado Bangladesh, el sábado mi sobrina cumplió añitos dejando ya de ser una bebé de 5, para convertirse en una niña de 6 y hoy, si mi abuela Ludmila viviera estaría cumpliendo 110 años.
El hecho de que ya haya pasado un año de mi partida de Bangladesh me impresiona sobremanera porque aún siento en mí la sensación de llegada. Aún hay cosas por acomodar en mi casa, cosas en cajas que por falta de espacio no puedo poner, como cuadros y adornos. Cosas que añoro como libros que dejé y recién me percato de ello al extrañarlos o querer releer algún párrafo o capítulo. Extraño la vida social que tenía allá, llena de compromisos instantáneos para un café, una cena o sencillamente vernos todos a los que nos unía la particularidad de estar residenciados en un país tan ajeno a nosotros. Tengo un poquito de nostalgia, sí. Pero también se me quita con ver El Ávila, exhibiendo sus diversas tonalidades, los atardeceres de Caracas, a los que hay que cazar con la vista a través de la selva de edificios que invaden el valle, ya sea transitando por la autopista o si por suerte se está en algún lugar alto.
Atardecer en Caracas desde la autopista
Se me consolida el júbilo de estar acá cuando alguien me dice «mi reina» en la calle o me echa un piropito. Aquí la gente se queja de ese exceso de confianza que se agarra la gente. Para mí es maravilloso que exista, porque me refuerza el sentido de querer vivir en democracia. Aquí nadie es más que nadie.
Pero esa sensación de llegada no se me quita. Aún estoy familiarizándome con los abismos que parecen separarnos y las insólitas referencias culturales, que sobreviviendo cualquier circunstancia, nos aglutinan bajo una misma bandera como lo puede ser una Miss Universo.
Y así como reparo en esta nostalgia extraña de estar afuera, también me afianzo en la solidez de los afectos familiares como las sobrinas con las que por fin comparto algo más que una visita azarosa y breve, y el recordar hoy, en un aniversario más de su nacimiento, a mi abuela paterna, Ludmila. Fue una sobreviviente de revoluciones, guerras y migraciones asumidas como vinieron, sin darle mayores vueltas. Agradezco su vida y la extraño mucho. Nació en 1899 y nos dejó en 1992.
Hace unos 3 años escribí algo pensando en ella,… pensando también en las casas que he tenido, las memorias, las amistades dejadas en otras geografías.
Las otras de hierro forjado, diseños curvilíneos e interesantes
Las tres últimas modernas, sencillas y familiares
Mi abuela tenía todas sus llaves en un manojo
El manojo está extraviado,
oculto en alguna parte
que no logro encontrar
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…. Espero de alguna manera conservar el mío y pasarlo de mano… que nadie lo añore durante un aniversario o en medio de una rememoración llena de nostalgia y algo de tristeza.
Ningún camino me pertenece
ni yo soy suyo para nada. ¿Quién atesora
migraciones de nubes a la orilla del viento?
Abro los días por la puerta del mar
y en las corrientes planto mi casa, bebo
los torbellinos.
La luna me comprende con estaciones de intimidad
y luego vamos cada quien, ella creciendo
con mi lumbre por dentro, yo con la capa
de los jinetes a pleno sueño.
Ondulaciones en la hierba, sé sus andanzas
de lluvia o sol, y el vencimiento de los árboles
muertos por hacha, y el corazón
abierto de las piedras.
Nada retiene bajo su luz, y así mi abrazo
rodea las cinturas de las espumas
y cuando nazco de raíz pienso en el aire
y el horizonte sobre mi mano.
Se me vuelve un tesoro
los días del universo.
Sus regalos destellan
por el instante de mi voz
y pronuncio la fuga de las arenas en mi puño
con júbilo las estrellas
y hago silencio.
Reverencial. Monte Ávila Editores. Caracas, 1991. P 54.
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