
«La democracia es para que todos puedan expresarse». Así lo dijo en una entrevista, Ismael García, diputado de Podemos, quien fuera uno de los pocos diputados en defender el derecho de palabra de los estudiantes ante la Asamblea Nacional. La entrevista da el perfil de una persona lógica, ecuánime dentro de su ideología socialista que admite una democracia en donde haya diferencias.
Interesante que apunta a esta distorsión absurda que el gobierno se ha dado en promover de que todo aquel clase media es oligarca. La clase media no es rica, pero si alguien de un barrio tuviera el ingreso de una persona de la clase media quizás pudiera ser considerada como rica, pero dentro del barrio. Así como una persona de ingresos clase media pudiera ser considerada pobre dentro de un contexto social de riqueza.
Estamos sometidos a un constante ejercicio taxonómico para establecer diferencias. ¿Qué significa ser del «pueblo»? ¿Cómo identificar a alguien del «pueblo» que aparentemente no puede pertenecer a la clase media o ser rico? ¿Qué significa para el gobierno pertenecer a la burguesía y cuál es la diferencia con la oligarquía? ¿A qué clase pertenecen aquellos que siendo del gobierno, viven en el Este, son profesionales y sus hijos van a universidades privadas o públicas o ambas? ¿Hay gente sin dinero más educada y culta que gente con dinero?, ¿eso la hace cuál clase? ¿Un pobre de Caracas es más rico que un pobre del interior?, ¿sería clase media en el interior?, ¿un clase media de Caracas sería un rico en el interior? ¿Es la vida rural, necesariamente, pobre?, ¿bajo que parámetros?, ¿puede haber un pobre que sea burgués?
Se ha catalogado a la gente y se han promovido ideas de lo que es un rico, un pobre, un oligarca, un burgués, un sifrino, un revolucionario, un demócrata, un activista civil, un ong, un golpista, un guarimbero, un escuálido, un chavista, etc., estableciendo sinónimos entre palabras que no lo son y paradigmas y estereotipos demasiado simplistas para la Venezuela que somos. Todos, creo que sin excepción, tienen familia que cubre distintos espectros de las clases sociales de nuestro país.
Eso me hace pensar en la manipulación del lenguaje para establecer y sustentar las lealtades al chavismo y la oposición. La de tratar de presentar el chavismo como un movimiento de los pobres, y la de la oposición como un movimiento de los ricos «oligarcas» ignorantes… ¿de la clase media?… apoyados por la ¿burguesía internacional?… Así como la oposición de calificar al chavismo como de movimiento de pobres “pata en el suelo” e «ignorantes». En ambos bandos hay gentes de todas las clases, en distintas proporciones pero hay.
Y aquí con la respuesta de los estudiantes estos intentos taxonómicos se rompen, porque ¿a qué clase pertenecen los estudiantes? Los hay mantenidos por sus padres, los que trabajan y viven con sus padres pero que necesitan mantenerse y contribuir , o los que trabajan y viven con sus padres pero no necesitan contribuir, los que trabajan y tienen familia. Esto en el ámbito universitario. ¿Y en el liceísta y de bachillerato? ¿A qué clases o clase pertenecen los estudiantes?
El discurso del presidente reseñado por Karelia, se presenta un tanto vacío ante las realidades de la gente común que no tiene idea de quién es Gramsci o Chomsky o Ramonet sino por las menciones del presidente. La gente entiende de los conceptos básicos de justicia, seguridad, bienestar, democracia que no necesitan justificaciones ideológicas de ninguna índole ni respaldos de citas citables o libros. Y así también los estudiantes que se han convertido en adolescentes y mayores de edad bajo este gobierno, que no tienen memoria de la última dictadura ni tampoco de la subsecuente democracia, y que han crecido en medio de la confrontación de todo el país. Ellos han podido ver las dos caras precisas de la moneda, parados desde su canto.
Iria observa que la tendencia de los jóvenes es todavía más individualista que antes en un país en el que se ha dado tanto énfasis en lo social, comunitario, etc., señalando que los estudiantes se han unido sólo para reclamar en protesta algo que consideran injusto. No quieren ni «renuncia&»;, ni llaman a «golpe»;, ni realmente a nada que incluya una agenda política más allá de protestar por un derecho civil que ven vulnerado.
Para decepción del chavismo más guerrero, la policía no ha dado a la represión el énfasis que hubiera podido. El gobierno, sorprendido como está por esta respuesta estudiantil, no obstante sabe que disparar contra la muchachada tendría un costo político para sí aún más grave que el del 11 de abril si las fuerzas del estado se manchan las manos con esta sangre. Sin embargo, llama a sus milicias civiles a la «defensa» de la «revolución», pero sólo los fúricos, una minoría, han atendido el llamado para realizar pequeños actos de vandalismo. Los guarimberos también intentan llevar a cabo su violencia pero la gente no se engancha. La gente tiene suficiente con la de la criminalidad, para también equipararse a los delincuentes de todos los días. Expresan sus apoyos en demostraciones pacíficas ejerciendo sus derechos civiles, unos a favor otros en contra.
Pero el chavismo no es el único sorprendido. La oposición también está sorprendida por este acto de los estudiantes de pura voluntad de reclamo sin agenda política visible. Los líderes de la oposición no son los protagonistas. También están desacreditados y sus discursos se presentan un tanto vacíos en tanto que no tocan la fibra emocional de la gente tan harta de decepciones.
La gente está conmovida y ha sido movida por el ejemplo de estos muchachos que están atendiendo sus propias razones, llenando el nicho que les corresponde de brindar un espíritu de renovación y ofrecer una posibilidad de cambio para un futuro en donde las exacerbaciones políticas del presente no tengan cabida.
Sin embargo, esta carencia de «política»; preocupa a una serie de analistas como el historiador, Elías Pino Iturrieta, que considera esta reacción como de corto aliento porque no cuenta con la formación activista ni producto de la reflexión y análisis de textos políticos: «Según propia confesión, de momento se niegan a navegar el mar proceloso que metió a sus antecesores en la historia. No quieren aproximarse a la política ni contaminarse en el trato con los políticos, un afán sanitario que seguramente aumente su popularidad ante los ojos de un pueblo descreído pero que puede desembocar en un infructuoso aislamiento». De alguna manera la misma preocupación se manifiesta también en la entrevista de Ismael García, cuando dice «en el caso del movimiento estudiantil está claro que no hemos hecho lo suficiente, no hemos hecho ningún trabajo. Esa ha sido una de las fallas fundamentales que hemos tenido. Lo que está pasando hoy es producto de que si tú no has sembrado no puedes cosechar. Allí no ha habido un trabajo con los compañeros.»
Y yo me pregunto, ¿no será que necesitamos menos ideologización proselitista y más sentido común? ¿No será que en esta era donde las culturas se ven impactadas por la globalización gracias a la penetración de los medios, donde los medios presentan alternativas de expresión y extensión para la percepción del mundo al alcance de la mano de casi todos, estos términos de burguesía, oligarquía, clases sociales, tendrían que ser revisados a las luces de estas circunstancias? ¿Será que vivimos de la definiciones pertenecientes a un pasado que no nos representa hoy en día?
Si hay algo que ha sido refrescante de este protagonismo de los estudiantes es que surge una alternativa que no está marcada por los colores políticos, que no discute la legitimidad del presidente, ni cuestiona la existencia del chavismo o la oposición, sino que toma como consigna un principio, el de la libertad, difícil de discutir o someter a muchas condicionantes, frente a la hegemonía política de un gobierno.
Habría qué pensar entonces si el camino de la política ideologizada, proselitista, partidista y populista es la manera de hacer las cosas en un siglo marcado por el fracaso de construir bienestar y paz en un país que cuenta con la gente, toda la riqueza y belleza para ser el mejor del mundo.
Le quisiera pedir a los muchachos, ¡sigan siendo estudiantes! ¡No se dejen colorear!
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