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Guerra es más que una palabra

streetinnairobi

Una calle de Nairobi, cerca de Westlands

Y mientras preparamos todas estas cosas de encuentros y recitales en Caracas para esta semana, tomo más conciencia de lo ocurrido en Kenya. El mall donde fue el ataque era al que acostumbraba ir con mi esposo al supermercado, al cine, a comer, durante los meses que pasé allá. Me entero por facebook de que una amiga de nuestro círculo ha sido ya operada dos veces víctima de los ataques y que en un hilo salvó a sus hijos pero cayó herida.

Ya yo no sé de qué material está hecho el mundo, es éste donde personas se convierten en verdugos por una causa que realmente no lo es. ¿Qué causa puede justificar la muerte de gente inocente? Un poeta ghaniano, Kofi Awoonor, de visita en Nairobi cayó víctima de los tiros con su hijo. Él murió y su hijo sobrevivió.  Awoonor es el autor laureado de un libro llamado Songs of Sorrow, entre muchos otros, del cual el New York Times cita un fragmento de uno de los poemas, y hoy que hablaremos de paz en la librería El Buscón no puedo sino pensar en esta Caracas nuestra en guerra, en esta Venezuela en guerra, en el sinsentido de cuerpos cercenados y torsos que fueron vaciados de su corazón. Guerra es más que una palabra y no es una herida pasajera.

The rain has beaten me
And the sharp stumps cut as keen as knives
I shall go beyond and rest,
I have no kin and no brother,
Death has made war upon our house

Kofi Awoonor, fragmento de Songs of Sorrow

Traducido al voleo:

La lluvia me ha golpeado
Y los afilados tocones cortan tan determinados como cuchillos
Iré más allá y descansaré,
No tengo pariente ni hermano,
La muerte ha hecho la guerra sobre nuestra casa

Caracas – Londres – Kampala

Tomada desde el carro viniendo de Entebbe, una vista típica de las calles de Uganda, la mujer con su carga en la cabeza.

Tomada desde el carro viniendo de Entebbe, una vista típica de las calles de Uganda, la mujer con su carga en la cabeza.

1. Aterrizar. Llegar como siempre, viendo por la ventanilla el paisaje frío y bucólico. Las metáforas son lugar común. Antes… durante el vuelo. Pensar y no pensar un poquito. Dejar atrás la familia, las hermanas, la sobrina. El corazón aprieta. Un breve Londres y después de nuevo África.

2. Inevitable y frívola comparación. Caracas es una ciudad de pasión. Caracas pasa por uno. Se impone, no flirtea. Es obvia y arrolla los sentidos. Es macho y hembra a la vez. No brinda lugar al dejo de la seducción. Es o no. Se le odia o se le adora. Londres en cambio es masculina. Indiscernible en el primer encuentro. Retraída, con la feminidad oculta tras tanto gris y transeúntes sin vista. Pero es cómoda. Uno es el cazador y no el cazado. El seductor y no el seducido. Uno escoge el Londres que quiere y ese es el que se disfruta. Ni más ni menos.

3. El Museo Británico.Sólo se puede decir que es maravilloso. Cuando se le visita no cabe el asombro ante tanta compilación y acumulación de conocimientos. Casi se le agradece a los británicos el saqueo e invasión de culturas. Cada pieza tiene su azarosa historia. Humildemente en medio de la inmensidad de cualquier sala deja al visitante avisado y avezado traslucir lo que pudo ser su periplo. Allí esa pieza tan chiquitica, mediana o grande en medio de ese edificio con ínfulas de planeta. Cada vez que me quedo en Londres, el MB es una visita de rigor.

4. Hablando de museos… Llegué de Caracas y aunque no estuve mucho de ronda museística si puedo decir que nuestra Galería de Arte Nacional tuvo dos muestras de altísimo nivel. La de piezas pre-colombinas venezolanas y “Reacción y controversia en el arte venezolano”. Estas dos exposiciones sin duda no tienen nada que envidiarle a cualquiera del Británico.

Entre sus méritos están:
– Reconciliar al visitante con el país porque es una clara demostración de que si hay instituciones que funcionan, gente que piensa, y enormes tesoros nacionales.
– Las investigaciones y curadurías son evidentemente impecables.
– La museografía es bastante buena. Cómo no, hay gazapillos, pero de eso no se exime ni el Británico.
– Lo mejor es que son exposiciones venezolanas. Sin necesidad de tildarlas de bolivarianas o ubicarlas en una u otra república o someterlas a una revisión constituyente o reconstituyente.

Este último punto es importante. Para los que estamos lejos pero que no hemos emigrado, es importante reconocernos en un espejo que ofrezca imágenes venturosas de nuestra patria cada vez que regresamos de visita. Gracias GAN.

Vista desde Tank Hill en Kampala, desde donde se aprecia el Lago Victoria.

Vista desde Tank Hill en Kampala, desde donde se aprecia el Lago Victoria.

5. De nuevo en el avión. Ver el Lago Victoria por la ventana. Sentir el golpe tibio de la atmósfera de Entebbe. Los olores dulces. Salimos de la península, atravesamos Kampala y llego a la casa en Munyonyo. En el trayecto los matatus (autobusetas kamikase), boda-boda (taxis motonetas), ráfagas fugaces de música, lingali, salsa africana, las bicicletas cargadas de matoke (variedad de banana, que constituye la comida nacional), las mujeres con la carga en la cabeza y el niño detrás a cuestas. Llego al hogar, a mi rutina, a la paradoja de ser ex-patriada.

Llego a Uganda.

Esta fue mi primera casa en Uganda y en ella viví por dos años.

Esta fue mi primera casa en Uganda y en ella viví por dos años. Cerca del Lago Victoria en Munyonyo, Kampala.