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Divagaciones en el hiato de un post

A veces no sé si escribir de todas estas cosas políticas tiene sentido. La historia marcha sola sin hacer caso de nuestras pequeñas vidas. Gente sigue muriendo alrededor del mundo y tratar de convertir este planeta en algo mejor y más vivible pareciera una campaña titánica. Huracanes devastan ciudades enteras, el calentamiento global elimina especies y causa hambrunas en el mundo y aún hay que convencer a un hombre, uno sólo de poder efímero, de que firmar un tratado para mejorar la temperatura del mundo es un paso fundamental para garantizar el futuro de la humanidad. Un huracán que obligará a restringir el uso energético por un buen tiempo, porque ese huracán inutilizó plantas, refinerías y puertos petroleros. A causar menos calor obligados. Como dirían algunos amigos del norte: isn’t that ironic or what? Pero no es irónico, es dramático y estúpido. Soberanamente estúpido.

Entretanto en nuestro país un presidente cuestiona al otro porque se iba de vacaciones a la puerta de un huracán cuando él mismo estaba en La Orchila celebrando la noche del deslave del 14 de diciembre de 1999 y habiendo sido advertido previamente de una posible catástrofe por Defensa Civil… Isn’t that ironic or what? No. Es dramático, es estúpido.

¿Tendrán razón quienes se aislan y concentran en sus propias vidas tratando de gozar cada minuto lo más que se pueda? No sabemos si el apocalipsis será mañana. Si un huracán, una ola o una tormenta nos borrarán de la faz de este planeta.

Yo ciertamente no sé hacer sino escribir las cosas que pienso y tratar de ser lo mejor posible en lo que hago y me tienta poder aislarme y parar el mundo y hacer que sólo gire dentro de mi habitación. O dicho de otra forma, que esta habitación sea mi único mundo y que el de los demás se las arregle como sea.

No sé que pasará con mi vida ni mañana ni la semana que viene o en dos meses o un año, y mi nivel de deseos de aventura no se apresta a la falta de planes para el futuro.

Es aterrador. No tener planes y que el planeta esté tibio son como umbrales al suicidio. Una puerta a un abismo negro. Una puerta a un cuarto cerrado sin ventanas y completamente blanco. Ambos sin vuelta atrás. Ambos finales abruptos. Quizás necesito algo a qué prenderle una vela que requiera de espíritu y no de concreción. Una flamita ofrecida al mundo pequeña y frágil sujeta a la brisa involuntaria del aliento. Algo más que optimismo natural y automático. ¿Una buena vibra dirigida?

Quisiera estar fuera de órbita unos días. Me requiero a mí misma. Pero ya hay varios post en la lista de espera, y no hay día al que no lo siga una noche. Por lo que los paréntesis y los corchetes de esta vida que quiere ser propia deberán esperar un ratico o por un golpe de estado íntimo y personalizado.

Estoy en rebelión hoy para mí.
Lo siento. También por hoy, sin comentarios…

Ranteo ortográfico

Confieso que cuando leo y me encuentro con usos inapropiados del idioma me siento incómoda. Casi ofendida por la aparición de una «zeta» mal puesta o la ausencia de una «hache» o una «y griega» en vez de una latina y viceversa. Sentimiento peor que la incomodidad de encontrarme con estos gazapos en cosas que leo, me lo da tropezármelos en algo que he escrito. Y lucho constantemente contra ello, especialmente ahora que debo manejarme en dos idiomas para hablar, escribir y leer con la consecuencia de tener traspapeladas las grafías con los sonidos y sorprenderme tipeando «the» en vez de «de» al escribir en español. No me molesta el uso de neologismos siempre y cuando estén denotados con itálicas o comillas o cuando son ya de uso extendido y popular y cubren la necesidad de denotar algo para lo cual no hay palabras en español como fuera el caso de tipear, y más recientemente como se está convirtiendo el de postear, rantear, cliquear o clicar, etc. Más me molesta el uso inapropiado de palabras, ya sea fuera de contexto, sentido o atribuyéndoles significados que poseen palabras similares en sonido o en combinación cuyo efecto sea una excesiva redundancia tal y como el «presunto sospechoso» en donde el individuo en cuestión no sólo está bajo sospecha, sino que ésta es sometida además a una presunción que debe ser comprobada, por lo cual es sospechoso por partida doble. Peor es cuando leemos «sospechoso del presunto crimen de asesinato», es decir que el crimen también está bajo una presunción a pesar de que haya un muerto atravesado por una bala.

Una falta ortográfica o gramatical es perdonable si es honesta y se comete con humildad es decir sin estar acompañada de la arrogancia de la posesión de un conocimiento superior al de los demás. Graves son las que se encuentran con frecuencia en los foros políticos en línea cuando se opina y/o insulta con errores ortográficos: «eres un icnorante«…

Luego, por supuesto, está el uso del idioma sencillamente para insultarse en dichos foros, los cuales funcionan más como salas de terapia para gerenciar la ira que otra cosa. Es muy difícil encontrar salones de discusión donde sencillamente la gente opine dentro de los límites del respeto. Basta una línea de disensión política y eres una»perra traidora» o un «pargo hediondo» o «a ti lo que te gusta es que te den por el chiquito» y así in crescendo dando los foristas muestras de una creatividad aterradora para la violencia sexual expresada verbalmente. Por fortuna, en algunos de estos foros se ha decidido censurar este tipo de lenguaje que no le agregaba ningún valor a las discusiones.

Yo no soy socióloga, ni lingüista, sólo chapada a la antigua en referencia al uso del lenguaje y aspiro a escribir bien, de forma agradable y sencilla, y con buena ortografía. Lucho también contra mi sintaxis enrevesada, a veces disléxica, si es que esto existe. Presumo de tener buena ortografía incluso en el inglés y creo que es porque siempre he leído mucho y ahora leo bastante en esta lengua, pero no por ello me considero sabia, sabida o sabihonda. Solo viciosa de leer.

Gente que no lee con frecuencia o que no leyó mucho en su niñez y adolescencia no tiene buena ortografía. La asociación de la expresión verbal con la grafía no se fijó en la memoria. Pero esta afirmación tiene sus lagunas, porque cómo explicarse la mala ortografía de García Márquez, según propia confesión en sus memorias, siendo él un ávido lector desde niño. De su carencia de ortografía entendemos la irritación que le lleva a despreciar las reglas del idioma.

Para mí, si no se posee la habilidad de una buena ortografía como mínimo debiera haber la consideración con el lector y el uso del corrector del procesador de palabras. Con tantas herramientas a mano para corregir la ortografía, diccionarios en CD, en línea, etc., no entiendo porqué no usarlos especialmente para los medios impresos. Por más que haya una hora de entrega en un periódico, los redactores podrían con una mirada a un diccionario de sinónimos lograr el efecto de «dominguear» una nota periodística. Los correctores tendría también que, aparte de los errores de tipeo, corregir cierta sintáxis y semántica impúdica que hace uso de palabras con sentidos opuestos o redundantes al expresado. El diccionario para ello también es herramienta útil.

Pero también está la excusa de la rapidez que el medio digital imprime a la escritura para justificar los gazapos o las nuevas formas de tipeo donde se sustituyen la «qu» y la «ce» por la «ka», las cuáles desgraciadamente se me hace físicamente imposibles de leer o aquellos que cortan las palabras y frases aprovechándose del sonido natural de las letras y así «quedé» se convierte en «qd». Estas últimas formas son más naturales para la lectura, ya que usan la grafía correspondiente ortográficamente hablando al sonido consonante aunque no completen la palabra. Así hasta podría nacer un cuerpo de reglas de ortografía para Internet aunque muchos se rebelarían ante la idea por considerarlo un medio supremamente libre y sujeto al «medalaganismo» que por principio no contempla respetar «la gana» de los demás.

Sé que esté post está medio antipático. Pero de verdad que no me importa si alguien me corrige algún error ortográfico, sintáctico, semántico o de tipeo. Seguro que en esta misma entrada de mi blog se me ha escapado alguno.

Más sobre el idioma aunque no de la ortografía:
Carolina Jaimes Branger carga contra «aperturar»
¿Mouse o ratón?: la metamorfosis del idioma español en tiempos de Internet
Reforma ortográfica del idioma español (a muchos les llegó por correo electrónico)
¡Aprenda spanglish en un santiamén!
Las palabras y sus significados extraviados
Estos dos últimos no se ven bien en Firefox.

Otro que se me escapó:
De Nostalgia «Descifrando Códigos»

Ranteo azul malayo

Sumergida en la última playa que visitamos por las islas, me preguntaba porqué me era tan esencial el mar. Porqué me daba tanta paz y tibieza en el alma. El mar fue el caldo de gestación de la vida en este mundo y de alguna forma extraña pienso que algunos sentimos un volver al útero primigenio cuando estamos en él. Una sensación remota de origen que nos resuena de adentro como un eco.

Y el azul… porqué esa atracción y fijación por el azul.
Leí hace algún tiempo que es el color favorito de la mayoría de la gente… no sé si es verdad pero y cómo no podría serlo, si azules son el cielo y el mar cuando el sol está radiante.

Flotar en el agua bañada de luz y calor y las olas llevar y traer el cuerpo inane completamente dejado al momento de ese preciso instante el cual bien pudiera ser uno igual al de hace diez, cien, mil, un millón de años atrás, porque no hay tiempo que cambie el color ni la faz de sus aguas.

Pero, ¿por qué azul de tristeza? ¿por qué azul de música, el blue?
Quizás por las nostalgias sin remedio.
Demasiado intrínsecas y antiguas como para tener principio o final.

Azul que da brillo al planeta marmolado desde el espacio.

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Más sobre el azul en inglés:
Sitio de fans del color azul
Porqué el agua es azul
Introducción a los azules

En español:
El azul y el 5to chakra
Azul de Cruz Salmerón Acosta

Ranteo por un amor eterno

Estoy grabando rancheras de Juan Gabriel para la fiesta mexicana de esta noche en el club americano de Dhaka, y me acuerdo de tantas noches en Caracas donde alguien se aparecía con los mariachis de Las Mercedes a dar el serenatazo, cómo todos cantábamos a gaznate desnudo «Querida», o cómo nos poníamos a llorar con Rocío Durcal cantando «Amor eterno» en recuerdo de su hijo muerto viendo Sábado Sensacional. Sí, lo confieso, yo me viví intensamente el pop-culture nacional.

Redescubrí con toda su intensidad a Simón Díaz en Uganda, a quien Lino y yo escuchábamos con la más acérrima de las nostalgias por el Llano, destilada al son de una tonada bajo la luna africana. Y así con Simón, a Gualberto Ibarreto, a la Serenata Guayanesa, y otros. Una delicia apreciar las cadencias de nuestra música luego de estar bombardeado por los falsetes de la música India o el exceso del ritmo africano. Cuando confesé a algunos panas en Caracas nuestros despechos nacionalísticos, todos andaban, pero y bueno, ¿Simón Díaz? Pues sí, no es gratuito que tipos como Gaetano Veloso canten sus canciones. Realmente es uno de los poetas de la esencia de nuestros llanos. Lo digo sin embagues. Quien no haya estado metido en un monte del Llano por, como mínimo una semana, íngrimo sin ver a nadie en días con la única compañía de la sabana y un río quizás no lo pueda entender. Y lo mismo digo de oír un polo o un toque de tambor a San Juan proveniente de nuestras costas o un calipso guayanés. Quizás es ese esnobismo seudoniuyorquino que invade a cierta «élite» (entre soberanas comillas) caraqueña que le parece de lo last y le eriza los pelos del cuerpo cualquier expresión sincera de amor al país de uno, la cuál no sé porqué para ella es como una suerte del summum del kitsch. Qué vaina.

Oigo a Juanga decir a cada rato en la grabación de su concierto en el Palacio de Bellas Artes, ¡Qué viva México! y me pregunto qué será lo que nos impide decir ¡Qué viva Venezuela! siempre y a pesar de cualquier historia, porque ese es un amor que debiera ser eterno y sacarnos lágrimas con hipo como con cualquier canción de Juan Gabriel y mucho más.