Lluvia

Esta semana Bangladesh ha sido sorprendida en el inicio de la primavera con un tornado, ventoleras y una lluvia que ha empezado hoy, hace una hora, aquí en Dhaka con rayos que brillan impresionantes en medio del cielo hecho una espesa masa gris.

A pesar de la desgracia del tornado de hace dos días, es una lluvia bienvenida. El invierno se fue temprano. A mediados de febrero hacía calores de 30 grados cuando el año pasado en estas mismas fechas andábamos de abrigo y bufandas. El calor de este año afectó el nivel de los ríos y las cosechas estaban en peligro por la falta de agua.

Como esta ciudad es plana por completo – al igual que casi todo el país-, esa masa de cielo uniforme es bastante impresionante para los que estamos acostumbrados a voltear a un lado a ver el volumen de una montaña como El Avila de Caracas. A toda ciudad nueva que llego siempre le busco la montaña. Y es paradójico, pero esta planura de algunas ciudades me da sensación de encierro, la visión de una montaña me avisa de la posibilidad de las alturas y del final de la ciudad. Es un obstáculo para llegar al otro “lado”, a otra tierra como alternativa. En cambio aquí en Dhaka siento como si la ciudad fuera interminable y no hubiera cómo salir de ella… En la realidad, por supuesto, no es así. Su infinitud geográfica es una falsa impresión remarcada por la cantidad de gente, calculada a “ojímetro” por los dakhaítas entre 14 y 16 millones de personas. Al salir de sus linderos se entra a otro mundo, lleno de melancolía poética, música, ríos, sembradíos de arroz, hombres y mujeres vestidos con sus lungui punjabi y saris de colores, botes de madera para pescar, transportarse, vivir.

En estas cuatro paredes de mi apartamento y abstraída del “afuera”, la lluvia de hoy me recuerda al “Cordonazo de San Francisco” caraqueño. Primera vez. Las otras lluvias del monzón eran agobiantes, porque con el agua no había viento y hacía calor y en el poco aire libre, humedad. Esta es fresca, con brisa que se intercala a vientos fuertes y sin tanta humedad. Y oscura, oscura. Tronadora.

Quizás la nostalgia me traiciona porque hablé con mamá esta mañana.

Decidí quedarme en casa hoy y disfrutar de la tarde de lluvia con un té en la mano, olvidarme de las noticias de aquí y de allá, de lo por hacer y lo hecho.

Decidí tan solo estar, por hoy.

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PS: El Cordonazo de San Francisco es un fenómeno que se da/daba en Caracas y otras partes de Venezuela hacia el día de San Francisco, en octubre. Una lluvia torrencial con vientos fuertes, rayos y truenos y el cielo tan cubierto que ni El Avila se ve. Por lo tan fúrico del fenómeno decían que era San Francisco dando cordonazos a los caraqueños… me entero por internet que el mismo fenómeno existe en otras partes del mundo también y se le llama igual … pero lo aclaro porsia.

12 comentarios en “Lluvia

  1. Me pasa parecido… lo describistes muy bien, será por el hecho de haberme criado en un valle que siempre me hace falta la sierra!
    Las montañas para mí representan romper con la monotonía, tener algo mas q ver en el horizonte, subirlas y ver algo diferente.
    Me acordé del cerro el abismo en el Paují ;)
    Me fui! Lunch break is over…
    Disfruta el aguacero, a mi me gustan lo q si me fastidia es la lluviecita pertinaz… como la q nos viene desde hoy hasta el lunes… segun!

  2. Crecí en el estado Zulia, todo para mi ha sido plano, siempre. Y lo que es la montaña para ti.. lo es lo plano para mí.. no veo ningun límite en el horizonte.. nada que bloquee mi vista hacia donde todo se pierde, y me da esperanzas de llegar a los lugares donde mi vista no alcanza..
    Pero cada vez que iba a Caracas, veia el Avila por el balcón del apartamento de mi nonna.. mientras mi mamá (que vivió toda su vida en Caracas) me contaba lo que representaba esa montaña para ella…y siempre me pareció fascinante.. mami me decia: “El Avila .. que bello es.. parece que tuviera vida propia..algo sólido, imponente, un pulmón vegetal ke nos protege. Cuando era niña.. lo veía y me sentia segura.. cuanto lo amo.”
    Un abrazo.

  3. Siempre es necesario una pausa….disfruta el instante.
    A mi al igual que greenfly la planicie del terruño representaba la esperanza de llegar al infinito…Para tí el Avila, para mi el lago. Siempre extrañaré las vistas que disfruto. Cariños
    Carito
    Zafra Virtual

  4. Sí, se me sale el caraqueñismo recalcitrante… pero esta sensación de encierro es en las ciudades planas en ambientes urbanos… La sabana del llano por ejemplo me da sensación de infinitud y ganas de ir hacia adelante a ver dónde llego… Para los caraqueños El Avila es nuestro tótem. Como dices, una suerte de presencia protectora…

  5. Pensaba que los tornados eran fenómenos naturales sólo presentes por estas tierras; ya ves, se aprende algo nuevo cada día, y con tus experiencias mucho más porque conozco muy poco acerca de Africa. Te sigo leyendo…
    saludos,

  6. Transportación.
    Nostalgia.
    Lluvia de “La Misma Gente”. Este era un trío de rock que más o menos sonó en Caracas hace unos años.
    Otra vez nostalgia.
    – Y cordial saludo –
    (A propósito, quedo con la curiosidad en saber como es la Semana Santa en Dhaka…si es que hay :))

  7. los dioses nos regalan un pedazo de cielo el cual disfrutar, por mas que intentamos llegar mas alla, no podras separarte de tu hogar.. el avila te espera estes donde estes..

  8. Ni que lo digas, después de unos días en Barquisimento no lograba “ubicarme”. Me falta el punto de referencia indispensable de los caraqueños: El Ávila.

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