Ventana

Me es necesaria una ventana. Una desde la cual vea algo de cielo.

Estoy mudada a casa de la mamá de mi esposo, quien amorosamente nos dejó venirnos a su casa mientras viaja y tener mayor calidad de vida, por unos meses, mientras está ausente. Calidad de vida que significa tener agua en la casa, un bello jardín, poco ruido en los alrededores, una calle tranquila, algo más de espacio.

Todas estas cosas se aprecian cuando son adquiridas. Mientras estás en tu ambiente acostumbrado tienes una rutina para sobrellevar lo que te irrita, o hace la vida menos fácil, e incluso infeliz. No te das cuenta de lo mucho que te afecta que te falten ciertas cosas. El cambio trajo un alivio que en esta pandemia nos aumentó la paz mental.

Pero en mi apartamento tenía una ventana que daba al Este y allí gozaba de ver el amanecer surgiendo lejos, en el horizonte borroso donde montaña y ciudad se pierden. Aquí, la ventana de la que disfruto desde el escritorio da a la parte de atrás de una casa, enmarcada por dos árboles del jardín, una mezzanina de otra casa y otra porción de cielo hacia el Oeste que da hacia El volcán (creo).

Esta ventana me trae una pequeña porción de crepúsculo y el estudio, al dar hacia el jardín, se inunda del canto de sapitos a un volumen considerable, pero bienvenido, en las noches.

Amanecer y luces nocturnas. Crepúsculo y cantos de paz.

Lo mucho que puede dar una ventana.

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