Categoría: Borradores

Insomnio X

Rasguño la hoja en la madrugada.
En medio de mi insomnio voluntario,
la tenue luz que me acompaña hace la vigilia menos mezquina
Al lado tengo la presencia rítmica y pausada de quien hace, al final, estos insomnios más amables.
Estas tormentas nocturnas culminan en paz con su mirada, siempre primera, en la luz del día.

Tormentas en paz…
Estoy celada por la malla para los mosquitos y en vez de sentirme al borde de una enfermedad tropical intento hacerme a la idea de vivir mil y una noches de encanto rodeada de tules y otras telas nobles.

Las cortinas también están echadas.
En un par de horas el muesín llamará con su canto a la oración.

Yo adivino la luna
fuera
lejos
porque el papel me alumbra
y me llama
y me retiene

Camino

camino
es un recorrido limpio
son mis pasos
no otros
los que lo hacen real

pasos

camino

el mundo gira dentro de mi cabeza
afuera sólo hay escenarios

es lo mejor de la vida:
uno es su propio teatro
no hay peor pena que la propia
ni mejor felicidad

la vida sigue su paso
y camina, camina sola.

entre 1986 – 1987
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Cuando conseguí este texto y lo leí me dio no un escalofrío pero si como una perplejidad porque de una u otra forma coincidía con la idea intrínseca de este sitio, incluso lo de «camino» era demasiada sincronicidad. Mi ego está aquí en su máximo.

Cada huella

hoy he encajonado sentimientos
frustraciones
en cada lagrimal

cada huella es un golpe
una tristeza que no sale

la palabra está en una encrucijada
no encuentra escape
está atada a la garganta
no hay papel posible que la abrigue
no hay torbellinos mínimos
que pueda abarcar

cada huella es un golpe,
una tristeza que no sale

4 de julio de 1988
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Con motivo de qué escribí esto, no recuerdo.
Lo conseguí en estos días durante una redada en mis carpetas.

Luna llena

Esta noche el rostro del cielo está erosionado.
La luna amarilla encandila a momentos.
Se asoma entre las nubes intermitente como el ojo encendido de un rostro anciano y memorioso.
Es noche de luna llena.
El lago brilla inquieto y yo extranjera en esta tierra africana me siento de ninguna parte.
La noche es completa, podría decir telúrica en homenaje a un viejo escritor de mi tierra natal.
Pero es tan solo una noche más de tantas de luna llena.
La noche está allí siempre al final del día.
A veces la notamos a veces no. Yo la olvido a veces también.
Pero otras salgo al jardín o me asomo a la ventana, a respirar el aire fresco, a oír los grillos y sapitos, a ver el cielo, a sentir el frescor nocturno, a imaginar las estrellas y entrar en mi trance secreto con la luna, presente o no.
Esta noche ugandesa podría ser en cualquier otra parte del planeta.
Es una noche como cualquier otra de luna llena.