[Calle de Esplugues de Llobregat] Hoy el cielo está azul y sin nubes. Camino tranquila en este mediodía de entrada al invierno, por las calles de Esplugues de Llobregat, en … Continúa leyendo Paz momentánea
Breves y no tan breves relatos de viajes, de cosas que me suceden; unos más, otros menos imbuidos de reflexiones. A veces me cuesta separar las historias de la reflexion. Ejercicios de escritura. Intento del diario.
[Calle de Esplugues de Llobregat] Hoy el cielo está azul y sin nubes. Camino tranquila en este mediodía de entrada al invierno, por las calles de Esplugues de Llobregat, en … Continúa leyendo Paz momentánea

Mirar la ventana. Por la ventana. Contemplar el exterior raramente inamovible. Observar sólo el transcurrir del tiempo.
A la ventana. Por la ventana. Como un espejo dañado que no refleja sino que se roba la imagen y la dispara haciendo que se pierda en la atmósfera, atomizándola ahora invisible en alguna nada estéril, sin posibilidad ni siquiera de miedo.
Mirar la ventana. Poder apreciarme en la contemplación del lado de acá. Sin disturbios en mi entorno que impidan la visión introspectiva, el acceso al cosmos real e ignoto, a la prisión invertida del infinito interior. Único mapa por dibujar, con fronteras que demarcan hacia dentro pero impiden hacia afuera.
Estoy en la habitación mirando a la ventana. Por la ventana.
Todo ocurre tras los ojos que miran durante la conciencia que se revela.
Es una de esas mañanas raras dónde no sabes en qué mundo andas, ni qué debes hacer ese día exactamente o si lo debes hacer, en las que te provoca esconderte del universo, para que no te roce, que no apriete donde duele, que deje respirar libremente sin presiones de ningún tipo. Rara esta mañana, con sol y nubes grises, sin definir si será luminoso el día o tormentoso… Me dicen que tronó de manera inusitada anoche… por lo alrededores de la Florida… acá por donde vivo no escuchamos nada… pero esa imagen que Cinzia me regala, de que el cielo quería caerse, me recordó las explosiones que en el Lago Victoria, en Uganda, provocaban los rayos. Parecía, cuando estallaban, que se estaba librando una guerra de dioses porque eran explosiones fuertes, estentóreas, pero que no retumbaban… secas pues, y abajo nosotros, simples mortales que podíamos ser el daño colateral de dicha batalla, si nos abandonaba la suerte .
Pensaba que las lluvias del Cordonazo de San Francisco eran durísimas, y siempre me ha fascinado ese despliegue de fuerza, de conflicto, de cuando la naturaleza se decide a bañarlo todo con agua, a sacudir el polvo de los árboles, a salir de los débiles y dejar los que están afianzados con fuerza a tierra y que perduren algo más. Era impresionante ver los rayos sobre ese lago gigante que era como un mar, se comportaba como un mar, traía brisa y olores marinos… al que no se le podían ver orillas opuestas satisfaciendo así mis nostalgias caribeñas.
Recuerdo una tarde en particular, cuando un cielo azul impoluto y un lago sereno se convirtieron de repente en plomos de gris, vientos huracanados y lluvia, en cosa de breves minutos.

El cielo encapotándose en el Lago Victoria, Uganda
Recuerdo también una noche en que una de estas explosiones nos despertó de golpe y es que había caído un rayo a pocos metros de la casa… y otra memoria imborrable es la de un vuelo en avioneta por los alrededores del lago, entre dos sistemas de nubes, lloviendo a cada lado de la tarita en la que volábamos, cuando un relámpago surgió a nuestra izquierda cayendo a tierra dándole a un árbol. Verlos caer desde el aire es impresionante.
La lluvia en Uganda era siempre memorable. Las de Bangladesh algo cansinas, a excepción de las de los tiempos de tifones, donde el cielo gris total adquiría tonalidades extrañas, amarillas unas veces, verdosas otras.
Estoy esperando que revienten las lluvias caraqueñas. Las lluvias revisten a la ciudad de bucolismo, caos y una extraña sensación de redención que sólo dura hasta que escampa.
El cielo se ha encapotado aún más mientras escribo esto, anda húmedo el aire, medio iracundo el viento, los aires de tormenta están aquí…
¿Cuánto tiempo más, hará falta para que estalle?
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