Ranteo azul malayo

Sumergida en la última playa que visitamos por las islas, me preguntaba porqué me era tan esencial el mar. Porqué me daba tanta paz y tibieza en el alma. El mar fue el caldo de gestación de la vida en este mundo y de alguna forma extraña pienso que algunos sentimos un volver al útero primigenio cuando estamos en él. Una sensación remota de origen que nos resuena de adentro como un eco.

Y el azul… porqué esa atracción y fijación por el azul.
Leí hace algún tiempo que es el color favorito de la mayoría de la gente… no sé si es verdad pero y cómo no podría serlo, si azules son el cielo y el mar cuando el sol está radiante.

Flotar en el agua bañada de luz y calor y las olas llevar y traer el cuerpo inane completamente dejado al momento de ese preciso instante el cual bien pudiera ser uno igual al de hace diez, cien, mil, un millón de años atrás, porque no hay tiempo que cambie el color ni la faz de sus aguas.

Pero, ¿por qué azul de tristeza? ¿por qué azul de música, el blue?
Quizás por las nostalgias sin remedio.
Demasiado intrínsecas y antiguas como para tener principio o final.

Azul que da brillo al planeta marmolado desde el espacio.

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Más sobre el azul en inglés:
Sitio de fans del color azul
Porqué el agua es azul
Introducción a los azules

En español:
El azul y el 5to chakra
Azul de Cruz Salmerón Acosta

Jalabolismo

Sobre el «jalabolismo» o la adulación al poderoso de turno en Venezuela.
Una constatación del hecho que me deja pensando en cómo haremos para quitarnos ese mal de encima tan arraigado en nuestra cultura nacional.
La hora de los desertores en el meollo .net

Por fin… Flickr

Bueno finalmente me decidí y abrí mi cuenta de flickr. http://www.flickr.com/photos/k-minos

Tenía el rollo de que quería poner las fotos en el sitio por mí mísma (photohosp, html, etc.) pero editar el asunto manualmente me daba de todo.

En esto días mudaré las fotos de Nepal allá y pondré más, así como las que he ido prometiendo de Egipto, Bangladesh, y los viajes por Africa del Este.

Las de Malasia no están tan buenas como quisiera porque me quedé sin cámara digital y estoy escaneando los negativos que es bastante barato aquí, pero lo hacen a las patadas. Las fotos en papel quedaron bastante bien pero el revelado tergiversó un tanto el color. Están bajas de magenta.

Espero tener una nueva cámara pronto porque Lino va a Tailandia y esa es una de sus tareas o si salgo otra vez, a sacarme la visa en unos diez días. La cosa es que sacarse la visa aquí cuesta casi que tanto como viajar y calarse el trámite de la embajada con estadía incluída en uno de los países aledaños. Es mejor darse el gustico a regalarle la plata a algún funcionario… Hacer el trámite legalmente es casi imposible sin contar el riesgo de que se pierda el pasaporte. Con 140 millones de habitantes sin identificación no les quiero contar como son las oficinas de extranjería.

Encontrarán las mejorcitas fotos de Malasia en flickr y ya viene el relato de KL. Lamento que los haya hecho esperar tanto pero es que de verdad me ha costado sentarme y concentrarme en ello.

Ranteo por un amor eterno

Estoy grabando rancheras de Juan Gabriel para la fiesta mexicana de esta noche en el club americano de Dhaka, y me acuerdo de tantas noches en Caracas donde alguien se aparecía con los mariachis de Las Mercedes a dar el serenatazo, cómo todos cantábamos a gaznate desnudo «Querida», o cómo nos poníamos a llorar con Rocío Durcal cantando «Amor eterno» en recuerdo de su hijo muerto viendo Sábado Sensacional. Sí, lo confieso, yo me viví intensamente el pop-culture nacional.

Redescubrí con toda su intensidad a Simón Díaz en Uganda, a quien Lino y yo escuchábamos con la más acérrima de las nostalgias por el Llano, destilada al son de una tonada bajo la luna africana. Y así con Simón, a Gualberto Ibarreto, a la Serenata Guayanesa, y otros. Una delicia apreciar las cadencias de nuestra música luego de estar bombardeado por los falsetes de la música India o el exceso del ritmo africano. Cuando confesé a algunos panas en Caracas nuestros despechos nacionalísticos, todos andaban, pero y bueno, ¿Simón Díaz? Pues sí, no es gratuito que tipos como Gaetano Veloso canten sus canciones. Realmente es uno de los poetas de la esencia de nuestros llanos. Lo digo sin embagues. Quien no haya estado metido en un monte del Llano por, como mínimo una semana, íngrimo sin ver a nadie en días con la única compañía de la sabana y un río quizás no lo pueda entender. Y lo mismo digo de oír un polo o un toque de tambor a San Juan proveniente de nuestras costas o un calipso guayanés. Quizás es ese esnobismo seudoniuyorquino que invade a cierta «élite» (entre soberanas comillas) caraqueña que le parece de lo last y le eriza los pelos del cuerpo cualquier expresión sincera de amor al país de uno, la cuál no sé porqué para ella es como una suerte del summum del kitsch. Qué vaina.

Oigo a Juanga decir a cada rato en la grabación de su concierto en el Palacio de Bellas Artes, ¡Qué viva México! y me pregunto qué será lo que nos impide decir ¡Qué viva Venezuela! siempre y a pesar de cualquier historia, porque ese es un amor que debiera ser eterno y sacarnos lágrimas con hipo como con cualquier canción de Juan Gabriel y mucho más.