
Acabo de dejarle un comentario a Ximena sobre su post de la cuestión musulmana que me pareció excelente. Leí el blog de las Historias de un emigrante en Nigeria y puedo reconocer algunas similitudes con Uganda y otras cosas definitivamente diferentes.
En Kenya o Uganda a nadie se le ocurriría llamarte master, aunque las mujeres sobre todo en el interior de Uganda vienen y se te arrodillan si quieren hablar contigo y eres amigo del marido o su jefe. Pero es un comportamiento cultural general hacia gente que tiene alguna jerarquía… lo hacen entre ellos… no tiene que ver con que seas «blanco». A los blancos los llaman mzungu (una voz swahili), a los marrones o indios muhindi lo cual a veces dependiendo del tono es peyorativo. En general, todo el mundo se refiere entre sí de esa manera para distinguirse y forma parte del habla coloquial. A uno le parece que África es una sola cultura y hasta cierto punto el África sub-sahariana o África negra es así, pero ella también es la diversidad. Siempre me sorprendía de las diferencias entre Kenya y Uganda que aunque vecinas son bien diferentes, …un prejuicio claro. Recuerdo una amiga ugandesa que me decía que cuando fuera a Argentina… y yo le corregía, Venezuela, lo cual para ella era la misma cosa. Supongo que de tanto ver películas estereotipadas, todos sufrimos del mismo mal.
…Y de repente me pregunto qué carajo hago escribiendo sobre lo que sucede en Venezuela con el Hato Piñero del post anterior…
Es impresionante como se puede uno alienar con lo que le preocupa.
Me mudé en Febrero a este nuevo apartamento en el cual tengo la suerte de no tener ningún edificio que tape la visión por las ventanas. Venía de estar en uno con vista a uno de los terrenos que los militares de Bangladesh reservaron para sí –military cantonment que le llaman- luego de alguno de los tantos golpes que han habido aquí en los 30+ años de historia que tiene este país.
El cantonment es una enorme reserva de tierra y bosque natural llena de lagos, monitos, comadrejas, zorros, águilas pescadoras y otros pájaros. En días de lluvia se pueden ver a las águilas en varias decenas (llegué a contar 50) con las alas desplegadas en las copas dándose sus bañitos para limpiarse las plumas. Mi apartamento daba a ras con el tope de la fronda del bosque y me era todo un espectáculo ver a las águilas en su rutina de higiene y refrescamiento.
En este nuevo apartamento, el cuarto que me arreglé de estudio tiene un pequeño balcón que da hacia el Oeste. También veo pájaros, cuervos y algunos búhos, otros chiquitos y coloridos que se me paran en la baranda del balcón. Todos los días veo el atardecer. El sol siempre es una rueda perfecta, roja naranja fosforescente al declinar las horas de la tarde gracias a la polución de Dhaka. Se pone por detrás de unas matas de coco de la casa vecina que inevitablemente me hacen añorar una de nuestras playitas… Aquí hay cocos por doquier menos en las playas que hay pinos (!). El efecto del atardecer y los cocoteros no me dura mucho porque entonces el muesín canta a la oración desde alguna mezquita cercana. Hacia las cinco de la tarde en las zonas que rodean los lagos de Dhaka es impresionante oír el simultáneo canto proveniente de miles de mezquitas en la ciudad que hace eco sobre las aguas… Allí recupero el sentido de conexión con lo que me rodea. O como esta noche en la que mientras escribo, se escucha la voz melancólica y lastimosa de una mujer cantando alguna canción de la tradición bengalí… en un país con tanta lluvia no se puede sino ser melancólico en la música y el canto.
La nostalgia por Venezuela hace que me abstraiga de lo que vivo que ya después de un año se me está convirtiendo en rutina. Así me pasó con Uganda. Después de cinco años y de algunas experiencias traumáticas no podía más. Ahora con poco más de un año me está entrando la nostalgia por todo lo bueno vivido en Kampala. Los amigos que dejamos, el aire puro, nuestra huerta en el jardín trasero y la gente que trabajó para nosotros por casi todo ese tiempo y que se convirtió también en familia. África se te mete en la piel y siempre sientes que tienes que volver. Espero hacerlo pronto de alguna forma, ya sea de visita o trabajo.
Tengo crónicas pendientes por publicar que escribí estando allá y otras que tengo pendientes por escribir de la estadía aquí. Tengo que agradecer a Ximena y Jonathan por el recordatorio de adónde me encuentro y qué brincos he dado.
Hoy recibí mi escritorio nuevo y puse en orden mis libros en la estantería también nuevita. Ese es el primer paso para dejar esta esquizofrenia de estar en Dhaka pero sentir como si viviera en el mísmisimo centro de Caracas.