Yakarta es inmensa. Es la palabra que la encapsula y que implica todas las consecuencias establecidas por sus dimensiones. Me encuentro en ella desde hace 3 semanas. Llegué a ella … Continúa leyendo En Yakarta
Yakarta es inmensa. Es la palabra que la encapsula y que implica todas las consecuencias establecidas por sus dimensiones. Me encuentro en ella desde hace 3 semanas. Llegué a ella … Continúa leyendo En Yakarta
Hace varios años, a poco de empezar como por tercera vez este blog, en noviembre del 2004, escribí una entrada sobre el poemario de Vicente Gerbasi, «Mi padre, el inmigrante». No tenía un año de haberme mudado a Bangladesh, y la nostalgia me habitaba por completo. La lectura de esos poemas fueron determinantes en esos días para mí, y creo que lo son para muchas personas hijas de inmigrantes en Venezuela o que han emigrado de ella. Esa entrada en mi blog recibe visitas todas las semanas desde hace 7 años y se ha ido incrementado con el tiempo. Supongo que esos tantos venezolanos fuera buscan ecos de su nostalgia.
En ese entonces escribí esto:
Estar lejos le limpia los lentes a uno. Hace apreciar más las resonancias y atributos de nuestro idioma. Estar lejos también crea avidez por lo que se añora. Nos hace buscar, hurgar, inquirir y regocijarnos cuando encontramos una remembranza de lo que consideramos nuestro: un buen café, una tonada, expresiones coloquiales, paisajes que se nos escapan. A mí me hizo aún más ávida de la literatura nuestra. Si ya la apreciaba, la lejanía me permitió hacerla mía totalmente.
Así fue como encontré de nuevo a Gerbasi. Quien no sólo alumbra con imágenes las añoranzas que podamos tener, sino que en mi caso, hace presente a mi padre, quien fuera inmigrante, al igual que el suyo. Al igual que el de mucha otra gente en Venezuela.
Este domingo 12 de junio será la presentación en el país de una edición realizada en México por Laberinto Ediciones en su colección Poesía de Largo Aliento. La edición está prologada por la poeta Jacqueline Goldberg, autora del excelente blog Textos en su Tinta y es realmente un pequeño tesoro, porque ediciones sólo conteniendo este poemario no existen ya. Esta es bella y cuidada.
La poeta Gina Saraceni dirá unas palabras de presentación. Gonzalo Gerbasi, en nombre de los hijos del poeta, se dirigirá a los presentes y un grupo de escritores leerán fragmentos del libro en italiano y en español, entre ellos Hernán Zamora, Cinzia Ricciuti, Andrés Miguel Rondón, María Teresa Ogliastri, Eleonora Requena, Keila Vall De la Ville, Alexis Romero, Georgina Ramírez y yo. El evento será a las 11 y 30 de la mañana en la Librería Kalathos, en Los Galpones de Los Chorros.
Además celebraremos el 98 cumpleaños del poeta que fue el pasado 2 de junio. También servirá de homenaje a todos los padres inmigrantes que se apropiaron de esta tierra para darles una patria a sus hijos. Yo, por lo menos, así lo haré.
Para leer a Gerbasi:
http://www.vicentegerbasi.net/
Hermoso artículo de Cleto de Assis sobre el poeta http://cdeassis.wordpress.com/vicente-gerbasi-o-poeta-de-canoabo/
La foto proviene del archivo público de sus fotos en http://www.vicentegerbasi.net/ .
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Escucho los ruidos del amanecer que viene y veo a la noche perder su negrura. Me gusta ese tránsito en que la noche se va desarropando con color. Ese azul … Continúa leyendo Breve de amanecer

Me fui por 5 aeropuertos. Simón Bolívar – Caracas, Charles de Gaulle – París, Schiphol – Amsterdam, Kuala Lumpur (una parada técnica con desembarco), Soeharto Hatta – Jakarta. Salí el 1ro de enero sin olvidar el año viejo todavía, a trancas al nuevo a pasear las maletas a las antípodas y 11 horas y media de diferencia. Aterricé en Jakarta el 3 de enero en la noche.
Regresé anteayer, pasando por los mismos 5 aeropuertos, 3 meses luego que pasaron como flechas en cámara lenta, salí el 29 y llegué el 30 a final de la tarde, recuperé 11 horas y media de mi vida o eso es lo que se dice luego de perder un total de 5 días que se me escapan en el tránsito de haber visto tantas caras igual de extenuadas por esperas, arrastrar maletas y maletines, y verse confinadas en autobuses voladores que comprimen piernas y maltratan el sueño. Pero no puedo decir que me disgusten los aeropuertos. Tengo mis favoritos en donde la estancia es amable y uno quisiera que así fuera la vida. Un tránsito cómodo, seguro, con todo a la mano y bonito. No worries.
Me gustan las panorámicas de los aeropuertos también y les tomo fotos, y desde el avión a tierra, nubes y amaneceres que parecen y se sienten extraterrestres.
Los aviones en servicio son como bueyes gigantes siendo consentidos para la carga, preparados para el destino de lleva y trae, y los zumbidos de partidas y aterrizajes que nos llegan enmudecidos a través del cristal me hacen pensar en abejas buscando flores y peregrinando para la miel. Y los paisajes sobre las nubes, en especial al amanecer me hacen sentir una exaltación que aspira a la de los astronautas del Apollo 8 al fotografiar la Tierra desde el espacio. Y secretamente, en el avión aflora el deseo de la sorpresa de un ovni revoloteando indiscreto o una visión inesperada, mágica, particular, como si estuviera en una película de Spielberg y como si no fuera suficiente volar.
El aeropuerto es entrada y salida a una suerte de máquina de tiempo. Uno llega a una tierra nueva y se lleva imágenes y deja improntas. Uno pierde y gana. He cambiado de husos horarios tantas veces que ya no sé si he ganado o perdido horas de vida. Tengo más de 70 sellos en este último pasaporte y promediando horas de vuelo y tránsito hay más de un mes en aviones y aeropuertos desde el 2006 hasta la fecha. No sé como reaccionar ante este cálculo. Pero sé que el viaje ya es parte de mis modos. Que ya no es ceremonia, ni expectación a la maravilla. Ahora es parte del fluir de todo y un deber ser de la fragmentación inevitable y rompe-cabezas que vivo.