Divagación fuera de «mi cuarto»

Estar fuera de mi «habitación propia» me ha mantenido algo alejada de bloguear. Todavía estoy en Nairobi y el clima meláncolico de la ciudad me retrae a la comodidad del círculo íntimo de amigos, disfrutar de una parrillita para dos en el jardín de la casa estilo inglés en la que me estoy quedando, o ver una película en dvd proyectada en la pared bajo la única luz del fuego en la chimenea. Trabajo en las horas regulares, por supuesto, pero después me escondo. Leo las noticias todos lo días y la compulsión por escribir al respecto se me encoge cuando el usual sentimiento de impotencia esta vez se impone sobre mi voluntad. No me pasa muy seguido, pero a veces me pasa. Se me traduce quijotesco el intentar siquiera reflexionar sobre lo que acontece, cuando pareciera que de verdad no podemos hacer nada contra lo que se nos viene encima en Venezuela. Así que muy egoístamente ando escapista y refugiándome en un ambiente que no me es extranjero, en el cual estoy a gusto, pero que me aleja por completo de la realidad que me compete, conmueve y compele.

Escribir sobre esto ya me trae un poco a «mi espacio» acostumbrado. Pero como ya se aproxima el final de mi estadía, estoy recogiendo y poniendo juntos mis fragmentos. Me estoy reconstituyendo para volver a ser la acostumbrada «yo». Pero mientras termino en completarme de nuevo seguiré regodeándome en mi autocomplacencia y para seguir en el escape, este fin de semana lo pasaré en Mount Kenya, sitio donde no he estado y en donde quizás encuentre algo que no se me perdió, que siempre ha estado allí pero de lo cual no me había percatado. Distraída yo.

Planes de última hora que a veces traen respuestas sin preguntas previas.

Botswana

Ahora sé un poco más sobre el país. Botswana tiene poco más de un millón ochocientos mil habitantes y 581.730,00 kilómetros cuadrados. Vive de la explotación de diamantes, la exportación de carne y el turismo. La mayoría de la población se concentra hacia el este del país, el cual no tiene salida al mar y limita con Zambia al norte, Zimbabwe al este, Namibia al norte y oeste, y Suráfrica al sur.

Se hizo independiente en 1966, cuando era considerado uno de los países más pobres del mundo. En 1967 se descubrieron los depósitos de diamantes que lo convirtieron en uno de los países más ricos de África y que le permitieron desarrollar otra de las dos industrias que le generan ingresos, el turismo y la carne bovina. Botswana es el mayor productor de diamantes generando unos 15 millones de carats al año. Esta riqueza le ha permitido construir una buena infraestructura en caminos, electricidad, edificaciones modernas para el gobierno. Las avenidas y autopistas son impecables así como semáforos, etc.

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La gente en su mayoría es de la cultura Batswana (50%), cuyo idioma, el setswana es el otro idioma legal del país junto con el inglés. A los nacionales se les llama Batswana en plural y en singular Motswana. Las otras culturas existentes son la Bakalanga, Bakgalagadi, Bayei, Hambukushu, Herero, Basubiya, San, Khoi y Banoka. Los San y Khoi provienen del mismo grupo étnico, son los famosos bushmen que hablan con chasquidos y clicks en su lenguaje y son los mejores rastreadores de presa del mundo. Poseen un conocimiento único en supervivencia en las praderas semiáridas de Botswana y Namibia. Son considerados como los primeros habitantes del sur de África, su presencia en el continente se ha estimado en más de 25 mil años pero por desgracia su cultura se considera en peligro de desaparición. Quedan unos 100 mil entre los dos países.

El idioma setswana es bastante amable al oído, y la pronunciación de algunas palabras me recuerda a la española de España con la jota bien arrastrada y gutural. Gaborone el nombre de la capital y se pronuncia Jjaborrone (con la j y la r enfatizadas). Dumela es el saludo, ña es no, a las señoras se les dice Mma y a los señores Rra. Pero al contrario de los países que he conocido en Africa del Este, el idioma local no se entromete mucho en el inglés o viceversa.

No pude ver gran cosa de la naturaleza porque la única reserva cercana no tenía cupo en ninguno de los planes. Sin embargo, el paisaje que rodea a la ciudad se impone y este paisaje es semiárido. Pero como alternativa importante a la naturaleza, me fui al museo y a caminar alrededor del centro de la ciudad. El centro se recorre en cosa de 10 minutos a través del bulevar comercial que lo engloba.

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En el museo nacional hay una muestra permanente sobre la historia de Botswana. Está bien montada, es pequeña e informativa. Es laberíntica y a veces oscura para dramatizar los efectos. La foto del pueblo de Mochudi tomada en 1909 me llamó la atención. Muestra una estructura urbanística que se mantiene hoy día. Las antiguas viviendas han sido sustituidas por nuevas. Pero la de hace cien años impresiona por lo compleja y armónica con el entorno.

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También hay montajes de los ambientes naturales de Botswana. Explicaciones sobre el desierto de Kalahari y el Delta del Okavango, el segundo delta interior más grande del mundo. Se me eriza la piel cuando veo la de los animales. Demasiado reales, como queriendo huir de la muerte seca que los aprisiona.

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Hay dos muestras de arte en la galería. País que respeta su arte es país que se respeta. Tres artistas plásticos en una sala, y en la otra de dos niveles, una muestra de la artesanía nacional destacándose para mí la de los San y la de las cestas de los pueblos de Eshta y Gumare.

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La cestería es exquisita en diseño y manufactura, y carísima. Los precios son proporcionales al nivel de complejidad y diseño de cada cesta variando desde 15 hasta 200 dólares. Me apertreché de varios objetos para enriquecer mi pequeña colección de peroles de todas partes.

Terminé la estadía encantada con este país y su gente y anticipando la siguiente visita donde pasaré más tiempo y podré recorrerlo en safari por sus paisajes.

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Las fotos del viaje están en flickr, en el set Gaborone – Botswana

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Nota lateral:

Buensancho es distinguido con el Blog Thinking Award y me incluye en sus premiados junto a excelentes blogs. ¡Muchas gracias por la distinción! Mis premiados están acá.

Postales desde Botswana

Botswana tiene un cielo prístino. Es un país seco y las nubes son bienvenidas como la cosa más auspiciosa, porque significa que caerá el agua anhelada. Pula, el nombre de la moneda, significa lluvia en setswana, la lengua local.

Hacia la puesta de sol, la ciudad es envuelta en una atmósfera púrpurea degradándose desde el azul intenso que tiene por techo.

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Gaborone, la capital, es chiquitica. 150 mil habitantes.

El domingo la ciudad está desierta. Camino por ella en plena tarde y es como estar en una ciudad abandonada, pero nueva.

Disfruto de la luz al mismo tiempo suave e intensa. Los colores son inesperados. Antiguos. Veo varias iglesias. En días pasados me topé con una mezquita. La fe en estos parajes no falta. Cómo no tenerla con esta luz.solsobreiglesia.jpg

Luz que depara epifanías en el atardecer.

Me enamoro del árbol acá.

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De como luce el ocaso más allá, en la línea del horizonte de la ciudad.

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Nairobi – Botswana

Nairobi se empeña en estar gris. El fin de semana pasado pensamos que el frío estaba cediendo. El domingo fue un día soleado, fresco, en el cual el verde de la vegetación de la ciudad y el azul del cielo se impusieron como gritos de color. Pero el gris volvió el lunes y como plomo se impuso en el ambiente durante toda la semana. Estos dos últimos días ha estado fluctuante entre sol y nubes y lluvia.

Me entero por las noticias que Bangladesh está de nuevo bajo las aguas y que hay 8 millones de personas desplazadas y cerca de una centena de muertos. Hace tres años, por estas mismas fechas estuvimos una semana completa sin salir del apartamento, el agua llegaba a la cadera en las calles. La economía informal hizo negocio construyendo canoítas de madera, y los rickshaws florecieron como salvadores del transporte público. La gente pescaba en los jardines a los peces rezagados, una vez las aguas disminuyeron de nivel. Es así como los desastres naturales pueden acabar con cualquier vestigio humano. Así fue como el tsunami en Indonesia borró literalmente la provincia de Aceh. Así dicen que el calentamiento global borrará gran parte de Bangladesh.

Mañana salgo para Botswana. Será un viaje corto de trabajo, de unas 2 semanas, que antecede a otro par de viajes este año el doble de largos. Veré que me depara esa geografía. Por lo pronto tendré una estadía de 4 horas de tránsito en Johanesburgo, para luego volar a Gaborone. Leyendo la prensa electrónica de Botswana me entero de que ya están grabando la película del libro del escritor escocés, Alexander McCall Smith, The No. 1 ladies detective agency, y que la cantante Jill Scott es la responsable del papel de la protagonista de la saga de novelas, Mma Ramotswe.

El clima en Botswana parece que es más frío que en Nairobi en esta época del año. Aunque las predicciones de clima apuntan a un promedio de 22 grados en el día y unos 12 en la noche, la verdad es que se siente más frío que eso en Nairobi. En Botswana las predicciones están en 25 grados en promedio en el día y de 5 grados en la noche, la variación de 20 grados en un día la siento violenta. Así que voy preparada de invierno.

Tengo expectativas sobre este viaje porque no sé mucho de Botswana. Solo sé que la moneda se llama pula, que tiene un millón y pico de habitantes, que comparte el desierto de Kalahari con Namibia, su principal riqueza es la explotación de minas de diamantes, la cultura predominante es la Tswana y el idioma local mayoritario es Setswana.

Ya les contaré mis impresiones.