Luego de leer uno que otro post en la cercanía a las elecciones y uno que otro e-mail en listas de correo de gente insultando a otra (del mismo bando) por diferencias de opiniones, he decidido ser antipática.
Yo me considero liberal, porque creo en la libertad. De elección, de conciencia, de reunión, de culto, entre demás libertades. Y como creo fervientemente en ello, respeto la libertad del otro y los derechos que ello le confiere siempre y cuando no se dañe a nadie. Con lo que ya le doy límites a la libertad que ejerzo. No soy libre de matar, abusar, irrespetar, robar o en general de dañar a nadie y nadie es libre de hacerlo a mí.
Quiero pensar que tenemos un país democrático. Constitucionalmente estamos en un país democrático. Y lo que dice nuestra carta Magna es lo que nos define legalmente como país. Y la democracia no la entiendo como la imposición de unos en mayoría sobre otros en la desventaja de la minoría. La entiendo como el compromiso de unos con otros por conseguir un bienestar común bajo la dinámica de los procesos inherentes a ella.
Y por ello el voto el 3D debería ser por otras tres «des»: por la democracia para refrendarla, por la disidencia para establecerla como posibilidad permanente, por los derechos de todos para seguir gozando de ellos.
El voto no es sólo un derecho constitucional sino un deber moral.
En Venezuela nos hallamos sumidos en una contienda ideológica y de concepto de país que nos resulta difícil de dirimir.
Para ambos bandos la victoria de uno u otro representa una negación a sus libertades. Para ambos la victoria del otro es la terminación de sus oportunidades de progreso. Para unos Venezuela es una cosa y para otras Venezuela es otra. Y por ello las radicalizaciones y los odios que han envenenado todo.
Y digo todo, porque quienes defienden la candidatura azul como ideal de las libertades en oposición a la conversión de Venezuela en una nueva Cuba, no mascan en descalificar e insultar al otro, odiarlo y prometer acabar con él. Y los que defienden la roja convencidos de que su propuesta es la que promueve libertades a través del establecimiento de un socialismo «nuevo» tampoco mascan en descalificar e insultar al otro, odiarlo y prometen acabar con él.
Hay que ser responsables. Nos duela. Nos enoje con nosotros mismos. Nos pese de cualquier manera. O nos exija poner más de nosotros.
No insulten, no vejen, no descalifiquen. Opinen con argumentos e inteligencia. Por encima de todo respeten al otro. Aunque no reciproque. Aunque haya provocaciones.
Uno debe responsabilizarse por lo que dice o hace y asumir las consecuencias de ello. Y la irresponsabilidad puede llevar a la violencia o la radicalización de procesos que no deseamos.
La de no votar puede llevar a perder una democracia de ya casi 50 años.
Hay que ir a votar para poder seguir siendo responsables y no víctimas de las circunstancias. Hay que mostrar la voluntad democrática y la participación al mundo, al gobierno, a los bandos, al vecino, a nuestros hijos. Hay que infundir el respeto y cuido por la libertad que ejercemos con responsabilidad.
Vayan y voten.
Hay que mirarse hacia dentro de vez en cuando y exigirse. Aunque sea antipático hacerlo y aunque provoque bañar de insultos a quien nos insulta.
La intención de este post es llamar a reflexionar sobre nuestras decisiones. De como el simple acto de votar, aunque algunos crea que habrá truco, es ya una declaración de principios en favor de las libertades. Y en que si hay que darle la victoria al otro, hay que comprometerse en el respeto pero no en la sumisión ni la renuncia de dichos principios.
Sumarse a la discordia que nos separa es hacerle el juego a eso que tanto estamos criticando ahora.
La democracia es nuestra responsabilidad y hay que demostrar que somos activos en ella.
Hay que demostrar que somos muchos, porque el espacio que ocupamos en nuestro país no se puede dejar abandonado.
