Me he cruzado con este blog, Cuentos Intrascendentes, un par de veces y en ambas ocasiones, me quedé enganchada leyendo uno de los cuentos. Hoy me quedé leyendo Era Sábado que recomiendo a aquellos que crecieron viendo a El Zorro, entre otras series y comiquitas (hoy clásicas) después de hacer la tarea del colegio en las tardes.
Atardecer en Dhaka
Creo que ya he comentado anteriormente que por la polución atmosférica y quién sabe por cuáles otras razones, el sol aquí cuando se pone es rojo naranja y se ve como un disco perfecto en el cielo y éste generalmente de aspecto lechoso presenta la misma luz difuminada, dando la impresión de que estás en otro planeta. Siempre alucino con esos atardeceres.
Pero ayer, el cielo estaba bastante limpio y produjo uno de los atardeceres más bonitos que he visto desde que llegué, porque es raro ver este tipo de nubes en Dhaka. Aquí están las vistas desde la ventana del cuarto donde escribo y trabajo, y la otra desde el balconcito de la habitación unos minutos más tarde.
La casa
A pesar de que el viaje a Nepal en diciembre me dejó llena de energía y purgó de mí, las típicas preocupaciones y engustias en las que me regodeo infinitamente para tormento de mi esposo, llegué a casa en enero y no quise hacer nada de ello sino terminar de acomodarla.
Terminé de hacerlo este enero. Y la tengo bonita con alfombras de Nepal, forros de cojines y pinturas de acá, muebles hechos de algo parecido al mimbre, cositas que he ido comprando en baratillos de antigüedades, y «chivas» de gente que se va. Y creo que mi evasión tiene que ver con ello.
Para mí la casa es muy importante. El que esté bella y acomodada. Con cuadros en las paredes, alfombras, cojines, adornos, fotos, y muebles cómodos. Siempre he tenido la habilidad de sin mucho, poder arreglarla para hacerla acogedora y cálida.
El primer apartamento que tuve aquí era completamente amueblado y teníamos de todo, hasta sábanas y cubiertos. Y allí vivimos por un año, porque el plan era irnos una vez culminado el 2004 de vuelta a Venezuela. Pero cambiamos de idea y decidimos quedarnos para conocer un poco más Asia aprovechando que estábamos acá, por lo que buscamos un alquiler menos costoso, pero ello implicaba comprar todo de cero… otra vez. Ya en Caracas y Uganda lo hicimos. Así que para esta tercera vez estamos expertos.
En Uganda, en un período de 5 años nos mudamos 7 veces. Nunca estuve muy satisfecha con las casas pero como dije siempre me las averiguaba para arreglar todo. Compraba telas (kangas) africanas, las guindaba con alfileres como cortinas, las ponía sobre unos muebles horrorosos de seudo estilo que heredé de uno de los de la compañía que se fue, ponía esculturas en los pasillos y máscaras del Congo, estanterías y muebles de papiro que venden en la calle a precios bastante ridículos. Y me las averigué de esa manera, pero siempre me quedaba la cosa de no estar completamente contenta, porque me sentía de paso.
Esta vez si lo estoy y aunque me costó un año arreglarla por fin terminé este Enero… y ahí viene la evasividad, porque con ello me llegaron las noticias de viaje de vuelta a Africa. Luego del de Uganda es probable que el de Tanzania sea por más de un mes… y es que no me quiero ir.
Cuando nos fuimos de Venezuela, luego de 5 años de matrimonio por fin había llegado al punto en que estaba contenta con el apartamento y como lo había arreglado. Las paredes estaban del color que quería, con los muebles puestos de forma ideal (las chivas de familia y otros comprados en remates) para compaginarlos con computadora y libros forrando paredes (el apartamento es chiquito de un solo espacio y un cuarto) y unos cuantos cuadros y afiches. A casi un año, de haber conseguido ese estado ideal de casa nos fuimos a Uganda y tuve que desarmar todo y distribuirlo entre familia y amigos porque en principio era sólo por un año.
Y tengo el feeling de que me va a pasar de nuevo, ahora que todo está chévere, tengo el presentimiento de que voy a enfrentar de nuevo un cambio radical de idas y mudanzas. Así que lo que hago es disfrutarla, me echo a ver la tele o a leer en mi cuarto o la sala y no salgo sino a hacer lo necesario. Hasta me quedo trabajando en el apartamento.
La casa, el hogar, es el refugio de uno. Puede ser muy humilde o un apartamento chiquitico o una mansión. Pero es tu hogar. Y si no está acondicionada para el sosiego no lo encuentras interiormente. No nos dará paz. Paz que es lo que al final se busca. Y ahora que la alcancé aquí, me tengo que ir y dejarla mientras trabajo y pervivo en la habitación de un hotel en alguna parte. No es que me queje, porque tengo suerte de conocer estos sitios…
Pero la cosa me amarga un poco, porque llegué a esta rutina semi-nómada por cosas de la vida, no por haberlo decidido a conciencia… y después de algún tiempo me desconcierta la dicotomía de añorar un centro, el nido, y al mismo tiempo experimentar la excitación de una mudanza a otro sitio. En este caso sólo me mudo yo por unos meses, pero es duro cuando la casa, tu hogar, te llama.
Divagación de Amanecer
He estado pensando mucho en la palabra amanecer.
En amanecer como verbo. Y siempre me admiro de lo hermosa que es y de lo intraducible que es como palabra y acción. Y con ella me viene ese verso del Chino Valera Mora, amanecí de bala, donde la luz del sol se confunde con la de un disparo, donde despertar es la violencia de la vida y el alivio de la muerte y las ganas de no morir pero de matarse. Todo eso junto me trasmite amanecí de bala.
El diccionario de la Real Academia Española ayuda, pero tampoco termina de agarrar ese sentido del estar amanecido que significa tantas cosas a la vez. Nos dice:
| amanecer1. | ||
| (De lat. hisp. manescĕre). | ||
| 1. intr. impers. Empezar a aparecer la luz del día. Amanece a las ocho. Amanece nublado. | ||
| 2. intr. Llegar o estar en un lugar, situación o condición determinados al aparecer la luz del día. Amanecí en Madrid. Amanecí cansado. | ||
| 3. intr. Dicho de una cosa: Aparecer de nuevo o manifestarse al rayar el día. Amaneció un pasquín en la puerta de Palacio. | ||
| 4. intr. nacer. U. t. en sent. fig. | ||
| 5. intr. Aparecer o presentarse, especialmente de modo inesperado. U. t. c. prnl. | ||
| 6. intr. Am. Mer., Hond., Méx. y Nic. Pasar la noche en vela. U. m. c. prnl. | ||
| 7. tr. desus. Alumbrar, iluminar. | ||
Empezar a aparecer la luz del día es una definición un tanto espectral para mi gusto así como el resto de la definiciones relacionadas con aparecer. Son lejanas a esa experiencia cosmogónica y absoluta que es ver salir el sol en el horizonte, por ejemplo, del mar dormido, o sobre una cordillera nevada que se tiñe de rosado en el proceso, o de la llanura serena y dorada y fresca con la primera luz.
Cuando uno amanece, el sol sale por dentro, pero como amodorrado. Es el sol personal. No es una mera luz solita. Es todo un astro que nos determina a las horas del insomnio con su propio sueño y despertar. Cuando uno amanece al final de una noche en vela hay una continuidad del mundo afuera por dentro, que nos hace sentir alumbrados, que nos provoca un estado alterado de la conciencia porque no pasamos el suiche del on/off de los sentidos… A veces me siento más viva luego de un insomnio, porque pude amanecer, pero también porque… anochecí (?)… No sé. No sé si uno puede anochecer…
Uno puede amanecer cansado, feliz, borracho, enamorado, triste, hastiado, aburrido, y pare de contar porque uno puede amanecer de todas la maneras. Pero no atardecemos, ni anochecemos no sé porqué. En todo caso a lo mejor sí pero no tenemos ese uso en las palabras. Quizás ese sol por dentro no se nos termina, sigue allí mientras estamos despiertos aunque la luz del día se haya ido. Quizás de noche aún podemos estar amanecidos y por eso no atardecemos ni anochecemos nunca… quizás y sólo cuando nos vamos a morir(?)… No lo sé.
Hoy casi amanecí, pero decidí dormir cuando escuché el aviso desde la mezquita de que se acercaban el sol y la mañana. Así que amanecí al mediodía de hoy, que por cosas de Alá es día de fiesta y pude darme el lujo de casi amanecer al amanecer pero postergarlo para el mediodía. Dormí alumbrada si es que esto es posible y tuve esos sueños raros que solo se tienen de mañana y que son de los que viven los terapistas junguianos y algunos escritores afortunados que viven en la lumbre perpetua.
Amanecerle a alguien, amanecer con alguien, amanecerse con alguien… en este punto les dejo las divagaciones a ustedes porque sé que han estado alguna vez en esas frases.


