A propósito de… Más sobre blogs y activismo

El post de Khandika Periodismo Amarillista: ¡Soy inocente! creo que más pronto que tarde se convertirá en realidad, luego de la aparición de este blog Pensamiento militar venezolano.

Este no es realmente un blog pero pondrá la atención en este medio porque su tecnología ha sido usada para difundir el «Plan mediante al cual el Teniente Coronel (EJ) Hugo Rafael Chávez Frías aspira perpetuarse en el poder de una Venezuela que abandona apresuradamente el concierto de países libres y democráticos…».

La información sobre este blog salió en la columna de Nelson Bocaranda el día 17 de noviembre. Dicho blog tuvo más de 2 mil visitas ese día según las estadísticas disponibles en el vínculo al pie de su página. El sitio fue abierto este mes pero ya cuenta con más de 8 mil visitas en total. Y muy posiblemente aumenten por la «viralidad» que este tipo de información cuenta. Será difundida en otros blogs, por correo electrónico, etc.

Khandika se preguntaba sobre el activismo y sobre el impacto de los blogs en Venezuela. El potencial para mí es obvio cuando los post de política alcanzan tantas visitas, y cuando la gente se asoma a internet a buscar información que no está disponible en los diarios locales… No estaría de más hacer una pequeña encuesta.

Como en todo no son las tecnologías los factores críticos sino las voluntades para hacer que las cosas pasen. La cuestión es que muchas de estas voluntades se encuentran desinfladas más allá de toda esperanza convertidas en una resignación. Y no se les puede reclamar por querer tener un respiro.

Divagación de la animación suspendida

Hoy me desperté a las 4:40 am. Justo a la hora en que los cantos de muesín resuenan sobre toda Dhaka para llamar a la primera oración del día. No sé porqué mis insomnios se sincronizan con estos lamentos a Dios. Suenan así, dolorosos y melancólicos, como un sollozo gritado al aire pero sin destino al que llegar. Nadie que lo escuche.

Ya el clima está cambiando afuera. Una calina breve cubre la ciudad, los cuervos graznan. Jamás se oye un gallo a pesar de que hay ventas ambulantes de pollos dentro de grandes cestas por todas partes. En estos días me topé con una de estas cestas en el mercado, de algo menos de un metro de diámetro, como una bandeja, cubierta de pollos de plumaje brillante e iridiscente, entre negros, marrones, grises y blancos moteados con los puntos rojos y amarillos de la cresta y los picos. Había más de veinte apiñados con sus patas atadas, que me miraron con una ignorancia aburrida frente al futuro inminente de quién sabe cuántos calderos con curry.

Es curioso ver el tránsito de las estaciones por la ventana. En sucesión ininterrumpida veo amaneceres y tardes sentada en el mismo sitio, convertida sin quererlo en una suerte de cámara fija que testifica y hace constancia del paso del tiempo.

El tiempo que no para aunque uno se tome sus pausas.
El que a veces ofrece tardes de rojo mercúreo y añejo y amaneceres que no conocen tregua en sus grises lechosos y espesos.

Pasamos el Ramadán. Constituye una temporada de oración y ayuno bastante extenuante para los musulmanes ya que se ora y come antes de las 4 y media de la mañana y no se puede beber ni agua sino hasta las 5 y media de la tarde, luego de orar varias veces durante el día. La meta es haber recitado todos los versos del Corán al final del Ramadán. Termina con el Eid-ul-Fitr, 3 días más festivos, por la alegría de la consecución de bendiciones, exoneración de pecados y los obsequios que se realizan entre familiares y amigos. Los mendigos migran a la parte de la ciudad donde hay más dinero y actividad comercial y en cada semáforo te pueden caer más de 10. La residencias conocidas de los ricos reciben el día con grupos de ellos en sus portales pidiendo la tradicional limosna que la creencia islámica obliga para los desposeídos, el backshish.

Pero muchas casas están cerradas y la ciudad de 14 millones de habitantes de repente los pierde, unos que se van a celebrar al interior, otros se recogen en sus casas, pero nadie circula y nada está abierto en los días del Eid.

Y así estuvimos nosotros. Con la santamaría abajo, conectados al mundo a través del módem de Internet y el decodificador del cable. Con noticias frescas del mundo pero sin saber qué era de Dhaka, más allá del canto exonerador de pecados, y el pasar de la sucesión de tardes y amaneceres por la ventana, que intermitentemente cambia los tonos del paisaje.

El apartamento se convirtió en la cápsula del tiempo. Suspendidos sobre esta ciudad caótica súbitamente fantasmal, estacionados en una burbuja de concreto, con vista a un patio de cocoteros y eucaliptos, estuvimos encerrados por casi una semana. Vaciando el refrigerador, agotando series de televisión y películas en DVD, navegando en Internet, a ratos pintando o leyendo, teléfonos desconectados, mentes desconectadas. Afuera el tiempo y el mundo pasaron como en un reloj de arena infinita…

Hoy desperté al amanecer y sin dudas pensé que era ayer.

…?

En un artículo reproducido de El Nacional, en noticiero digital, Fantasmas de Alberto Barrera Tyszka, hay esta cita del escritor mexicano Carlos Monsiváis:

«O ya no entiendo lo que está pasando o ya no pasa lo que estaba entendiendo»

Estoy en el borde del hartazgo con el tema político venezolano. Y creo que esta frase define mi estado de ánimo en estos momentos con respecto a Venezuela y algunos compatriotas, de ahí el silencio de estos últimos días en este blog.

Como bien dice el amigo Khandika, ya no creo ni en los periodistas.
Y comparto esto que dice Romrod.