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Necesidad pol�tica

No quer�a comentar lo de las elecciones regionales porque ya hab�a comentado el resultado previsible el d�a anterior. Sin embargo, ameritar� en el futuro hacerlo porque creo que hay que poner puntos en el tapete que opin�logos, pol�ticos y analistas parecen perder de vista a la hora de escribir sus an�lisis. Por los momentos recomendar� la lectura de dos buenos art�culos uno sobre lo sucedido en Carabobo por Charito Rojas y otro sobre los medios por Adriana Pedroza para aquellos que necesitan fitina para la memoria. Fueron publicados por www.anal�tica.com. En ambos se refleja la preocupaci�n sobre los excesos que los actores pol�ticos han tra�do a la escena nacional. Por un lado, la ola destructiva del chavismo, por otro el manejo tendencioso de la informaci�n por parte de los medios privados.
S� que muchos est�n retir�ndose al terreno de la intimidad, la familia y los amigos para tratar de curarse de toda la negatividad y resentimiento que la divisi�n del pa�s ha causado en cada uno. Y creo que es lo m�s sano por hacer, siempre y cuando no se pierda de vista que tarde o temprano tendremos que salir del ostracismo interior. Luego de una buena introspecci�n deberemos de lidiar con el hecho de que quedan 2 a�os m�s de gobierno y posiblemente unos 6 m�s despu�s de esto ante la obvia carencia de liderazgo.
�Cu�l ser� la correcta actitud ante esta posibilidad? Yo no apuesto por la beligerancia extrema, ni tampoco por la sumisi�n a esta revoluci�n ininteligible. Pero creo que es incontrovertible que se acabaron los restos de la Venezuela anterior. No me refiero a la Venezuela pol�tica sino a la Venezuela humana. Es obvio que esta situaci�n ha afectado terriblemente el esp�ritu de todos. La gente no tolera opiniones contrarias, la solidaridad tiene l�mites, los resentimientos sociales han aumentado de tal manera que impiden la m�s m�nima cortes�a entre la gente. Esto se refleja por supuesto en el liderazgo de las distintas facciones que no est� dispuesto a reconocer y/o respetar los aciertos del otro.
El pa�s nos pide mayor madurez. Nos pide inteligencia. Nos pide resistencia y perseverancia. Sobre todo nos pide compromiso con nosotros mismos y con �l. No con el que ten�amos sino con el que podemos tener dadas las circunstancias. Y el que podemos tener tiene forzosamente que inclu�r a todos. Es un trago amargo para muchos, pero mientras m�s r�pido se asuma contribuiremos mejor al surgimiento de un nuevo liderazgo a tono con las verdaderas necesidades del pa�s que incluyen por supuesto las necesidades pol�ticas…

Continuar� esto en otra entrega. A los mejor transferir� estas ideas a un art�culo, el post me est� llevando a ello.

Recuerdo de Alejandro Salas

Me crucé con tu poema y terminantes, entre paréntesis, el año de tu nacimiento y de éste, definitivo, que señalaba así de sobrio el de tu muerte.

Recuerdo que cuando apareció Erotia, la intensidad de esos versos causaron asombro y evidenciaron cierta paraplejia mental de algunos seres del medio que no concebían tanta sexualidad proveniente de la figura delgada, con lentes, un tanto desgarbada más propia del ratón de biblioteca que proyectabas.

Erotia arrebató asombro, respeto y tambien un dejito de envidia ante el verso auténtico, y por tanto difícil, que muchos eran incapaces de producir sin miedo en sus propias frases, en su poesía o demás escritos, a la hora de explorar la carne.

Recuerdo también que al contrario de todos los escritores que he conocido le rogabas a Liscano, tu editor y a Milla tu distribuidor que cero bautizos, fiestas, recitales o foros. Te resignaste a aceptar la idea de las concebidas gacetillas y el ejemplar de cortesía a la prensa. Lo mismo con la antología de poesía venezolana editada por Milla, la cual (a lo mejor recuerdo mal) fue presentada por Armando José Sequera contando con tu ausencia o ¿no fue presentada en absoluto?

No menciono estos detalles por maluquería con los escritores a quienes la vanidad, el ego o el querer ser reconocidos o simplemente leídos a veces los traiciona y los hace perder asidero con la tierra, sino para resaltar el contraste de que así de callado y con una modestia a toda prueba, tu vida era escribir, investigar, traducir, hacer grabados, y demás ejercicios de libertad que en este momento se me escapa enumerar. En ti se me autenticaba lo del escritor escribe para sí. Publicar, difundir era ya darle a esa entidad creada en el poema, el ensayo o las traducciones de Ashberry en ediciones limitadas, en cualquier obra producto de tu mano, el empujoncito del padre a la criatura cuando le dice que salga al mundo, porque ahora es suyo a encontrarse o perderse entre los otros. Un acto de liberación más que de confrontación con el otro.

Eras un ave rara, porque justamente mi trabajo en ese entonces y por varios años lo fue el de promover las obras y los autores editados por la casa editorial de turno a como diera lugar y tú, para mi desespero, no colaborabas.

Esa extrañeza se convirtió en admiración, años más tarde, cuando tuve la madurez suficiente de entender la paz de espíritu, la seguridad y satisfacción que se debe tener consigo mismo para no requerir del gesto aprobatorio de los colegas o de los lectores. Auténtica modestia. Rara avis.

Así te tenía en mi memoria hasta que hace un par de años, de visita en Caracas, reanudamos la charla que alguna vez empezamos en las oficinas de Alfa y que continuaban en esporádicos, fortuitos encuentros en alguna librería o en los pasillos de la GAN con años de por medio. Sonia Casanova, tu compinche de la galería, nos hizo coincidir de nuevo y la conversación continuó quedando en vilo cuando me tuve que regresar para una próxima vez que ya no será, porque el que ha partido ahora eres tú.

La vida es finita. Chiquita ante el destino sin certezas que nos traga y regurgita como le da la gana. Ese destino que eventualmente nos pasa el suiche, nos borra o nos vindica.

No tuvistes la intención y sin quererlo finalmente se hace presente tu paso por nuestras vidas. Las de quienes te conocimos en la brevedad de encuentros esporádicos (y entonces guardábamos esta admiración), las de tus amigos, la de tu esposa. Las de quienes no necesitan sino publicar un poema tuyo y dar a entender todo, constatar tu legado y establecer en el acto, tu huella.

Publicado en www.elmeollo.net

En búsqueda del país perdido – Venezuela sin adjetivos

Ya es doloroso estar fuera de Venezuela. Se extraña lo bueno que nos caracteriza como venezolanos y a veces hasta lo malo. Pero leyendo las noticias de la prensa, toda la prensa digital, me pregunto si esa idea de venezolanidad que tengo en la mente es ahora la correcta. Si ya lo que yo creía que era ser venezolano no es sino un sueño que por soñado ahora duele.

No soy chavista, pero tampoco puedo considerarme antichavista. Por lo menos no de la manera que se usa ahora. Hasta ahora la historia ha probado que cualquier extremismo es perjudicial para la salud de cualquier país y me perdonan esta imagen tan burda, pero es que siento que el país está enfermo.

Se me dificulta imaginarme a los círculos “bolivarianos” en acción, y con horror me paseo en las imágenes del 11 de abril, de los asesinatos, saqueos y actos de vandalismo contra embajadas.

Soy hija de un inmigrante que hizo suyo este país y selló su compromiso con una venezolana produciendo una familia que continua expandiéndose. En ese sentido siempre me he sentido venezolana de pura cepa, porque la venezolanidad, por lo menos de la manera que la percibo, siempre se ha basado en la mezcla racial, la pluralidad y la amabilidad para adoptar modos o costumbres de otras culturas, a la suya.

Estando en Africa, que es donde estoy, reconozco en la sazón africana ingredientes de la nuestra, en el uso de la hoja de cierta banana para envolver la comida puedo adivinar a la hallaca.

Añoro la belleza de lo que es mío y no puedo disfrutar. Y con horror presiento que no volveré a ver esa belleza, que ese concepto o percepción de venezolanidad que yo tenía se ha dejado avasallar por la barbarie de nuestros más básicos sentimientos de odio y envidia, por la distorsión de valores que a pesar de todos nuestros defectos siempre estaban presentes como una finalidad o aspiración: honestidad, respeto por el otro, justicia, democracia. Quizás la distancia me ha hecho idealizar el gentilicio, o quizás el contraste africano. Otro día disgregaré al respecto.

Sinceramente creí, que a pesar de los males de la “IV República”, que de un gobierno absolutamente centralizado a principios de los sesenta, cada día íbamos perfeccionando más nuestro sistema hacia una federalización donde mayor participación ciudadana estaba garantizada. Una federación dentro de un sistema que proporcionaba además el beneficio social de la educación gratuita, salud y protección al trabajador. Beneficio ineficiente, es verdad, pero que estaba ahí, en la ley; y el cual, amparado por ella como derecho ciudadano, era susceptible a perfección igualmente. Lento pero seguro.

Me sentí orgullosa de nuestra democracia cuando (a pesar de no haber votado por él), se reconoció la victoria del presidente Chávez, y me dije que se había demostrado que nuestro sistema democrático sí reflejaba la voluntad del pueblo. Y hasta allí llega el encantamiento.

Discutir las cualidades de nuestro presidente como tal es para mí a estas alturas innecesario y hasta irrelevante. Lo obvio no se discute. La pregunta para mí es cuáles son las cualidades de nuestra “ciudadanía”, cuáles son las cualidades que constituyen el ser cívicamente venezolanos. Chavistas y no chavistas por igual estamos pagando el precio de la indiferencia política que ejercimos en el pasado y todos tenemos esos muertos, los del 11 de abril, ahora pesando en la espalda. Otra pregunta es si queremos tener más.

¿Nos costará el país seguir en posiciones extremas? Una vez termine esta borrasca seguiremos siendo venezolanos, de ello no me cabe duda, pero ¿qué clase de Venezuela tendremos? ¿Dejaremos como herencia organismos paramilitares enquistados como los de Colombia, “frentes de liberación” a quienes nadie les ha pedido que liberen nada, un perpetuo malestar con el país vecino que más que nunca necesita de nuestra solidaridad y ayuda efectiva? La meta no tendría que ser sacar a Chávez como quien extirpa un lunar maligno, ello no necesariamente libera de un cáncer.

A estas alturas algunos se preguntarán cuál es el punto de este artículo, la verdad es que no lo tiene. No uno evidente…me tienta pedir a todos unos minutos para pensar cuál es la Venezuela que queremos. A todos: chavistas y no chavistas. A ver el bosque en vez del árbol.

Estoy segura de que es la misma Venezuela. Una Venezuela próspera, democrática, con oportunidades y bienestar para todos sin distingo de raza, nacionalidad, religión o credo, donde la impresionante riqueza que poseemos se reparta equitativemente a través de beneficios que todos deberíamos gozar.

En esa Venezuela creo que hay lugar para todos. Y si se pone tiempo en pensar en ella, mientras más se piensa hay menos sitio para círculos armados, para posiciones recalcitrantes, para insultos y para una presidencia manejada por intereses ajenos a los del bienestar del país e influenciada patéticamente por terceros, llámense Fidel, José Vicente, Miquilena o el favorito de turno.

Tampoco habría lugar para una guerra civil, con qué objeto. ¿Cuál sería el objeto de una guerra civil? ¿Habrá alguien que pueda contestar a esta pregunta?

Venezuela debería ser el verdadero foco de nuestros argumentos y espacios de discusión, porque todos somos venezolanos. Y dentro o fuera del país no dejaremos de serlo. Al pasar éste período, no habrá boinas o colores que valgan, la bandera y el escudo serán los mismos y el nombre del país con o sin adjetivos será Venezuela. Aquí dejo muchas preguntas que no sé si se puedan contestar. Yo no me las puedo contestar satisfactoriamente. Me asusta pensar que no encontraré el país que dejé, ilusionado y esperanzado con un cambio, ahora llana y simplemente desesperado y a la deriva. ¿Será que algún día mencionaremos a Venezuela sin acompañarla de adjetivos…?