Hoy, en El Universal, hay dos entrevistas interesantes a escritoras venezolanas: Ana Teresa Torres y Gisela Kozak.
Torres habla de cómo el lenguaje ha contribuido a escindir el país y Kozak en cómo se resiste a asumir esa escisión.
Torres, entre otras citas:
«La retórica en la política venezolana siempre ha abusado de la palabra y de la emocionalidad, pero el extremo que estamos viviendo ahora es un fenómeno nuevo, lo que interesa es el discurso y no los logros de las políticas públicas. La comunicación del líder con el pueblo es fundamentalmente pasional, de amor-odio. El líder ama al pueblo y del otro lado están los enemigos. Los enemigos han variado, pero en general son difusos: el imperialismo, las elites históricas, económicas, políticas y profesionales, porque ese concepto de elite incluye la capacitación. Es una retórica vengativa, reivindicativa que hace ver a ese «pueblo» como una entidad abstracta. El líder habla por el pueblo y así los ciudadanos pierden su individualidad. «
«La palabra no es inocente, puede ser tan efectiva y tan violenta como un hecho, porque daña la subjetividad. Ese discurso está produciendo una emigración de jóvenes profesionales que no tiene precedentes históricos. Se repite «bienaventurados los pobres» como si fuese una condición deseable y todo ese sentimiento de odio, de desconfianza se dirige hacia los valores de clase media que tienen que ver con la excelencia, el desarrollo individual, el esfuerzo personal, el logro a través de la educación. »
«…el discurso exalta la fidelidad política y el no tener criterio propio. «
Kozak:
«Hay una enorme producción editorial y una cosa muy interesante: se está produciendo algo que sólo pasó al principio de algunas revoluciones, pero esas revoluciones tomaron rápidamente un corte totalitario y censurador, ésta no. Aquí hay un campo cultural en el ámbito de la empresa privada y un campo cultural que funciona alrededor del Estado. Y los intelectuales de un bando no están en el otro. Es una diferenciación que nunca se había producido en Venezuela. Dos ámbitos de producción, circulación, creación y recepción totalmente diferenciados; lo cual no quiere decir que no haya intercambios. Por ejemplo, en estos días me entrevistaron en Radio Nacional. Pero evidentemente sí hay distinciones: una publicación como Todos Adentro sólo reseña los libros de los escritores chavistas. Y hay diarios que no están con el gobierno y no publican a los escritores de Monte Avila.»
«Solamente el esfuerzo de críticos, profesores, lectores es el que impide que esa separación sea digna de dos países distintos. Hay gente que lo celebra. Yo no. Me parece un pésimo síntoma de lo que está pasando en Venezuela. Sigo leyendo lo que salga, porque me interesa estar al día en narrativa venezolana. Me importa un bledo si es o no chavista.«
«Los criterios de inclusión y exclusión en literatura no los puede decidir el Estado, como no los puede decidir la empresa privada. Las grandes transnacionales de la literatura cada vez están apostando más a las propuestas sencillas, y hay algunas buenas y otras malas. Si no equilibras el funcionamiento del campo literario privado, llegará un momento en que todo el mundo tendrá que escribir como Dan Brown, el de El código Da Vinci. Si le dejas el campo literario al mercado o al Estado, y no dejas que sean los propios escritores, lectores, críticos los que manejen ese campo con mayor flexibilidad, vas a tener una literatura muy mala. El problema de las sociedades donde funciona un súper Estado es que éste quiere regular todas las instancias de la vida. Se vive hablando en contra del neoliberalismo y no se habla de lo terrible que puede ser el Estado que le quita poder a los ciudadanos. Parece un eslogan de los años 50: ‘Déjenos pensar por usted’.«
Ambas escritoras exponen puntos de vista coincidentes en algunas cosas y en otras no. Pero valen bien la pena explorarlos. El diálogo se ha vuelto casi nulo en Venezuela y la diferenciación se hace más aguda. En el ámbito cultural, se está caminando por dos rutas distintas que bien hubieran podido ayudarse entre sí porque al final ambas buscan los mismo.