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Un premio

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La colega bloguera, Kim Basinger, autora del blog Neira La Meiga, me ha dado un premio. Es un premio meme. Se llama The Blog Thinking Award. Me cita con el blog En diálogo.

El premio meme consiste en que el bloguero premiado a su vez comparte el premio, o se lo otorga, a cinco blogs que le hacen pensar.

Este premio surgió de The thinking blog escrito por Ilker Yoldas y ha dado ya unas cuantas vueltas por allí.

Aunque hace tiempísimo dije que no volvería a contestar memes, me parece divertido darle un premio a los blogs que me hacen pensar. Lo complicado es que casi todos los que leo me hacen pensar, hasta los más mundanos.

En todo caso me encanta este premio personal que me da Kim Basinger, así que ¡muchísimas gracias!, que nunca me gano nada (por cierto, tu nick me parece genial).

Aquí van mis premiados y porqué:

  • Explíkme… Karelia me hace pensar en la pasión de decir las cosas como se cree que son.
  • Periodismo de Paz… Luis Carlos me hace pensar en cuando yo era más joven e idealista, en creer, en no dejarme vencer por la facilidad del pesimismo
  • Resteados… Iria me hace profundizar en lo que pienso aún más, y a veces me reta a pensar cuando me da flojera
  • Sin Contemplaciones… Rodolfo antes andaba autoexilado (“desde el exilio porque ya no sigo aquí”, no?) y ahora anda sin contemplaciones. Siempre me hace pensar que ciertas de mis nostalgias se parecen a las de él.
  • Discurso del Oeste… JRDuque me hace contrastar lo que pienso, aunque con lo que él piense esté o no de acuerdo.

Las reglas del premio son:

  1. Si ,y solo si, alguien te da el premio escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
  2. Enlaza el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio,
  3. Opcional, enseña el botón del premio enlazando el post que has escrito dando tu premio. Hay una versión del botón en plateado si el dorado no le queda a tu blog.

Ocho cosas que no saben de mí

Nadie me lo pasó, pero Victoria invitó a quien quisiera contestarlo, así que tomé el testigo de este meme, porque creo que ya le toca a este blog un toquecito light.

Enumeraré 8 cosas que no saben de mí:

1. Soy una veterinaria frustrada (estudié biología por eso, durante 3 años). Amo todos los animales -excepto uno- especialmente los perros a quienes puedo partear, inyectar, sacar gusanos, garrapatas, etc. No he tenido perros conmigo sólo durante 5 años de mi vida, estos 3 años en Bangladesh y 2 en Caracas. Pero siempre he sido dueña de alguno. Ahora tengo dos en Kenya. La mascota más rara que tuve fue un escorpión, cuando tenía 18 años, Eustaquio. Lo liberé el día que se escapó del terrarium y lo encontré caminando en el cuarto de mi abuela.

2. Detesto las cucarachas, les tengo terror y fobia. Creo que son inteligentes y que se preparan a dominar el planeta.

3. Soy adicta al té y toda suerte de infusiones. Tengo varias teteras y adminículos para servirlo. Donde quiera que viajo compro el té de la región. Aunque no muy original de mi parte, mi favorito es el Earl Grey y cualquier infusión aromatizada con bergamota. No le agrego ni leche ni limón. Dependiendo de mi ansiedad varío el azúcar.

4. No me gusta cocinar en general y en ese sentido no soy buena ama de casa. Sin embargo me encanta comer rico y por suerte tengo un esposo que cocina como chef. Pero mi plato favorito siempre será el asado negro que hace mi mamá.

5. Soy una sucker de los chismes de Hollywood, los oscares, etc. No soy muy exigente para ver películas, para mí es relajación y entretenimiento. También me encanta la tele y series como Heroes, Lost, House, 24, etc.

6. Me gusta toda la música. Tampoco soy muy exigente en ese sentido… y lo siento pero me gusta el reguetón. Sobre todo cuando lo bailamos en el Club Americano de Dhaka que es ultra conservador y la gente ni idea de lo que dicen las canciones a todo dar.

7. De vez en cuando le hago un sahumerio a la casa, siguiendo mis “sensibilidades”, heredadas de facultades que corren por mi familia de lado y lado. Así que soy medio “bruja” a veces. Creo en todo y dudo de todo.

8. No me considero buena ama de casa, pero me encanta arreglarla y comprar cosas para ella. Tengo además el talento de hacerlo sin mucho dinero, con algo de creatividad y apelando a mi gusto por telas, alfombras, objetos y artesanías que vivo coleccionando de los viajes que hago.

Al igual que Victoria, no quiero pasarle el meme a nadie sino dejar que quien sienta como que le provoca que lo haga.

Y así a ver si varío la temática de ahora en adelante y vuelvo a los cauces acostumbrados de este blog.

Mi paraíso natural: Zanzíbar

Hace unas semanas atrás, Carmen invitó a varios blogueros -incluyéndome- a participar en un meme sobre el lugar paradisíaco natural favorito de cada uno de nosotros. Mis primeros lugares favoritos se encuentran en Venezuela, como el llano en las riberas del Sinaruco Cinaruco, el Salto Ángel y Canaima, y Mochima. Y mi lugar natural favorito desde que estoy fuera es Zanzíbar, que es de donde tengo fotos y recuerdos recientes. No es nada más la playa lo que me fascina sino todo lo que la naturaleza determina a la gente del lugar dando la impresión de que toda la isla, sea en la ciudad, selva o mar, es un paraíso natural, donde hombre y entorno conviven integrados y sin molestarse el uno al otro.

Rescato un artículo que escribí hace algún tiempo y que no había publicado aquí. Luego de unos breves cambios se los presento porque sigue reflejando lo que me transmite la isla, la cual por sus paisajes y su gente es uno de los sitios que más me gusta de los que he tenido la suerte de visitar.

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El sueño de vivir en Zanzíbar.

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[Kilimanjaro desde el avión – 2002]

Al viajar a Zanzíbar por avión, todas las veces el Kilimanjaro sirve de abreboca y despedida en la ruta. Solo esta vista ya amerita el viaje. Pero al pisar tierra en la isla se sucumbe siempre a su encanto. Otra leyenda.

Zanzíbar la isla de las especias, de princesas árabes rebeldes, uno de los últimos reductos del infame tráfico de esclavos, la isla de donde partió Livingstone buscando las fuentes del Nilo sin encontrarlas, y de donde partieron también Speke, Burton, Stanley y tantos otros exploradores del Africa Oriental. La isla del kiswahili, idioma del hakuna matata (no hay problema), originado por la combinación afortunada de las culturas árabe omaní, bantú, portuguesa, recibiendo posteriormente influencia india y, por supuesto, la de la colonización británica. La isla donde nació Freddy Mercury -el cantante de Queen-, la isla a quien Billy Joel le dedicara una canción, para citar también referencias más recientes.

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[Livingstone House- 2004]

La palabra portuguesa relentoso o relentar, no me cobra tanto sentido en ninguna otra parte como aquí. El tiempo pasa pero no pasa. La vida se toma a otro ritmo, como si estuviera marcada por el navegar parsimonioso de los dhow con sus velas agudas pero henchidas tratando de cortar el cielo en medio de la vastedad azul esmeraldina del océano Índigo. Esta es la isla de Simbad el Marino. Este es uno de los escenarios de las historias de Las Mil y Una Noches: Zenj, llamada así en los cuentos de Scheherezade.

En Zanzíbar se toma conciencia de que la vida no tiene nada que ver con el reloj, que el transcurrir tiene que ver con la sensualidad con que se disfruta cada momento en esta Tierra, en este planeta. Más que conciencia es una sensación en las vísceras.

La musicalidad del swahili y sus proverbiales expresiones como sawa sawa (okay, vale), pole pole (lento, sin apuro, o con calma), el hakuna matata, asante sana (gracias), mizuri sana (de nada), karibú (bienvenido), jambo (hola), kabiza (absolutamente) contribuyen a la sensación de inamovilidad, lentitud, de dejar que las cosas fluyan sin interferir, sin que tratemos de modificar nada.

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[Atardecer en StoneTown – 2004]

Stone Town, la capital, es patrimonio cultural y arquitectónico de la humanidad. Está en estado de deterioro y decadencia pero se hacen algunos esfuerzos de restauración. Las famosas puertas de madera tallada que denotan la influencia india en Zanzíbar se encuentran por doquier y es un arte en recuperación. Sus calles estrechas, el muesín cantando a oración desde la mezquita, las mujeres en sus trajes negros pero con la cara descubierta, hermosa en su combinación de rasgos y coqueta en el cuido de su maquillaje, la brisa marina, la decadencia de sus edificaciones; crean el embrujo de esa atmósfera atemporal que atrapa al visitante.

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[Ruinas del Palacio de Maruhubi. Patrimonio Universal de la Humanidad]

Zanzíbar es una explosión de verde en medio del océano Índigo. Los mangos centenarios se mezclan con los cocoteros, los boabab, los almendrones, los de fruta de pan, clavo, canela, nuez moscada, las enredaderas de fruta de la pasión, pimienta y vainilla. Este verdor no es como el del Caribe. Oculta las ruinas de palacios de califas y sultanes, las antiguas residencias indias, y cubre los caminos de asfalto abandonados a las inclemencias del tiempo y la negligencia gubernamental. Caminos que hay que atravesar para llegar al corolario de la visita: la playa. Caminos por donde vemos al isleño andando pole pole. Hakuna matata.

Zanzíbar más que realidad parece obra de la ficción de un sueño. Kabiza.

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[Playa de la punta Norte de la Isla – 2004]