Categoría: Viajes

Misceláneas de este último viaje I

Despues de estar un mes en Tanzania, uno y medio en Kenya, y ahora por unos días en Uganda, reconectarme es una experiencia surreal acentuada por la otra surrealidad que se siente estar aquí.

En estos viajes de trabajo en los que uno carga como que su casita portátil, la rápida adaptación al ambiente es fundamental, sobre todo si las estadías son largas. La clave está en identificar las semejanzas con lo que uno conoce y la apropiación de esas semejanzas para compensar las nostalgias. Digo yo. La fascinación con las diferencias hay que dejarla para los ratos libres. Como he vivido en esta parte de África me es fácil adaptarme. Me siento en casa, pero con el ingrediente adicional de asimilar los extraordinarios personajes de novela que encuentro en el camino. Supongo que para dichos personajes uno también es un personaje insólito. Hay veces que siento que me topo con miles de Maqrolles (recordando a Mutis), llenos de historias y aventuras, con los matices de la mística y los colores de la África post-colonial… porque tampoco son los Hemingway o las Karen Blixen, ni los Richard Burton o Livingstone (aunque de estos últimos uno se topa pero venidos de Texas no de la Gran Bretaña en plan misionero) que uno añoraría encontrar. Una época que está teñida de un romance que realmente no tuvo, por cuanto fue violenta en todo sentido y las consecuencias aún las está sufriendo el continente.

En medio del cóctel de impresiones diario, recibir una que otra noticia de la familia, o de los amigos en Venezuela a veces no siempre buenas, me arrugan el corazón y hacen aún más inesperada la experiencia. Porque me siento en casa pero no lo estoy. Mi casa en estos momentos está en Bangladesh y no siento ningunas ganas de volver. El desapego es paradójico y se me ha convertido en disyuntiva. La verdadera cuestión es dónde está mi hogar, mi refugio. Mientras encuentro la respuesta, igual para la segunda semana de septiembre ya me devuelvo a Dhaka.

Kenya

Cebras vía Amboseli

Podría quedarme a vivir en Kenya. No me canso del paisaje, de las contradicciones y búsquedas de este país tan paradigmático del Africa que uno ha mitificado. De las dinámicas sociales y raciales. Y luego me acuerdo de las nuestras y de lo que me estoy perdiendo de primera mano. Pero es diferente ser un observador que un participante. El segundo rol duele más, y yo soy medio cobarde en ese sentido. No me da pena admitírmelo. Y por eso quizás anhelo venirme de nuevo para acá. Para vivir vicariamente los procesos de allá en version africana.

Nairobi me recuerda a Bogotá. Y Bogotá comparte esa cosa con Caracas de estar compartimentada… o sea de tener sus zonas ghetto. Sus microcosmos sociales con dinámicas lingüísticas propias, distintos protocolos y distintas sensibilidades que juntas conglomeran y definen la ciudad. Así que ya ven, Nairobi es como Caracas, en cierto sentido, pero con el clima de Bogotá… están casi a la misma altura sobre el nivel del mar, tienen esa influencia inglesa tan marcada en la arquitectura, pero, por supuesto, en Bogotá no hay cuentos de leopardos comiéndose los perros del vecindario o de jirafas metiéndose en tu jardín si vives en los linderos de la ciudad. Ni tampoco en Caracas. Los cuentos son otros. Tenemos guacamayas surcando el cielo y venaditos matacanes en El Avila. Pero las historias de violencia y criminalidad son bastante parecidos.

Aquí en Kenya, luego de un mes de trabajo en Tanzania (junio), me tomé dos semanas de vacaciones con Lino y nos paseamos el Masai Mara, el Amboseli y Tsavo. El primero, reserva nacional administrada para los Masai, y los demás, parques nacionales. En Masai Mara, la migración viniendo de Serengueti estaba entrando. Miles de ñúes, cebras en tránsito ininterrumpido buscando los pastizales reducidos este año por la sequía. Animales tan acostumbrados al turista que ni se inmutan con la vista de los autos y los innumerables susurros en distintos idiomas de asombro y admiración ante ellos. He visto en algún viaje pasado a un par de leones pararse de su sitio en siesta para irse a recostar a una de las camionetas aprovechando la sombrita improvisada para pánico de los turistas desprevenidos y sorna de los guías. Estos mzungus!

Kilimanjaro desde Amboseli

En Amboseli pude ver, por fin, el Kilimanjaro desde la sabana que lo circunda. Siempre lo veía desde el aire en tránsito entre Kenya y Tanzania. En la visita a Serengueti, 4 años atrás siempre estuvo encapotado, cubierto de nubes. En Tsavo la experiencia fue ver la sabana agreste, con morichales y mogotes que recuerdan el llano guariqueño. Al ser un parque menos visitado y mucho más amplio, los animales son más recelosos de la presencia humana. Allí nos quedamos en el campamento Patterson a la orilla del río. Este hotel campamento no tiene cercas eléctricas, y los animales con frecuencia pasan a través de él para llegar al río especialmente durante la noche. Todas las mañanas encontramos entre las cabañas-tiendas los «recuerditos» de los elefantes. Pero no cerca de la nuestra. Los elefantes africanos cargan si sienten que una persona o vehículo están demasiado cerca.

Impalas en Patterson

Este campamento está situado donde el célebre Patterson mató al segundo de los dos leones devoradores de hombres que tenían asediada la construción de la línea del tren que viene de Mombasa. Los leones encontraban a los trabajadores traídos de la India, coolies, de lo más gustosos y fáciles de agarrar. La historia de Patterson, para variar con las historias africanas, fue llevada al cine con Michael Douglas y Val Kilmer, haciendo este último de Patterson. Pero este campamento resultó ser mi favorito porque justamente está metido en el monte. Sentados desde el patio donde se enciende el fuego se pueden ver los hipopótamos en el río, impalas que llegan a tomar agua en la orilla opuesta, los monitos vigilando a ver si uno deja algo al descuido, y los cocodrilos aguaitando algún ganso salvaje para el almuerzo.

En Tsavo se realizan importantes investigaciones sobre los elefantes y es allí de donde provienen las observaciones de sus comportamientos funerarios cuando muere un miembro de la manada, las variaciones del lenguaje y pruebas de su memoria y estructura social. En Tsavo opera también un programa de reinserción de elefantes huérfanos rescatados de una muerte segura, en ausencia de sus madres (ya sea causada por muerte natural o por cazadores furtivos) o de una manada que los adopte.

Baobabs via Amboseli

Es fascinante andar en la carretera y ver los baobabs secos, como gritándole al cielo con sus ramas enmarañadas y suplicantes, o los Masai caminando de un pueblo a otro en la vera del camino, o ver pasar las cebras, jirafas o elefantes a un lado, porque no hay cercados ni ningún otro obstáculo físico que impida el tránsito libre de los animales.

Masai via Tsavo


En una estadía así de extensa, uno se apropia de las muletillas en swahili. Asante sana para las muchas gracias, karibú para bienvenido, sawa sawa para el ineludible okay, jambo para el hola, apana para el no, bwana en equivalencia al man del eslang en inglés o nuestro propio pana, mzungu para el blanco extranjero, kaburo para el blanco kenyano, entre otros… y así uno termina hablando el inglés africano del Este.

[Continuará]…

Tanzania II – Dar es Salaam

Dar es Salaam, hogar de la paz.

Así bautizó el sultán Seyyid Majid del reinado de Omán y Zanzibar al pequeño puerto ciudad que fundara en 1860, en los predios de una pequeña villa de pescadores.
Dar es Salaam es una de las ciudades de la costa swahili. La cultura swahili fue originada con la mezcla del árabe que comerciara y se asentara en las orillas del africa oriental que va desde el norte de Kenya hasta Mozambique, el bantú y las influencias coloniales inglesas y portuguesas durante los siglos de colonialismo. Esta interacción entre distintas culturas dió origen a la lengua swahili hablada en toda África del Este y parte de la África Central. Es uno de los idiomas oficiales de Kenya y Uganda y hasta hace poco era el único idioma oficial de Tanzania.

En este viaje no pude conocer mucho la ciudad pero tengo alguna visión de la misma y su ambiente. Dar es Salaam está a la orilla del mar y no tiene montañas visibles atrás ni a los lados por lo que se extiende sin ningún prurito hacia las periferias. Los terrenos donde hay casas y edificios son amplios y la vegetación es abundante. La ciudad está llena de viejos árboles de acacias, flamboyanes, baobabs, trinitarias o buganvilias, así como otras plantas típicas de estas tierras de las cuales no pude saber el nombre. Los árboles son frondosos y altos, rayando en lo hiperbólico. En Dar se conjugan la pureza del aire marino, la humedad de la costa y ese cielo profundo hacia arriba y tridimensional difícil de explicar… porque ¿cómo se puede explicar el cielo de África para quien no lo ha visto? De un azul sólido y con nubes gigantescas y verticales que parecieran querer reventar el cielo pero que se quedan cortas. ¿Cómo explicar este cielo sobre una ciudad como Dar, la amabilidad de la gente y ese espíritu relentoso que le da la bienvenida, Karibú, a todos los que la visitan? El mismo cielo que abrigó la década de la gran emancipación de las naciones del Este de África del dominio colonial inglés.

dar_atardecer.jpg

Es difícil entender qué fue de ese esplendor de los sesenta donde las universidades como Makerere en Kampala, Uganda tenían de profesores a hoy día escritores laureados como V. S. Naipul o Paul Theroux. Donde se formaron líderes como Julius Nyerere, el padre fundador de la nación independiente de Tanzania.

Tanzania constituyó la esperanza del desarrollo en África a través de ideales socialistas basados en los principios morales de la idiosincracia africana. La familia como núcleo, la unidad del clan, la solidaridad de la lucha por la supervivencia extrapolada a una sociedad educada y en igualdad de condiciones. Si bien el modelo económico socialista fracasó, Nyerere, el maestro de escuela, luego presidente, al admitir su fracaso públicamente se retiró del poder renunciando a la presidencia y recluyéndose en su casa en el interior del país. Los tanzanos lo reverencian y respetan por su honestidad y a que gracias a su espíritu unificador, diferencias u odios tribales y religiosos que son la plaga de la paz de otras naciones africanas, son practicamente inexistentes en Tanzania donde todos viven sin tensiones sean cristianos o musulmanes, masai o cualquiera de las otras 120 etnias pertenecientes en su mayoría al gran grupo bantú. Los instrumentos cohesionadores fueron la lengua, el swahili y las bases morales que sentara en torno a la unidad familiar africana.

En Dar es Salaam el estilo dominante de ese pasado que ofrecía promesas está determinado por la arquitectura constructivista de los sesenta salpicado de típicas casas coloniales de techos de tejas rojas, que le abren paso a edificaciones más modernas y urbanizaciones que manifiestan la activación reciente de la economía del país.

A este contraste entre paraíso perdido de la costa y metrópoli que puja por surgir súmenle la vista del mar azul índigo, los dhow (embarcación tradicional swahili) con sus velas desplegadas en el horizonte así como otros veleros y barcos de gran calado, palmeras en la orilla de la arena blanca que la bordea enmarcados por el verde inmediato de árboles centenarios regados por la ciudad que se densifican en vegetación semi-selvática hacia el interior.

El encanto que tiene Dar es Salaam atenúa las advertencias sobre la seguridad. El jambo (hola) o mambo sapi (qué hubo), que todo desconocido te da cuando preguntas una dirección o entras en una tienda seguido del karibú te quitan toda la aprehensión que puedas tener.

Yo padezco del mal de África del cual escribiera alguna vez. En este viaje en que tuve oportunidad de andar en los tres grandes del África del Este (Kenya, Uganda y Tanzania), no tuve mas remedio que admitirme que extraño estar aquí y que es un sitio al que debo volver, seguir aprendiendo de la gente y de su espíritu, del horror y de la belleza que conviven en este continente sin que parezcan extremos opuestos, sino una cosa natural e ineludible de la vida.

«»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»

Post-scriptum:

Este es uno de esos curiosos hechos de seis grados (o menos) de separación con Venezuela, en 1992 Julius Nyerere recibió de parte de la UNESCO conjuntamente con el gobierno venezolano el Premio Internacional Simón Bolívar.

Tanzania I – Dubai

Llegué hace unos días a Dar es Salaam, la capital de Tanzania. País que federa dos estados autónomos, Tanganyika y Zanzíbar. Salí de Dhaka con emociones encontradas porque no me quería mover de casa, pero al mismo tiempo, tenía y tengo la excitación de un nuevo reto en mi trabajo y me llamaba la atención pasar más de un mes en Dar, ciudad en la que sólo he estado de paso y que quería conocer mejor para completar el trío de ciudades de Africa del Este.

Dubai

El vuelo me hizo pasar una noche en Dubai, al igual que en Enero, cuando también pasé una allí en ruta a Uganda. En aquella ocasión el retraso del avión sólo me permitió apreciar Dubai de noche en uno de esos tour de 3 horas para ver rápido la ciudad. Esta vez, aunque con más tiempo, me fui a un centro comercial justamente a apreciarla por lo que es famosa, los centros comerciales y por supuesto hacer algo de «shopping de vidrieras» que es algo que no puedo hacer en Dhaka.

¿Qué les puedo decir de Dubai? Es una ciudad occidental pero… árabe. Es como si estuvieran en una ciudad de Estados Unidos, una suerte de Miami, llena de arena y árabes. Y digo esto a propósito. No es una ciudad árabe que parece occidental. Sino lo contrario. Los hombres vestidos con sus batolas blancas y sus pañuelos rojos y blancos en la cabeza, las mujeres cubiertas… a excepción de los millones de forasteros que viven en ella. La cultura local se pierde en la exacerbada occidentalización de edificaciones, facilidades, franquicias, e incluso en la atención al cliente-visitante. No me entiendan mal. Me parece genial lo que han hecho en previsión de la terminación de sus reservas de petróleo en unos años, pero eventualmente, creo que será un rollo cultural para la gente de los emiratos, especialmente el emirato de Dubai – si no lo es ya-, esta mixtura de modos y costumbres con una población fija y flotante de extranjeros que si no recuerdo mal, excede ya a la de los nacionales.

En el centro comercial, la mayoría de las tiendas eran occidentales: Benetton, GAP, Levis, Giordano, Starbucks, McDonalds, Burger Kings, Carrefour, etc. Distintos idiomas dominando la atmósfera sonora, con una predominancia, que me pareció curiosa, del ruso y otras lenguas eslavas. Me llamó la atención una boutique de las túnicas negras o sobretodos negros llamadas abayas que usan las musulmanas, de distintos materiales y con bordados, pedrerías, etc. que me parecieron interesantes y paradójicas, porque son supuestamente para ocultar la coquetería femenina y suprimir las tentaciones a los hombres, pero he aquí que en el recato que deberían hacer ostentar son coquetas también.

Dubai es una ciudad que quiero visitar de nuevo por unos días y caminarla para intentar descubrir su color local original. En el tour nocturno que hice a principios de año, me encantó la entrada del mar en la ciudad que ocasiona como un largo puerto de pequeñas embarcaciones y que lucía prometedora para fotos y recorridos interesantes. De resto la guía del tour (una filipina) se limitaba a decir: ésta es la construcción del edificio que será el más grande del mundo; éste es el centro comercial más grande del mundo; éste es el único hotel de siete estrellas del mundo; ésta es la pista artificial de esquí más grande del mundo, etc., en un paseo que continuamente parecía una hipérbole sin nada relevante que mostrar, hasta el final cuando llegó al primer palacio del Emir y pensé, okay, aquí viene algo bueno… pués no. Luego de haber contemplado tantas cosas más grandes en el mundo, el palacio parecía la casa más perdida y más pequeña en medio de las autopistas y la línea del horizonte poblada de edificios de arquitectura hipermoderna y forrada de cristales.

Eso sí, los edificios son diseñados por los principales arquitectos del mundo. Espectaculares en diseño y estampa. La ciudad está completamente planificada. Cuadriculada a la perfección para tener todos sus servicios como debe ser. Hospitales, escuelas, teatros, oficinas, todos se reparten equilibradamente, así como las áreas de negocios de finanzas, biotecnología, entretenimiento, etc.

Esta vez, aunque estuve sólo en el centro comercial, no dejé de pensar en la paradoja de la boutique de las abayas, porque era como la metáfora de la paradoja de Dubai y las Emiratos Árabes Unidos en general. Luego de convertirse en la atracción comercial, empresarial y turística del Oriente Medio y del Occidente inversor, se adentra comercialmente en el Oeste comprando hoteles, propiedades inmobiliarias, centros comerciales y puertos, para luego ser rechazada por árabe en pocas palabras. El comentario se refiere a las noticias de hace unos días acerca del manejo de los puertos que querían «comprar» y la controversia que se armó en EUA. Por un artículo en la revista Times, me enteré que Dubai maneja uno de los puertos de Venezuela. Cuál, no sé, pero cómo se ha puesto de chiquito el mundo, y qué irritante es para el Occidente cuando la globalización empieza a funcionar de Oriente para allá. En fin. Gente como yo, perteneciente a las ligas inexistentes en los juegos de los poderes del mundo, nos contentamos con comernos un excelente Babaganush en la cena en el hotel con unas aceitunas negras espectaculares y vacilarnos una sentada en el Starbucks del mall al lado de señores con su vestido blanco árabe tradicional tomándose un caramel machiatto de lo más niuyorquinos en pleno Oriente Medio, engolosinándonos con esos contrastes.

Luego de la parada obligada en Dubai, tomé mi vuelo sin contratiempos a Dar es Salaam. Un avión con una población cosmopolita de pasajeros. Mi compañero de vuelo, un coreano, enfrente unas gringuitas con los papás más adelante, atrás unas kenyanas, más allá unos alemanes, luego indios y tanzanos, rusos, y entre ese universo, esta servidora de la tierra del turpial. De repente, se me vino a la mente la serie Lost y empecé a alucinar con la Torre de Babel que sería perderse en un desastre aéreo con estos compañeros de vuelo.

Vista desde el aire de Etiopa

En el avión pude disfrutar de las vistas del cielo por encima de las nubes y más abajo las irregularidades del terreno de Etiopía a donde el Valle del Rift termina menguando.

Aterricé en Dar es Salaam, en un día glorioso de sol y nubes gordotas…

Y hasta aquí dejo el cuento como abreboca, para cuando tenga foticos y tiempo.