Categoría: Viajes

Un gesto para un cambio – Nari Jibon

[Algunos rostros de Nari Jibon – Some of the faces of Nari Jibon]

Este viernes pasado estuve de nuevo en Nari Jibon, continuando con la conversación que iniciara en febrero sobre bloguear y las motivaciones que tenemos para hacerlo. Nari Jibon es un proyecto que busca brindar capacitación alternativa a las mujeres inscritas en él. Y bloguear, aparte de formar parte del currículo, es también la manera de darle voz a las inquietudes de estas mujeres que buscan ser dueñas de su destino y mejorarlo. En esta ocasión, siendo aficionada a la fotografía, pues la conversación versó sobre la utilización de fotos en nuestros blogs, fotoblogueo, y el uso de flickr para ello. A pesar de las limitaciones del idioma, y la timidez inicial creo que hubo comunicación.

Al inicio de la sesión cuando hablamos de bloguear, entre las definiciones que establecieron las asistentes estaban que bloguear es el espejo de la mente y que nos sirve para ejercitar la escritura, que las fotos son para registrar la historia o para expresar cosas que pensamos o sentimos a través de la imagen. Luego entramos en detalles menos divertidos y más «tutoriales» como la manera de establecer una cuenta de flickr, y demás etcéteras pertinentes.

Una de mis definiciones favoritas es que una foto es una memoria. Al principio y final de la sesión tomé fotos, tomé memorias y en cada rostro captado por la cámara uno puede leer una historia. Las mujeres de Nari Jibon tienen la energía vital en ellas. Son la tierra fértil, parte de la promesa de un futuro mejor para todas ellas. En sus rostros y expresiones de reflexión, expectativa e incluso tristeza no dejo de ver sino determinación por alcanzar a ser las únicas propietarias de sus vidas.

De alguna manera, la experiencia vivida el viernes se convirtió para mí en la confirmación de algo en lo que creo firmemente, que basta un gesto para un cambio. Kathryn Ward tuvo el gesto de iniciar Nari jibon. Gracias a ello se abrió una posibilidad insospechada para este grupo de mujeres, la de cambiar sus propias historias.

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A gesture to make a change – Nari Jibon

[Kathy, Kafi Rafiqul llegando para la sesión – Kathy, Kafi Rafiqul arriving to the session]

This last Friday I was again in Nari Jibon, continuing with the conversation initiated last February about blogging and the motivations that we have to do it. Nari Jibon is a project that aims to provide alternative skills to women in Bangladesh. And blogging besides of being part of the curriculum it is also a way to give a voice to the unrest of these women that are looking to be the owners of their destiny and improve it. In this occasion, because of my liking of photography, the conversation was about the usage of photos in our blogs, photoblogging and the use of flickr for it. Despite the limitations of the language, and the initial shyness I believe we communicated.

At the beginning of the session when we talked about blogging, among the definitions established by the participants were that blogging is the mirror of the mind and that allow us to excersize writing, that the photos are for registering history or to express things that we think and feel through images. Afterwards, we entered in details less fun and more «tutorialish» as the way to establish a flickr account, and further pertinent etceteras about it.

One of my favorite definitions is that a photo is a memory. At the beginning and the end of the session I took pictures, I took memories and in each of the faces captured by the camera one can read a story. The women of Nari Jibon have the vital energy in them. They are the fertile soil, part of the promise of a better future for all of them. In their faces and expressions of reflection, expectation or even sadness I don’t see anything else but determination of achieving to be the sole owners of their lives.

In a way, what I experienced last Friday became the confirmation of something in which I believe firmly, that is enough one gesture to make a change. Kathryn Ward had the gesture to initiate Nari Jibon. Thanks to that, an unsuspected possibility for this group of women got opened, the one to change their own stories.

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Crónica Gráfica – Graphical Chronicle

Diferentes momentos de la sesión del viernes. En la gráfica final, Muni nos lee un poema en Bangla. Las fotos fueron tomadas por Taslima Akter.

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Hiperenlaces y encuentros

[Shaina y Shawn]

Kathy resaltó el poder del hiperenlace en su blog a raíz del encuentro del viernes. Gracias a dichos enlaces entre blogs y redes sociales es que Shawn, Shaina y yo estuvimos presentes en Nari Jibon el pasado viernes. Al final de mi intervención, llegó Shawn, del blog The Uncultured Project. Shawn ha dado talleres de videoblog en Nari Jibon y se encuentra en Bangladesh contribuyendo a hacer de este mundo un lugar mejor. Shaina es bangladeshi de origen y estudiante de sociología en Florida, que motivada por lo que leyó en el post How to get involved del blog de Shawn contactó a Kathy y se vino de voluntaria a Nari Jibon desde Estados Unidos a enseñar inglés por un par de meses. A mí me conectó David Sasaki con Kathy, a quien «conocí» través de Luis Carlos de Periodismos de Paz y Global Voices Online. Y así seguro vendrán otros más.

Las amigas – A propósito de una película

Photo by APG Graphics from Pexels

Acabo de salir del cine de ver Sex and the City. Lla verdad es que la serie me encantó y la película pues no está mal, lo que nunca entenderé es porqué dicen que Carrie Bradshaw -y la actriz Sarah Jessica Parker- el personaje protagonista es no sé qué del fashionismo. La mujer a veces parece disfrazada, a veces se ve espectacular, pero a veces combina cosas sin ton ni son y se ve ella toda como un carnaval. En fin, la cosa es que esa serie me gustó (la vi completa en quemaditos de Bangladesh en maratones consecutivos) porque me hacía recordar la época en que salía con mis amigas en Caracas en plan de chismeo y compras, sobre resuelves, novios y luego maridos hace ya mucho tiempo. Extraño eso.

Cuando uno se muda de sitio en sitio totalmente ajenos, se hacen vínculos, a veces muy fuertes con la gente que se conoce también de paso o que luego queda atrás cuando uno se va, pero no hay tiempo de cultivar una memoria de la amistad como se hace con las amigas del alma desde nuestra juventud que pasan a formar parte de una, hermanas, familia, que nos han visto crecer como personas, cometer los errores más estúpidos así como los aciertos más exitosos, y que aunque a veces no nos entiendan por completo, están allí incondicionales.

Hace unos buenos años atrás, un amigo de mi esposo que vive frente a casa de mamá, me preguntó qué cuántas hermanas éramos. Le dije que 4. Se mostró sorprendido, me dijo que pensaba que éramos como 8 o 10 porque siempre que se asomaba al balcón de su apartamento veía un mujerero entrando y saliendo por días. Y sí, somos 4 hermanas con buenas amigas cada una, que pasaban temporadas en casa. Que aún lo hacen porque somos 4 hermanas con una familia extendida de fabulosas amigas que han estado allí para cada una de nosotras que forman parte de nuestra casa, e incluso ya a estas alturas, y luego de tantos años, las amigas de mis hermanas me gusta pensarlas como amigas mías también, parte de todo un cariño expandido y proyectado por la amistad que se ha mantenido por años entre ellas contra viento y marea.

Salí del cine y al llegar al hotel, aquí en Gabarone, no pude evitar sentarme a escribir esto. Mis amigas siempre están en mi pensamiento. A veces imagino qué me dirían por tal o cual cosa que hice, y a veces las tengo demasiado presentes, tanto, que me preocupa que les haya podido pasar algo. Con unas he tenido más contacto que con otras durante todos estos años fuera, pero siempre siempre están en mi afecto. Y siempre siempre estarán. Aquí o allá.

Pequeña crónica de domingo

Este domingo salí del hotel. Me fui al centro comercial próximo, Riverwalk, uno de los 3 o 4 de Gaborone. No alcancé a llegar a la librería a ver qué conseguía para leer. Los comercios cierran a las dos los domingos. Me acababa de terminar Enduring Love de Ian McEwan y la lectura me dejó con ganas de más, con nostalgia por buena literatura contemporánea. Me metí en el cine en alternativa, sorprendida por hallar el estreno de la última de Indiana Jones. Dos horas después, salgo del cine satisfecha y emprendo camino a pie de vuelta al hotel.

Gaborone es casi un pequeño pueblo. Las urbanizaciones, los hoteles, los centros comerciales están como en medio del monte, lo que da sensaciones de amplitud y solitud que favorecen la mirada introspectiva, la concentración en la unicidad -valga la redundancia- de uno.

Aprovecho la luz del atardecer de cristal. Se siente de cristal por lo prístino de la tarde. La atmósfera está limpia, la temperatura friita, la luz acaramelada. Todo se presta para una caminata de reflexión, de sentirme en comunión con lo que me rodea, de paz. Gaborone es quizás la única ciudad de mis viajes de estos años que me inspira esta quietud interior. Es una ciudad para los silencios. Y el resto de lo que he visto de Botswana es igual. Okavango en su protegida virginidad es el remanso que tanto extraño que aún es posible en Venezuela en los llanos o la Gran Sabana o los Andes. Somos privilegiados en nuestra tierra y no lo sabemos.

Camino y me detengo aquí y allá a tomar algunas fotos de los horizontes con los que me topo en contraluz. Me siento afortunada y despreocupada por unos minutos. Minutos que voy reuniendo en la memoria y que hacen llevables el resto de las horas de la vida.