Categoría: Divagaciones

En Gaborone

Llegué hace dos días, luego de unos 4 en Singapur.

Apenas me estoy adaptando a la nueva rutina y al hotel. Tengo mucho que escribir acá pero la motivación la cargo en cero. A ver si me animo en las próximas horas y/o días.

Insomnio

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Ando bastante caótica. No duermo bien. Pocas horas de noche, otras pocas de día. Me duermo como a las 12 de la noche y me levanto entre 3 y 5 de la madrugada con los ojos doliéndome de sueño pero sin que la voluntad me permita descansar. Es una ansiedad extraña. Como si no me quedara tiempo para hacer las cosas, cualesquiera que estas sean. Y aquí estoy viendo la luz del día desvanecerse a través de la cortina de mi estudio, anunciándome de nuevo otra noche en la cual no sé si despertaré en medio de delirios oníricos inverosímiles (que olvidaré en un segundo) o si el cansancio me terminará de vencer y hará que mi cuerpo y mi mente se dejen arropar por las cobijas. No sé, si de nuevo, esta noche me atajará el amanecer sentada en este escritorio tratando de matar un tiempo que no se deja.

Que este crimen no quede impune

En Venezuela uno siempre se pregunta cuando le tocará la «lotería» del atraco, el secuestro y/o la muerte. Hay poca gente en Venezuela que puede decir que no le han asaltado o por lo menos a algún familiar o amigo.

Yéndome el 15 de enero me entero de que a un familiar cercano le hicieron un secuestro express en las Mercedes al que sobrevivió gracias a alguna extraña fortuna, porque apenas unos días después aparece la noticia del asesinato del profesor Antonio Francés luego de haber sido secuestrado y torturado. Hace poco menos de un año asesinaron al mejor amigo de uno de mis cuñados. El caso fue cerrado sin resolver. Hace quizás un par de meses Romrod fue asaltado dentro de casa con sus niños y esposa. Hoy tratando de ponerme al día con algunos blogs, leo que al primo de Afrael lo han asesinado unos policías y que tratan de encubrir el crimen acusándolo de narco, etc. y sembrándole toda clase de cosas en su vehículo luego de caerle a tiros, cuando era un padre de familia de 3 niños, dedicado a echar a su familia adelante. Enumero esto sólo para ilustrar el punto de lo cercano que pueden estar estos hechos a uno. También están los otros que no están cerca sino en la crónica de sucesos del periódico, o que nos lo cuentan amigos de las víctimas, pero que nos atañen a todos por igual porque todos somos también posibles víctimas.

Uno no termina de entender porqué estas cosas pasan, porqué la ley pareciera no existir, porqué la vida ha perdido valor en Venezuela. Uno ya no ve diferencia entre policía o delincuente y le teme a ambos por igual. Uno sencillamente apela a la «suerte» de que nada perturbe la burbuja de cristal que trata de construir para sí y su familia en búsqueda de la felicidad sencilla y simple. Pero cuando ésta es perturbada siempre es de forma traumática y a veces irrecuperable.

Ojalá se esclarezca el caso y se castigue a los culpables. Afrael esta haciendo todo el ruido posible desde su blog y creo que es de extrema importancia hacerle eco. Debemos entender que tenemos derecho a la vida y a que nadie nos la arrebate y el garante de ese derecho debe ser el estado a través de un sistema de justicia y una policía respetables y eficientes.

Nos preocupamos demasiado por diatribas políticas estúpidas y frecuentemente insustanciales y entretanto miles de familias en Venezuela pierden a sus seres queridos a manos del crimen cada año. Nuestras perspectivas de las cosas están equivocadas. Creo que, en general, no importa qué gobierno se tenga, la agenda ciudadana no puede ser meramente ideológica, ni política, sino de sentido común de lo que se necesita y hoy más que nunca Venezuela necesita que se le haga justicia a las víctimas del crimen. A los que sobreviven y a los que no.

Pedir justicia no es pedir demasiado, es sencillamente reclamar lo que debería ser normal en cualquier país donde el respeto a la vida y al ciudadano sea un valor. Empecemos por pedir que este crimen no quede impune como tantos otros, apelar a la decencia humana de quienes estoy segura aún trabajan en el sistema de justicia para hacerla prevalecer. La muerte de Pericles José Ortiz Calles no se puede remediar, pero sí se puede remediar el hecho de que sus hijos estén condenados a crecer sintiendo que este país no les considera como seres humanos dignos, que su padre les fue arrebatado sin sentido, con ensañamiento de violencia y que al sistema no le importa, que a nadie le pareciera relevante que eso haya ocurrido y que además tengan que verse enfrentados al miedo de la amenaza, a la persecución y el vilipendio del nombre de su padre.

La única manera de vencer la abulia y la resignación ante estos hechos es reaccionar contra ellos con nuestra voz e indignación, reclamando justicia para que la pueda haber. Si no lo hacemos, las cosas seguirán siempre como están.

A la familia de Afrael, la viuda de su primo y sus hijos toda nuestra solidaridad.

En ruta de nuevo al volver a Bangladesh…

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El Ávila al atardecer

Tuve un periplo de 5 días entre que salí de Venezuela y volví a Bangladesh. 4 continentes en 5 días. América, Europa, África y Asia. Aún ando pagando las consecuencias de jet lag y cansancio, pero bien valió la pena visitar a la familia, ver los colores de El Ávila de nuevo y caminarme alguito Caracas para confirmarme porqué a pesar de todo la amo. Caracas es como la familia, que la sigues queriendo aunque te trate mal.

Hubo encuentros con amigos blogueros. Nos «rascamos las orejas» entre varios, esta vez en vivo y directo, con cafés, tés y cervezas de por medio. Hubo despedidas también. Por una triste fortuna, dos días antes de irme, pude acercarme a decirle adiós a Adriano. Esto último le dio mayor melancolía a mi partida, porque irremediablemente los afectos se van, se desvanecen con la distancia y el tiempo mientras uno se engaña pensando que todo seguirá igual como uno lo dejó. El regreso hace notar con amargura que el café del Gran café ya no es el mismo, aturdido de crema con pepitas de colores en ella, que el bulevar ha perdido fachadas ante los avisos comerciales, que el centro ya no es el mismo, que ahora hay casas y edificios fantasmas por doquier, basura donde no la había, vandalismo desatado de grafiteros, avisos políticos rojos rojitos bien iluminados… otra Caracas dentro de la que es nuestra y añoramos.

En ese casi mes y medio en Venezuela, no escribí nada acá. Y una y otra vez me pregunté si tendría sentido seguir… porque la ruta de repente se me perdió entre tanto rollo político. Pero soy obstinada y terca. No he alcanzado ese punto de estar completamente contenta con el blog, de haberlo desarrollado como quisiera así que seguiré un rato más y posiblemente destierre la política a otro espacio donde le dé toda la atención que también me ocupa. Pero igual veremos que pasa. Todo puede cambiar y de hecho lo hace.

No tengo propósitos concretos para este año. No los tengo desde hace varios porque en mi vida siempre los cambios aparecen de forma inesperada y subrepticia, no sólo en las geografías dónde me encuentro, sino en los caprichosos climas interiores.

Tengo demasiadas entradas pendientes. Fotos que subir al flickr, etc…